Las mujeres en Colombia dedican más de 7 horas diarias al trabajo del hogar (casi una jornada completa).

Las mujeres en Colombia dedican más de 7 horas diarias al trabajo del hogar (casi una jornada completa). | EFE/ Esteban Biba

4 preguntas (y algunas respuestas) para entender la desigualdad de las mujeres en la cuarentena

La violencia intrafamiliar, la sobrecarga en el trabajo de cuidado y la incertidumbre por los trabajos precarizados son algunos de los problemas que se acentúan con la pandemia.

Por: Dejusticiamarzo 27, 2020

Desde que la cuarentena se posicionó como la principal medida de contención del COVID-19 en el mundo, se han vuelto frecuentes los artículos con ideas, planes e historias inspiradoras para aprovechar el tiempo en la casa. Los cursos en línea, las rutinas de ejercicio y las historias de cómo Newton y Shakespeare crearon sus obras en medio de una cuarentena nos invitan a ser nuestra mejor versión en medio del apocalipsis. 

Pero ¿qué queda para las mujeres maltratadas por sus parejas, para las que deben seguir trabajando y al mismo tiempo cuidar de sus hijos 24/7 y para las trabajadoras domésticas que perderán sus salarios? ¿Podrán ellas cambiar el mundo desde la sala de su casa? Durante el webinar ‘Mujeres en cuarentena’, tres expertas analizaron estas realidades y presentaron propuestas para, desde el Estado y desde la cotidianidad, evitar que el confinamiento se convierta en una pesadilla para ellas. 

Estas son algunas de las ideas que dejó la conversación entre Ángela María Robledo, Ana Isabel Arenas y Alejandra Trujillo, integrantes de la Mesa de Economía del Cuidado; con Nina Chaparro, coordinadora de Género en Dejusticia.

1. ¿Qué puede hacer el Estado para evitar que crezca la violencia contra las mujeres? 

Primero, algunos datos: 

Previendo que la violencia intrafamiliar podía aumentar con el encierro, varias entidades locales y nacionales han habilitado líneas telefónicas para que las mujeres denuncien y busquen apoyo: La 155 de la Consejería para la Equidad de la Mujer, la Línea Púrpura 018000112137, o el correo de la Defensoría del Pueblo [email protected]. Además, las Comisarías de Familia siguen atendiendo y sus funcionarios están dispuestos a visitar los hogares de ser necesario. 

Sobre este tema, la congresista Ángela María Robledo hizo una crítica a la condición que exige la Alcaldía de Bogotá para entregar subsidios a las familias más pobres: que no haya violencia intrafamiliar. Si bien la alcaldesa Claudia López señaló que este castigo sería solo para los agresores y no para las familias, Robledo cree que “es un error gigantesco porque entonces ¿cuál va a ser el apoyo para que las mujeres se arriesguen a tomar el teléfono y decir qué está pasando en casa?”. 

2. ¿Cómo evitar que las labores adicionales de cuidado sobrecarguen a las mujeres?

Las cifras:

  • En Latinoamérica las mujeres se encargan del 73% del trabajo doméstico no remunerado. 
  • Las mujeres en Colombia dedican más de 7 horas diarias al trabajo del hogar (casi una jornada completa), mientras que el tiempo promedio de los hombres es de 3 horas, según la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo.
  • El trabajo no remunerado del hogar equivale a unos $185 billones al año (el 20% del PIB). 

El confinamiento lleva a que el trabajo dentro del hogar se triplique, pues ahora “quedan en las manos de madres y padres las labores de educación, entretenimiento y deporte de los hijos e hijas, sumado a las tareas ordinarias de la casa”, como explicó Nina Chaparro. Y abrió una pregunta: ¿Es conveniente que el Estado se meta en estas cuatro paredes y cree medidas para redistribuir las cargas que suelen recaer sobre las mujeres?

Para Alejandra Trujillo, coordinadora de proyectos de Fescol, la respuesta es sí, y propone la herramienta jurídica para hacerlo: “La Ley 1857 de 2007 permite que los trabajadores y trabajadoras con responsabilidades familiares adecúen sus horarios. Hoy, más que nunca, es necesaria una jornada flexible”. Además de la necesidad de que las empresas entiendan esto, hizo un llamado a que dentro de los hogares se redistribuya el trabajo entre todos los miembros de la familia. 

Para lograr estos cambios estructurales, la economista Ana Isabel Arenas propone campañas de comunicación que lleven a la ciudadanía a entender que “ese trabajo al interior del hogar no es una cuestión biológica de las mujeres, que no nacemos barriendo y trapeando”. Y se pregunta, en medio de todo esto, ¿quién aplaude a las mujeres por el trabajo del hogar?

Arenas también plantea retomar la necesidad de tener un sistema nacional de cuidado que redistribuya y reconozca este peso que tienen las mujeres, involucrando a los hombres y al Estado.

3.  ¿Qué medidas puede desarrollar el Estado para asegurar a las trabajadoras domésticas un mínimo vital?

Las cifras:

  • Las trabajadoras domésticas son en su mayoría madres cabeza de familia, con salarios por debajo del mínimo, sin protección social. El 12% sobrepasa los 60 años. 
  • El 77% de las trabajadoras domésticas recibe pago en especie (como alimentación en los hogares de los empleadores).

Frente a este tema, muchas de las respuestas están en los empleadores. Lo primero que recuerda Alejandra Trujillo es el grave riesgo de obligarlas a trabajar y exponerlas al contagio del virus; lo segundo, el deber de seguir pagando sus salarios. De nuevo presenta el sustento jurídico para eso: “El Código Sustantivo del Trabajo establece que si el empleado no puede trabajar por razones que no dependen de este, puede mantenerse el pago del salario”. También hace un llamado al Ministerio de Trabajo para que escuche a los sindicatos de trabajadoras domésticas y cree medidas que les permitan garantizar sus ingresos.

Ana Isabel Arenas propone alternativas económicas para garantizar los derechos básicos de estas mujeres, como la pensión universal, el seguro al desempleo y una renta básica que empiece priorizando a las poblaciones que más lo necesitan.

4. ¿Cómo impedir que esta pandemia ponga en riesgo los derechos ganados por las mujeres?

Esta pregunta aparece en medio de un panorama en el que algunos derechos ya empiezan a parecer más importantes que otros. Las respuestas, una mezcla de esperanza y temor:

Ana Isabel Arenas: “Yo sí creo que vamos a salir con un país distinto, pero me da miedo ese distinto. No veo al mundo moviéndose por la igualdad de derechos. A las feministas sí, pero no a los estados ni a la sociedad”.

Alejandra Trujillo: “Es evidente que el modelo neoliberal requiere una transformación profunda y feminismo se convierte en un vehículo para buscarla. Hoy más que nunca es evidente la importancia del cuidado”.

Ángela María Robledo: “Lo veo como una oportunidad porque esta pandemia está pasando por nuestros cuerpos, por nuestras prácticas más cotidianas y las mujeres sabemos de la enorme potencia que tiene lo cotidiano para construir. Creo con esperanza que habrá transformaciones cotidianas, que puede emerger un mundo menos depredador, menos violento y centrarnos en el cuidado de la vida”. 

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