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Árbitros tuertos

Mauricio García Villegas
julio 2, 2010

Publicado en: El Espectador

SUPONGAMOS QUE A SU HIJO LE COrresponde jugar en la final de un campeonato intercolegial de fútbol y que cuando todo está listo para empezar, usted se entera de que al árbitro le falta un ojo. ¿Cómo reacciona usted?

 

SUPONGAMOS QUE A SU HIJO LE COrresponde jugar en la final de un campeonato intercolegial de fútbol y que cuando todo está listo para empezar, usted se entera de que al árbitro le falta un ojo. ¿Cómo reacciona usted?

¿Piensa que la limitación física del árbitro es algo bueno porque aumentará la incertidumbre del resultado y por eso le da más emoción y adrenalina al encuentro?, o por el contrario, ¿cree que ello malogra la calidad del juego y atenta contra el principio de justicia deportiva que manda premiar a los mejores? El caso parece extraño, pero no lo es. En el actual campeonato mundial de fútbol de Sudáfrica sucede algo muy parecido.

Los árbitros del Mundial no son tuertos, claro; pero es como si lo fueran, pues su visión es más limitada que la de los millones de espectadores que están viendo el torneo por una pantalla de televisión. En cada uno de los estadios de Sudáfrica hay instaladas 29 cámaras que captan imágenes desde todos los ángulos posibles de la jugada y permiten la repetición, en cámara lenta, de todo lo que sucede en el encuentro. El árbitro del partido y los jueces de línea, en cambio, sólo cuentan con sus ojos y no tienen la posibilidad de revisar lo que vieron. Resultado: se cometen errores garrafales, como el gol que le hizo Alemania a Inglaterra el domingo pasado y que no fue visto por el árbitro uruguayo Jorge Larrionda. O el gol en clarísimo fuera de lugar que Carlos Tévez, de Argentina, le hizo a México. Claro que este no es el único Mundial en el que los árbitros cometen errores, pero sí es el Mundial en donde los errores son más visibles, y ello por la sencilla razón de que los árbitros ven menos, o lo que es igual, los espectadores ven más.

Por eso cada vez son más los hinchas, los jugadores y los comentaristas de fútbol que piden que se acabe, por absurda, la situación actual en donde el árbitro, que debería ver y saber más que los espectadores, ve y sabe menos que ellos. La solución es simple: basta con que el árbitro tenga un asistente, ubicado al frente de una pantalla de televisión, para que lo corrija, sobre todo en casos de gol y de expulsiones, cuando va a tomar una decisión equivocada. En muchos otros deportes, como el tenis, por ejemplo, se ha adoptado esta medida y todo funciona mejor.

Pero los señores de la Fifa se oponen a la introducción de estos cambios con el argumento de que ello podría afectar la naturaleza del juego. Pero, me pregunto, ¿acaso hay algo que atente más contra la naturaleza del fútbol que la sustitución del mérito por el azar; es decir, de la justicia por la suerte? Ganar un partido con un gol que no fue gol y que todo el mundo sabe que no lo fue ¿no es acaso convertir el fútbol, que es un deporte en el que se supone que gana el mejor, en algo parecido a un juego de azar, en donde gana el que más suerte tiene?

La mayoría de los espectadores, como lo muestran las encuestas, piensa que sí; que hay que acabar con la ceguera parcial de los jueces. Pero los señores de la Fifa siguen pensando que no; que los errores de los árbitros hacen parte de esa incertidumbre que alimenta la emoción del fútbol. Con esa lógica, deberían poner árbitros tuertos.

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