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Basura: entre recicladores y avivatos

César Rodríguez Garavito
agosto 22, 2011

Publicado en: El Espectador

Huele mal la licitación de las basuras en Bogotá. Como por arte de magia, han aparecido miles de “recicladores” afiliados a asociaciones creadas a última hora para sacar tajada de las reglas del concurso, que buscaban favorecer a los verdaderos recicladores, los que llevan años escarbando en la basura y prestando un servicio ambiental que no tenía precio.

 

Huele mal la licitación de las basuras en Bogotá. Como por arte de magia, han aparecido miles de “recicladores” afiliados a asociaciones creadas a última hora para sacar tajada de las reglas del concurso, que buscaban favorecer a los verdaderos recicladores, los que llevan años escarbando en la basura y prestando un servicio ambiental que no tenía precio.

La razón es que ahora el negocio tiene precio, y muy alto. En el proceso se juegan $2,5 billones, por los que pujan poderosas empresas que, por efecto de fallos de la Corte Constitucional, deben asociarse con organizaciones de recicladores para licitar. De modo que el oficio de reciclador —el “desechable” que todo el mundo aborrecía— ahora es la profesión de moda entre avivatos de todo tipo.

La entidad encargada del asunto (la Uaesp) sigue sin explicar cómo va a filtrar a los oportunistas y cumplir las decisiones de la Corte que protegen a los recicladores. Por eso la misma Corte suspendió la licitación el jueves pasado, mientras se desenreda una historia de varios años de corrupción, ineficiencia y discriminación contra los recicladores.

Todo comenzó en 2003, cuando la segunda alcaldía de Mockus intentó sacarlos del mercado, al adjudicar la pasada licitación. Cuando la Corte falló una tutela a favor de los informales, era demasiado tarde: la Alcaldía ya le había entregado el negocio al sector privado y excluido a las cooperativas de recicladores. Las mismas cooperativas que, en 1990, habían fundado la Asociación de Recicladores de Bogotá y habían convertido a cientos de recolectores pobres en pequeños empresarios que accedían, por primera vez, a un ingreso estable y a la seguridad social.

Así lo vimos quienes estudiamos las cooperativas y acompañamos a sus miembros en sus recorridos callejeros en las heladas noches bogotanas. Así lo reconocieron fundaciones de todo el mundo, que escogieron a Bogotá como sede del primer encuentro internacional de recicladores, en 2008.

Como el daño ya estaba hecho, la Corte le advirtió al Distrito que en futuras licitaciones incluyera “acciones afirmativas a favor de los recicladores (…) a fin de lograr condiciones reales de igualdad”. La advertencia se materializó en 2009 en Cali, cuando la Corte tumbó la licitación de basuras de esa ciudad por no haber tomado esas acciones.

A pesar de esos precedentes, la administración de Samuel Moreno volvió a marginar a los recicladores. Primero lo hizo con la adjudicación del relleno de Doña Juana, que la Corte también suspendió. Y reincidió en la actual convocatoria, en la que la Corte ha intervenido varias veces para atajar los goles que la Uaesp le ha querido meter a sus fallos y a los recolectores.

Presionada por la Corte, la exdirectora de la Uaesp rediseñó a las carreras las reglas del concurso, antes de ser destituida por la Procuraduría por malos manejos en Doña Juana. Con semejante improvisación y procedencia, no sorprende que las nuevas reglas estén generando un caos en la licitación y resulten inconvenientes tanto para los recicladores como para las empresas de aseo.

Tampoco sorprende que la Uaesp haya validado dudosas organizaciones de recolectores informales. Entre los “recicladores” descubiertos en un informe de La Silla Vacía hay un exsargento del Ejército que sostuvo ante las cámaras que “al ver que había tanto abandono de los recicladores y que unos se creen recicladores y no reparten, por eso me metí yo”.

Por eso mismo se debe meter la alcaldesa (e), quien tiene la capacidad técnica y la responsabilidad política que no tiene la Uaesp. Al asumir el proceso, la alcaldesa López debe comenzar por dar las explicaciones que pide la Corte y seguir por replantear las reglas de la licitación sobre reciclaje. Tiene pocos días para hacer lo primero y escasos meses para hacer lo segundo. Y mostrar que es posible hacer una adjudicación limpia, donde quepan las grandes empresas y los recicladores genuinos.

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