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25 años de una Constitución en movimiento

Mauricio Albarracín
julio 6, 2016

Publicado en: El Espectador

Nací en los años ochenta cuando regía la Constitución de 1886, aquella hecha “en nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad”.

 

Pero he vivido la mayor parte de mi vida bajo la Constitución de 1991. Mi generación fue de transición constitucional. Tuvimos que ver la resistencia a los derechos y a las instituciones por parte de los sectores que querían devolvernos al pasado. Los nacidos en las siguientes décadas son nativos constitucionales, así como son nativos digitales.

El lunes pasado se conmemoraron 25 años de la Constitución de 1991, una constitución que ha estado en movimiento desde la Asamblea Nacional Constituyente hasta hoy. Se mueve en las calles y en los corazones. Como escribí en una columna anterior sobre el matrimonio igualitario, las palabras de la Constitución son sueños colectivos que cada generación interpreta y moviliza, siempre es una constitución viviente.

La Constitución de 1991 son las más de 5 millones de acciones de tutela que los ciudadanos han interpuesto en un cuarto de siglo, son todas las historias de injusticia que cuentan esos expedientes: el dolor de un familiar que no puede acceder a algún medicamento o procedimiento, el preso que, siendo culpable, vive sin dignidad, la madre comunitaria a quien no se le reconoce como trabajadora, el pensionado a quien no le reconocen los derechos después de toda una vida de entrega. En una marcha por la salud, leí una pancarta que decía: “tutela: gracias a ti estamos vivos”. Creo que la tutela revitalizó nuestra democracia y fue un “instrumento de paz”, como dijo maravillosamente Carlos Gaviria.

La ciudadanía de un país desigual y violento encontró en los derechos constitucionales un lenguaje para darle nombre a la injusticia. Pero no sólo eso, en la tutela encontró una herramienta bien diseñada que permitió tener pronta y cumplida justicia en un país donde el derecho era indiferente. Los jueces constitucionales, en particular los de la Corte Constitucional, no fueron indiferentes. Entendieron que debían hacer cumplir la Constitución y la pusieron al servicio de la gente.

Una buena gramática, la creación de herramientas para defender directamente los derechos y la energía política de un país que se resiste, hiceron que la Constitución fuera leída e interpretada por la ciudadanía y los movimientos sociales. Porque toda interpretación es una lucha política por el significado: es la búsqueda de una transformación por nuevos sentidos en la vida. Es por eso que en Colombia, los movimientos sociales se han apropiado de la Constitución para abrir un nuevo espacio de lucha política y social a través del derecho constitucional.

Humberto de la Calle ha dicho en varias oportunidades que el proceso de paz cierra el ciclo de la Constitución de 1991. ¿Será posible que la Constitución cumpla el sueño de la paz de hace 25 años? Es innegable que la Constitución está viva y ha establecido un imperio de los derechos. Pero necesitamos revitalizar nuestra democracia silenciando los fusiles, construyendo la reconciliación, fortaleciendo la participación y erradicando la desigualdad. Y es aquí precisamente donde los nativos constitucionales tienen el gran reto de usar la creatividad para hacer posible la esperanza.

 

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