Dejusticia-WHITE-with-transparent-background

¿Argumentos (in)Morales?

Rodrigo Uprimny Yepes
julio 30, 2016

Publicado en: La Silla Vacia

La senadora Vivian Morales ha sido en general una política seria y fue además una Fiscal General respetable pero su posición frente a la adopción por parejas del mismo sexo es decepcionante.

 

En mi columna de este domingo en El Espectador mostré que es antidemocrática e inconveniente su propuesta de realizar un referendo para reformar la constitución y establecer que sólo pueden adoptar las parejas heterosexuales, con lo cual se excluye de esa posibilidad no sólo a las parejas del mismo sexo sino incluso a los solteros, los viudos, los separados y los divorciados.  

Es una propuesta antidemocrática pues permite que las mayorías discriminen a minorías estigmatizadas, como la población LGBT, cuando la democracia supone un gobierno de las mayorías pero que respeta los derechos fundamentales y a las minorías. Y es inconveniente no sólo porque estimula prejuicios homofóbicos, pues alimenta la idea sin sustento de que los homosexuales son un riesgo para los niños y niñas, sino además porque priva a los menores sin hogar de la posibilidad de ser eventualmente adoptados por individuos o parejas homosexuales competentes. Recordemos que en Colombia no sólo el número de adopciones ha bajado sino que, además, hay alrededor de 5000 niños de difícil adopción, que ninguna pareja heterosexual ha querido adoptar, por lo que resulta cruel privarlos de la posibilidad de encontrar un hogar en parejas del mismo sexo o individuos que quieran adoptarlos.

La senadora Morales probablemente respondería a mi argumento que su propuesta no es discriminatoria ni inconveniente sino que busca proteger a los menores de los perjuicios que le implicaría ser adoptado por parejas del mismo sexo o por personas individuales. Que la suya no es una posición que derive de prejuicios homofóbicos ni de convicciones religiosas sino que estaría sustentada en la ciencia.

Y efectivamente, la exposición de motivos de su propuesta pretende ser jurídica y científica. La senadora no invoca la biblia sino que recurre a evidencia académica, lo cual está bien pues, como lo ha planteado Habermas en su célebre conferencia Holberg, en una democracia laica, las personas con convicciones religiosas pueden proponer que sus tesis religiosas sean adoptadas por el Estado, pero siempre y cuando las planteen en una forma secular, que permita su discusión pública también por aquellos que no comparten su visión religiosa. Tomo pues en serio la pretensión de la senadora Morales de que su posición está sustentada sólidamente por la academia y discuto entonces la solidez de sus argumentos académicos.

La tesis central de Morales es que es necesario prohibir la adopción a parejas del mismo sexo y a personas individuales, por cuanto habría un consenso académico en que una persona sólo se desarrolla adecuadamente en un hogar heterosexual. Literalmente la exposición de motivos sostiene que “la psicología y las ciencias sociales” serían contundentes en defender el “irrefutable beneficio para el desarrollo integral del menor, de la presencia permanente y estable de padre y madre”.  Y Morales cita apartes de estudios que justificarían esa afirmación. Pero aquí es donde su posición es nuevamente decepcionante pues tergiversa muchos de esos estudio ya que transcribe apartes de ellos, sugiriendo que estas investigaciones controvierten la adopción igualitaria y defienden que un niño sólo puede desarrollarse bien en hogares heterosexuales, cuando esos trabajos dicen en realidad otra cosa e incluso, en ciertos casos, sus autores han defendido la adopción igualitaria.

Por límites de espacio y para no aburrir a los lectores, no voy a referirme  a todas las numerosas inexactitudes académicas de esta exposición de motivos, que dicho sea de paso, se parece muchísimo en estos apartes a escritos semejantes presentados por grupos religiosos que hacían lobby para oponerse a la adopción igualitaria en otros países como Australia. Me voy a centrar únicamente en dos.

Una de las primeras citas supuestamente a favor de la tesis de que los niños sólo se desarrollan bien en hogares heterosexuales es una transcripción relativamente larga de un trabajo liderado por el pediatra y profesor de la Universidad de Carolina del Norte William Coleman publicado en 2004 en “pediatrics”, que es una revista muy seria, pues es el órgano científico oficial de la Academia Americana de Pediatría (AAP).

La transcripción básicamente dice que en las parejas heterosexuales los padres suelen jugar un papel diferente a las madres en la crianza de los hijos y que cuando los padres se involucran activamente en la crianza, entonces los hijos obtienen mayor bienestar psicológico y mejores resultados educativos. Y Morales usa esos apartes contra la adopción por parejas del mismo sexo y como una defensa de sus tesis sobre el supuestamente contundente apoyo académico a la tesis de que un desarrollo sano de un niño requiere un hogar heterosexual.

Pero quien lea el texto de Coleman (o siquiera el abstract de su artículo) puede constatar que su trabajo se refiere a otro tema. Coleman simplemente analiza la evidencia de que es bueno para el desarrollo de los niños que en las parejas heterosexuales los padres también se involucren en la crianza de sus hijos a fin de que esa tarea no sea asumida sólo por las mujeres; y formula entonces recomendaciones para que los pediatras faciliten ese involucramiento. El artículo no tiene entonces nada que ver con el debate sobre adopción igualitaria.

Pero hay más: es tan claro que Coleman no se está oponiendo a la adopción por parejas del mismo sexo que él mismo, como miembro de un Comité  de la AAP, había suscrito, en 2002, un llamado de la APA a que en Estados Unidos se legalizara la adopción consentida entre parejas del mismo sexo, que fue publicado en la misma revista Pediatrics. Y ese llamado se basaba en un reporte técnico de la APA, también firmado por Coleman, que concluía que, a pesar de que subsistían vacíos de información, los estudios existentes, con diferentes metodologías, mostraban que no había evidencia de  riesgo alguno a los niños como resultado de crecer en una familia con padres homosexuales.

La tergiversación del estudio y de las posiciones de Coleman es evidente.

El segundo ejemplo es la referencia que hace Morales a los trabajos del conocido siquiatra infantil de la Universidad de Yale Kyle Pruett. Morales cita un aparte de un texto de Pruett publicado también en Pediatrics sobre el papel del padre en el desarrollo de los hijos. Morales transcribe dos frases de distintas partes del artículo, que dicen que “el padre emerge como un atributo central en la relación con su hijo en el umbral de la adolescencia”, mientras que la madre también asume una “nueva prominencia en especial para los preadolescentes”. Y Morales usa esos apartes como una de las pruebas de que los niños necesitan a ambos padres para su desarrollo óptimo, con lo cual busca justificar su propuesta de excluir de adopción de parejas del mismo sexo.

Pero nuevamente una lectura atenta de la investigación completa de Pruett (o al menos del abstract) muestra que su trabajo no permite extraer esas conclusiones. Es nuevamente  una investigación que simplemente defiende un mayor involucramiento de los padres (y no solo de las madres) en la crianza de los hijos, por los beneficios que esto aporta al desarrollo sicosocial de los niños, por cuanto madres y padres, en las parejas heterosexuales, tienden a asumir roles diversos y complementarios en la crianza. Pero ni esta investigación ni Pruett concluyen que esos resultados sustentan la conclusión de que la adopción por parejas del mismo sexo sea un riesgo para los niños.

Es más, el propio Pruett se ha opuesto públicamente a que sus trabajos sean usados por quienes se oponen al matrimonio o a la adopción igualitaria pues considera que es una tergiversación de sus resultados. Pruett declaró publicamente en 2004 que nada en sus trabajos se opone a la adopción igualitaria y que explícitamente en sus textos ha señalado que no hay ninguna evidencia de que el matrimonio y la adopción igualitarios impliquen riesgos para los niños.  Y en una entrevista en 2012, en donde explica su visión sobre la importancia del papel de los padres y las madres en el desarrollo psicosocial de los hijos, a Pruett le preguntan si sus trabajos apoyan la tesis de que los hijos de parejas del mismo sexo sufren porque no se benefician de los roles complementarios que juegan los miembros de una pareja, como padre y madre. Su respuesta es inequívoca:

“No estoy de acuerdo. No creo que esa diferencia esté enraizada en los cromosomas. Yo pienso que está enraizada en la cultura. Hay muchas parejas del mismo sexo que dividen sus tareas como lo hacen las parejas heterosexuales. Alguno es el buen policía y el otro el malo. Alguno es más juguetón y otro más serio. Un padre quiere proteger al niño de la frustración mientras que el otro quiere enseñarlo a que aprenda de las frustraciones. Una forma de dismorfismo tiende a desarrollarse en las parejas cuando las dos personas están tratando de criar un hijo”

Esto muestra que la tesis de Pruett es que es mejor para los niños ser criados en una pareja, si ambos padres se comprometen con la crianza, pues los roles complementarios que asumen son benéficos para el desarrollo sicosocial del niño. Pero en ningún momento Pruett ha defendido la tesis de que la pareja deba ser heterosexual ni esto se desprende de sus trabajos.

Por eso, en 2006, Pruett dirigio una carta pública al pastor evangélico  James Dobson, quien es enemigo del matrimonio igualitario, acusándolo de tergiversar sus trabajos, haciendo citas parciales y selectivas de aquellos apartes de sus textos que parecían apoyar las tesis de Dobson, pero dejando de lado aquellos resultados que la controvertían. Pruett acusó a Dobson de realizar lo que a nivel académico llaman “cherry picking” (cosechando cerezas), que en español solemos conocer más rigurosamente como la “falacia de evidencia incompleta o de supresión de prueba”, que consiste en tomar de un estudio académico únicamente aquello que apoya nuestra posición, pero dejando de lado todos los elementos del estudio que la contradicen. Dice Pruett:

“Dr Dobson. Estoy sorprendido y decepcionado de ver mi trabajo referenciado en una columna de Time Magazine en donde usted opina que estudios en ciencias sociales, como el mío, apoyan sus convicciones en contra de la crianza por parejas del mismo sexo. Le escribo para insistirle que no use mi investigación en sus campañas, personales o corporativas, sin obtener previamente mi permiso. Usted usó selectivamente  (cherry picked) una frase para apoyar (en mi opinión) propósitos altamente discriminatorios. Esta práctica es condenada en la ciencia verdadera, aunque sea muy común en los círculos pseudocientíficos. No hay nada en mis estudios longitudinales ni en mis escritos que apoye esas conclusiones. En la página 134 del libro mío que usted cita en su columna, yo escribí: “lo que realmente sabemos es que no hay razón para preocuparse del desarrollo o la competencia sicológicas de niños viviendo con padres homsexuales. Es el amor el que fortalece las relaciones, no el sexo”.

Estas palabras dirigidas por Pruett contra el pastor Dobson son plenamente aplicables a los supuestos análisis académicos de Vivian Morales pues estos se fundan igualmente en las citas sesgadas y la distorsión del significado de muchos de los trabajos que cita, incurriendo en falsedades académicas e incurriendo en la falacia de supresión de eviencia incompleta. Y por ello sus argumentos académicos no hacen mucho honor a su apellido pues distan de ser muy morales. Son engaños más bien inmorales.

Powered by swapps