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¿A quién vigilar?

Danilo Rojas Betancourth (socio inactivo)
septiembre 15, 2007

Publicado en: Semana

Danilo Rojas de DeJusticia* sugiere que en la próximas elecciones regionales se asegure un buen control político y técnico a los gobernantes elegidos

 

?Es razonable adoptar, en política, el principio de estar preparados para lo peor, tanto como podamos, aunque, al mismo tiempo, tratemos de obtener lo mejor en este aspecto?. Karl Popper

Ahora que se avecina la contienda electoral y que nuestra democracia regional intenta renovarse por cuatro años más, surge la pregunta obligada acerca de por quién votar. La respuesta ?correcta? a esta pregunta supone al menos dos cosas: que hay más de un candidato para escoger y que los votantes poseen un mínimo de libertad para hacerlo. Como en Colombia no se cumple a cabalidad ninguno de estos supuestos, la pregunta debe ser otra: ¿a qué gobernante debemos vigilar? La carga negativa que para cualquier democracia tiene este tipo de pregunta en un contexto de fiesta electoral, no debe desestimar la pertinencia de su examen.

Las conocidas respuestas de votar por el ?mejor?, el ?más conocedor?, el ?más sabio?, el ?más responsable?, el ?menos malo?, el que ?defienda nuestros intereses?, el ?más demócrata?, esto es, el ?menos autoritario?; o incluso una respuesta más sustancial como votar ?por el mejor programa de gobierno?, o lo que es lo mismo por ?el que haga mejores propuestas? o ?el menos demagógico?, esto es, ?el que haga propuestas realizables? por lo menos en cuatro años de gobierno, todas ellas, han sido o son susceptibles de ser desvirtuadas por la llamada (i) paradoja de la democracia y, especialmente, (ii) por nuestras prácticas políticas.

Lo primero porque en un sistema democrático se puede plantear la posibilidad de que el pueblo decida que el sabio, o el bueno, o cualquiera, se quede para siempre en el poder, y de allí al autoritarismo sólo hay un paso. Y lo segundo porque basta pensar en sucesos recientes como las investigaciones penales que están afrontando muchos de los actuales alcaldes, o la alarma prendida por la Procuraduría General de la Nación acerca de las inhabilidades de muchos aspirantes en la próxima jornada electoral, o las candidaturas únicas, entre otras perlas.

De allí la pertinencia de cambiar la pregunta de por quién votar a la pregunta a quién vigilar. El cambio de interrogante es válido si asumimos que la democracia no solo tiene como desideratum el gobierno de las mayorías, sino también la pretensión de escoger al mejor ?gobernante o programa?. Con ello no se está proponiendo nada nuevo, sino simplemente llamando la atención sobre algo que se olvida frecuentemente y es que la mejor forma de contribuir a la sapiencia o bondad del candidato y futuro gobernante o al cumplimiento de sus promesas ?léase de su programa de gobierno? es fortaleciendo las instituciones que tienen como principal rol el equilibrio y control del poder.

Organismos como la Procuraduría, la Contraloría o la Defensoría son las primeras instituciones en las que se piensa cuando se trata de ejercer control a gobernantes. Sin embargo su labor debe complementarse con aquella que ejercen los concejos municipales/distritales y las asambleas departamentales que son los verdaderos organismos de control político y democrático de los gobernantes locales, sumado al importante trabajo técnico que desempeñan los consejos territoriales de planeación, cuya composición plural ?banqueros, industriales, profesores, campesinos, madres comunitarias, indígenas, afrodescendientes, entre otros? es una garantía de participación en la toma de decisiones que los afectan.

Si el rol principal del gobernante local es hacer una oferta generalizada de servicios ?políticas públicas?, especialmente a partir de una demanda ciudadana, la labor que en este punto desempeñan los organismos antes mencionados a la hora de formular y aprobar el plan de desarrollo correspondiente, es particularmente determinante.

Como no se puede descartar que gobernante y controles se traslapen y se presenten como una sola cosa ?como suele ocurrir cuando la mayoría del concejo municipal o la asamblea departamental son de la misma bandera política del gobernante local? , la pregunta sobre a quién vigilar deviene en la pregunta cómo vigilar. Una respuesta posible llevaría a este consejo: vote por el alcalde o gobernador a quien usted prefiere vigilar y asegure su vigilancia votando por un concejo y una asamblea del bando contrario.

Parece un remedio raro, pero creo que necesario, tomando en consideración nuestras prácticas políticas. Un contra argumento de la propuesta sería que la democracia no puede reducirse a un sistema de controles, a lo cual se puede responder que el control que se pretende fortalecer también es democrático y que, sobre todo, hay que prepararse (institucionalmente) para lo peor, como señala Popper.

Se trata, en suma, de sacrificar un poco de gobernabilidad ?sobre todo cuando ésta se asocia a la conformación de un solo mando político entre alcalde y concejo o gobernador y asamblea? para darle más espacio al control del gobernante por parte de órganos igualmente democráticos ?sobre todo si este control se asocia con el derecho a la participación ciudadana?.

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