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Carta a los cristianos

Mauricio Albarracín
octubre 12, 2016

Publicado en: El Espectador

Escribo a los hombres y mujeres de buena voluntad que creen en las enseñanzas de Jesucristo.

 

Quisiera a partir de esta columna tener una conversación auténtica y
constructiva con los católicos y evangélicos quienes tienen temores y
dudas sobre el reconocimiento de los derechos de las personas lesbianas,
gays, bisexuales, trans e intersex (LGBTI).

Vengo de una familia
católica que me enseñó la principal regla ética de mi vida: amo al
prójimo como a mi mismo (Mateo 22:39). En cada persona reconozco la
dignidad, porque es la misma que predico para mí mismo. Por eso creo que
todos merecemos el mayor respeto y protección. También aprendí algo más
en mi casa: no le hagas a otro lo que no te gustaría que te hagan a ti
(Mateo 7:12). Una tercera lección ética la aprendí del cristianismo: en
mi más íntima conciencia tomó las decisiones más importante de mi vida y
es allí dónde me encuentro con mi espiritualidad. En la tradición
católica se considera que la conciencia “es el núcleo más secreto y el
sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz
resuena en el recinto más íntimo de aquélla” (Concilio Vaticano II,
Constitución Apostólica, Gadium et Spes, 16). Por muchos años mi familia
me enseñó los valores de la comunidad y la solidaridad con fundamento
en la religión.

De mi propio aprendizaje religioso puedo reconocer
que algo contrario al cristianismo está surgiendo en nuestra sociedad.
Desde hace unos meses el país ha presenciado una movilización de
sectores religiosos contra los derechos y libertades relacionados con la
sexualidad. Líderes religiosos han enarbolado el odio y han creado la
idea de que existe una guerra santa entre cristianos y las personas
LGBTI. Para ello han usado las redes sociales, las calles y la
publicidad política para demonizarnos. Se trata de una nueva inquisición
populista contra las personas LGBTI.

Estoy convencido que a la
gran mayoría de creyentes no les interesa juzgar a los demás (¿quién soy
yo para juzgar?) ni tampoco les interesa el poder político. Sin
embargo, hoy los líderes fundamentalistas instrumentalizan la religión
para apoderarse del poder político con la promesa de implantar un
perfeccionismo moral que ni siquiera ellos cumplen. Estos líderes
políticos y de opinión están usando los derechos de las personas LGBTI
como un instrumento de pánico moral entre los creyentes para movilizar
sus votos, como lo hicieron en la campaña del plebiscito y querrán
seguir haciéndolo en procesos políticos futuros.   

De esta manera
quieren crear la idea de que las personas LGBTI somos enemigos de los
cristianos. Nada más lejano de la realidad. Las personas LGBTI somos tan
creyentes como el resto de la población. De hecho, muchas personas
LGBTI sufren porque sus propias iglesias y familias las discriminan.

Amigos cristianos, ustedes y nosotros tenemos asuntos en común que nos
unen. Por ejemplo, nosotros respetamos la libertad religiosa tanto como
la libertad sexual porque ambas nacen en la más íntima conciencia y
nadie puede molestarnos por nuestras decisiones vitales. También
reconocemos en la experiencia de discriminación en razón de la religión
nuestra propia discriminación en razón de la sexualidad.  Es por eso que
rechazamos con vehemencia cualquier acto violento o discriminatorio
motivado por razones religiosas o de las creencias, como los ocurridos
durante el conflicto armado colombiano con personas de fe que fueron
perseguidas por esa causa.

Necesitamos un nuevo diálogo entre
creyentes y no creyentes sobre la relación entre religión y sexualidad
en la Colombia contemporánea. Temo mucho al fanatismo religioso que
busca dividirnos entre colombianos y que toma fuerza cada vez más.
Recientemente, escuchamos cada vez más declaraciones de líderes
religiosos que anuncian campañas de persecución contra las personas
LGBTI. 

A los cristianos que creen en la democracia y los derechos
los invitó a dialogar entre nosotros para trabajar juntos por una paz
estable y duradera. También creo que podrían exigir a sus líderes
religiosos que no sigan abusando del poder terrenal para perseguir a sus
hermanos en razón de su sexualidad. La persecución de otros seres
humanos no sólo va en contra de los derechos fundamentales, también va
en contra del cristianismo, no en vano Jesús dijo en el Monte:
“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia:
porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo, 5:10).

* Abogado y activista LGBTI, malbarracin@gmail.com @malbarracin

Invitación:
no se pierdan mañana jueves 13 de octubre a las 5:30 de la tarde Centro
Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá, las organizaciones Colombia
Diversa, Caribe Afirmativo y Santamaría Fundación presentarán su primer
informe conjunto sobre la violencia hacia personas lesbianas, gay,
bisexuales y trans (LGBT) en 2015: “Cuerpos excluidos, rostros de
impunidad”.

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