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Aclaraciones para la paz

Rodrigo Uprimny Yepes
octubre 9, 2016

Publicado en: El Espectador

Si el resultado del plebiscito hubiera sido inverso y el Sí hubiera ganado por un estrecho margen, en todo caso la implementación del acuerdo hubiera sido políticamente muy difícil, pues tendríamos una situación política semejante a la de hoy: un empate técnico entre el Sí y el No, mezclado con una gran abstención y una diversidad geográfica y social enorme en la votación. 

 

Nadie hubiera podido en esa hipótesis reclamar un triunfo político claro, como tampoco nadie puede hacerlo ahora: somos un país polarizado entre los ciudadanos más activos, frente a una gran mayoría de ciudadanos silenciosos, que son apáticos o están desconcertados.

 

La paradoja es que, a pesar de esa mezcla de polarización e indiferencia, los colombianos tenemos por primera vez en muchos años un propósito común generoso: todos queremos salir de la guerra por medio de una paz negociada.

 

La situación es paradójica pues compartimos un propósito generoso (la paz negociada) pero estamos rabiosamente polarizados sobre el instrumento (el acuerdo alcanzado). La única forma de salir positivamente de esa paradoja es que logremos un pacto político y social, que otorgue el mayor apoyo social y político al acuerdo de paz, para que podamos implementarlo.

 

No hay garantía de que lo logremos pues la polarización es grande, pero hay esperanza: la movilización ciudadana por la paz está imponiendo presión a los líderes políticos para concretar ese pacto rápidamente, lo cual es crucial; y además los disensos distan de ser insuperables. Es más: estoy convencido de que muchas de las divisiones derivan de ambigüedades del acuerdo, que fueron interpretadas en diversa forma por los promotores del Sí (que buscamos la mejor interpretación posible) y los del No (que optaron por el entendimiento menos favorable).

 

Un ejemplo: la sanción de restricción de la libertad con penas restaurativas no está totalmente definida en el acuerdo. Los promotores del No la presentaron en su peor forma, con lo cual las sanciones se tornaban ridículas, mientras que quienes defendimos el Sí argumentamos que el tribunal de paz las iba a implementar con rigor y seriedad, con lo cual se tornaban sanciones rigurosas. Y lo mismo sucedió con otros temas, como las circunscripciones territoriales especiales o la supuesta “ideología de género” del acuerdo.

 

Un paso importante para superar el impasse en que estamos debería ser entonces que los promotores del No señalen en forma rápida y específica sus reparos y que así pueda verse si estos derivan de ambigüedades del acuerdo. Esas ambigüedades podrían entonces ser aclaradas. Por ejemplo, podría aclararse el alcance de las circunscripciones especiales o que una cosa es el enfoque de género, que busca proteger a las mujeres y a minorías sexuales discriminadas, pero que es muy distinto de la supuesta “ideología de género” que algunos atribuyen al acuerdo. Y así sabríamos qué requiere realmente ajuste y qué fue fruto de manipulaciones o equívocos que pueden ser aclarados para tranquilidad de todos.

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