Amazon: gracias por la crisis de los libros de papel

Por: César Rodríguez Garavitofebrero 23, 2009

HOY LES DIGO ADIÓS A LOS LIBROS DE papel. Y apuesto a que ustedes ya dieron ese paso o lo darán de aquí a cinco o diez años.


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HOY LES DIGO ADIÓS A LOS LIBROS DE papel. Y apuesto a que ustedes ya dieron ese paso o lo darán de aquí a cinco o diez años.

Todo porque hoy Amazon, la tienda virtual, saca a la venta lo que estábamos esperando lectores de todo el mundo: un libro electrónico mejorado (el Kindle 2) que es más liviano que un libro de bolsillo, puede guardar una biblioteca entera y permite descargar obras por computador o por la red de celular en segundos. Por si eso fuera poco, el aparatico facilita todo lo que uno hace con los libros impresos (hacer anotaciones, subrayar, resaltar, etc.), permite leer todo tipo de texto (revistas, periódicos o archivos PDF o Word) y lee en voz alta los textos para comodidad del lector ocupado o agotado. ¿Qué tal?

Pero el nuevo Kindle tiene una importancia más profunda: significa la crisis del libro de papel. Con ella, entra en coma todo el modelo de escritura, lectura y difusión que surgió de la imprenta hace 570 años. Aquel modelo de ir a las librerías a ver qué ha llegado, de pasearse por los anaqueles de las bibliotecas para encontrar un título o de fotocopiar libros enteros porque son caros o porque es más cómodo. En fin: el modelo que implica ganarse una escoliosis por cargar ladrillos en las maletas y sacrificar espacio precioso de un apartamento para acomodar “la biblioteca”.

Veo venir las críticas de los nostálgicos: que no hay nada como sentir el olor de la tinta sobre el papel, que hay que conservar las librerías porque son centros culturales, etc. O de los que descreen del nuevo modelo porque la mayoría de libros aún son hechos en papel o porque, por ahora, algunas funciones del Kindle sirven sólo en EE.UU.

Los nostálgicos, por definición, tienen memoria selectiva. Por eso olvidan las desventajas profundas de los libros de sus añoranzas: los millones de árboles talados para hacer papel, la dificultad de los autores para publicar, lo costoso que es hacer un libro convencional, la cultura de la fotocopia o el lío de cargar los benditos libros.

A los incrédulos les recuerdo lo que pasó con la música en la última década. Las ventas de CD siguen en caída libre mientras que se disparan las de música digital. Hoy nadie va a las “discotiendas” (la palabra “librería” sonará igual de anticuada en 10 o 20 años) y los melómanos pasan horas comprando canciones en iTunes, bajándolas ilegalmente o intercambiándolas en sitios virtuales especializados (los llamados “P2P”).

Pues bien: no hay nada que diferencie a los libros de las canciones. Por eso el futuro del libro será el de la música. Así que lo mejor es que todos nos hagamos a la idea: lectores, autores, editores, libreros y bibliotecarios, gremios a los que pertenecen las personas que más aprecio y admiro.

Si usted es lector y tiene los medios, haga cuentas, cómprese un Kindle y dedíquese a extraer títulos a precios reducidos y a intercambiar libros y opiniones con otros lectores en sitios P2P. Si es autor, procure que sus textos estén disponibles en formato electrónico. Yo, por mi parte, intentaré que todo lo que escriba esté disponible gratis o a un precio muy bajo en internet, y que en un futuro pueda ser leído por el Kindle.

Y las editoriales tendrán que reinventarse, como lo hicieron las disqueras. Va una idea: ¿no sería más rentable competir con las fotocopiadoras cobrando $10.000 por la descarga de un libro en internet (es decir, lo que cuesta la fotocopia) o cobrar $3.000 por un capítulo, que tener que vender el mismo libro impreso por $100.000 en un país donde eso es el 20% del salario mínimo?

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