Así es Francia Márquez, la colombiana que ganó el “Nobel” ambiental

La líder afro lleva dos décadas defendiendo el norte del Cauca de la minería inconstitucional y la minería ilegal y voraz. A sus 36 años acaba de ganar el Premio Goldman.

Francia Márquez

Foto: Cortesía Premios Goldman / El Espectador

Francia Márquez Mina, una líder afrodescendiente del Cauca que ha trabajado incansablemente por defender su territorio de la minería inconstitucional otorgada por el Gobierno sin consulta previa y en el marco del conflicto armado, la minería ilegal y los proyectos extractivos, acaba de recibir el Premio Goldman: un equivalente del Premio Nobel para los líderes sociales que han dedicado su vida a la protección de la Tierra.

“Este premio es una oportunidad para que el país apueste por la construcción de una sociedad equitativa que ponga al medio ambiente en el centro. Nos toca repensar cómo seguir garantizando la existencia, cuidando la vida y no ser mezquinos, porque cualquier decisión que tomemos afectará el espacio y el ambiente que les estamos dejando a nuestros hijos”, dice Francia, de 36 años.

Ella ha dedicado por lo menos dos décadas de su vida a proteger su comunidad y su territorio colectivo. A mediados de los 90 comenzó a movilizarse para proteger el río Ovejas, un afluente que atraviesa el municipio de Suárez, en el norte del Cauca, donde ella nació y creció. Su misión junto a la comunidad y al Proceso de Comunidades Negras era lograr que el Gobierno detuviera el proyecto que pretendía desviar el río Ovejas a la represa La Salvajina, un proyecto construido en los años ochenta, que generó grandes impactos ambientales, sociales y culturales a los pobladores de la región; y lo lograron. Así, alrededor de la defensa del río Ovejas, que para ella y su comunidad es “la vida”, empezó a forjarse la líder inmensa que es hoy.

A favor del río, Francia también se ha movilizado para sacar a las retroexcavadoras que llegaron a su territorio a extraer oro y envenenar el río con mercurio. Ella fue la que llegó con más de ochenta mujeres y un grupo de jóvenes a Bogotá en el 2014, solicitando al gobierno que las protegiera a ellas y a su comunidad. Al no ser escuchadas, se tomaron el Ministerio del Interior por varios días, como una forma de pedirle al gobierno acción inmediata. La Movilización de Mujeres Negras Por el Cuidado de la Vida y los Territorios Ancestrales, como se llamó este espacio, nos enseñó en sus arengas que “El territorio es la vida, y la vida no se vende, se ama y se defiende”, y que “El pueblo no se rinde, carajo”.

El premio, claro, es un homenaje al activismo de las comunidades negras. Así como sucedió con Libia Grueso, ganadora del premio en el 2004 y una de las fundadoras del Proceso de Comunidades Negras del país, a Francia se le reconoció internacionalmente lo que en muchas discusiones nacionales pasa de agache: que las comunidades afrodescendientes tienen derecho a vivir, proteger y usar su territorio y que ningún otro actor tiene poder sobre él.

La estatuilla en forma de serpiente mordiéndose la cola, que recibió ayer en San Francisco (Estados Unidos), es un símbolo de apoyo y solidaridad global a la lucha de cientos de comunidades afrodescendientes que sueñan con un país que se fundamente en un modelo económico distinto, que no esté basado en la explotación de la tierra y los recursos naturales.

Pero es inevitable para Francia advertir que, para ella, este reconocimiento es un llamado de alerta. Berta Cáceres, la líder indígena hondureña que recibió el mismo premio en abril de 2015 por defender al pueblo lenca y su territorio del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, fue asesinada en marzo del 2016 . Y en enero del año pasado fue silenciado Isidro Baldenegro, quien también había recibido el premio por su defensa del bosque nativo en la Sierra Madre de México y de los derechos de los pueblos indígenas.

Francia fue amenazada y desplazada de su territorio en el 2014. Ese día, después de recibir una llamada advirtiéndole que había llegado la hora “de ajustar cuentas con los que se hacen llamar defensores del territorio”, no lo pensó más y dejó Suárez. “Esa noche salí corriendo de una reunión a buscar a mis hijos, pedimos un taxi, nos recogieron y salimos volados para Cali. En el camino yo sólo pedía que nos hiciéramos invisibles”, recuerda Francia de ese 5 de octubre.

Por eso ella insiste en que este premio también es un mensaje directo al Gobierno Nacional, especialmente a la Fiscalía y la Unidad Nacional de Protección, para que escuchen a las comunidades y tomen medidas reales, inmediatas y contundentes, para proteger a los líderes étnicos y sus pueblos y comunidades. Hasta ahora sus esfuerzos no han sido suficientes, basta con ver las cifras de la Defensoría del Pueblo que señalan que desde el 2016 han sido asesinados 282 líderes sociales.

Francia, quien está a punto de graduarse de Derecho en la Universidad Santiago de Cali, también tiene una gran trayectoria como líder política. Entre 2013 y 2016 fue representante del Consejo Comunitario del corregimiento La Toma (Suárez) y en las últimas elecciones se lanzó a la curul de la Cámara para comunidades afrodescendientes. Aunque su lista consiguió más de 13.352 votos, no fueron suficientes para lograr que el movimiento afrodescendiente obtuviera una representación legítima en el Congreso. “A mí me enorgullece que dimos un paso importante para consolidar el proceso de las comunidades negras”, dice.

Además, Francia fue clave en las negociaciones de paz entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc. Estuvo en La Habana hablando con ambas partes sobre los efectos que dejó la guerra sobre las comunidades afrodescendientes. “La guerra es guerra, venga de donde venga. Lo que deberíamos estar exigiendo es la paz real para nuestros territorios. El departamento del Cauca ha sido muy golpeado por la violencia: unas veces por las Farc, otras por paramilitares y otras veces por el mismo Estado. A ninguno le importa, o ninguno se ha puesto a mirar que, en últimas, quienes terminamos pagando los platos rotos somos las comunidades afros, indígenas y campesinas”, escribió Francia en abril de 2015 cuando se estaba discutiendo la suspensión de los bombardeos por parte del Ejercito Nacional.

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