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¿A mi que me esculquen?

Vivian Newman Pont
junio 5, 2014

Publicado en: La Silla Vacia

Mañana 5 de junio se cumple el aniversario de las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje de Obama, al tiempo que los muchos años que en nuestro país se chuza para reinar. Hay quienes se ruborizan con la chuzadera, pero ¿por qué tanto escándalo por unos jóvenes tecnólogos que aliados con líderes quieren crear una sociedad donde no haya nada que ocultar?

 

Hace un año, ese muchacho de chiverita, excontratista de la agencia de seguridad nacional gringa, hizo hasta lo imposible por volverse famoso. Ahora vive en Rusia, el pobre. Yo sé que su intención era contarnos que el gobierno de Obama estaba espiando a todo el mundo. Pero ya Obama aclaró: no era a todo el mundo, sólo a los extranjeros. Además, el presidente del país que nos enseñó el macartismo lo hizo para librar a sus conciudadanos del peso del terror, y de paso saber qué hacían algunos de sus competidores como Brasil y Alemania. En fin, era necesario y hay que seguir el ejemplo.

A mí, con estos tiempos que corren, las chuzadas no me preocupan. Me he dejado contagiar: me encanta que lo mío lo sepa todo el mundo. Me enfermo de placer cuando las agentes de seguridad me esculcan en los aeropuertos, buscando hasta en el más recóndito repliegue. Me fascina que me vigilen. Que haya puertas traseras en quienes proveen servicios de internet, para dar acceso a terceros sobre mis datos cuando se necesite. Que sepan dónde estoy siempre, por el GPS de mi celular. Que registren todas las llamadas importantes que hago y recibo. Y si quieren, que oigan lo inteligente y simpaticona que soy cuando converso.

He tratado de buscar en internet cuál puede ser el gran problema en implementar esta tecnología de punta. Y encontré que este año en Kiev, las personas que se estaban manifestando en contra del régimen en una plaza, recibieron un mensaje en su celular: “Estimado suscriptor, usted está registrado como participante de unos disturbios masivos”. Y no entiendo porqué, pero tanto el gobierno de Ucrania como las empresas proveedoras del servicio de telefonía negaron cualquier relación con el hecho. Es claro que hay tecnologías para explorar las redes sociales, definir cuáles son los celulares que están en un sitio o hacer monitoreo del espectro para obtener esta información y enviar luego mensajes a los teléfonos ¡Qué bonito! Y en Colombia no sería rollo, porque el monitoreo del espectro es legal según la ley de inteligencia.

Todo parece indicar que asuntos como la vigilancia que garantizó los 17 años de paz chilena durante la dictadura de Pinochet, se puedan ahora multiplicar en miles de ojos desconfiados. Además, con esa vigilancia, la gente deja su malgenio y no se queja, ni protesta. Es un buen método para alinear y poner en evidencia a todo el mundo. ¿Por qué carajos se van a esconder? El que nada debe, nada teme. Pronto se sabrá quiénes protestan, quiénes se reúnen en privado para conspirar, qué piensan las personas que no están conformes. En fin. Si Simón Trinidad pudo hacer de las suyas con todos los datos de los clientes del Banco del Comercio de Valledupar que se llevó para el monte, ¿por qué el gobierno no puede saber de los pasos de sus ciudadanos?

¿Que cuál gobierno? Pues el que parece avecinarse: el único cuya votación aumenta cuando la gente se entera que están chuzando. Además, es el que ha demostrado la importancia de estar enterados de todo lo que hacen los demás. El que desde hace rato se ha visto implicado en escuchas a magistrados, periodistas y opositores políticos, que son necesarias para conocer y perseguir a la diferencia. Es el único que no parece distinguir cuándo una información de seguridad militar (como pueden ser las coordenadas donde se encuentra un guerrillero que va a negociar la paz) debe o no revelarse. Es el que parece reconocer la importancia de contratar crackers para sabotear y ganar la contienda electoral. Y no creen en eso de que al poder hay que ponerle límites. Lo que quieren es protegernos de una paz mal negociada.

Al diablo la intimidad, la inviolabilidad de correspondencia, la autonomía, las libertades de expresión, de asociación y de protesta. Eso que dicen los juristas y los sociólogos, que es necesario no sentirse espiado para poder tener autodeterminación, creatividad y desarrollo de la personalidad, es mentira. Es un invento para que no nos dejemos espiar, pues la única forma de protegernos es cediendo nuestra individualidad. No se diga más: ¡a demostrar en las urnas que queremos un futuro chuzado y bajo control! Pero después, no nos quejemos.

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