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Chipre y los piratas

Mauricio García Villegas
marzo 30, 2013

Publicado en: El Espectador

La crisis de Chipre (esa pequeña isla del Mediterráneo que esta semana cerró los bancos luego de las restricciones impuestas por la famosa Troika) me hizo acordar de los piratas del siglo XVII.

 

La crisis de Chipre (esa pequeña isla del Mediterráneo que esta semana cerró los bancos luego de las restricciones impuestas por la famosa Troika) me hizo acordar de los piratas del siglo XVII.
Durante el reinado de Carlos V salieron de España 2.421 barcos para traer el oro de América y sólo regresaron 1.748; el resto, es decir 673, fue capturado por piratas ingleses que luego le entregaban parte del botín a su rey en Londres.
¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Pues que Chipre es un paraíso fiscal (un país en donde los impuestos que se pagan son casi nulos y las operaciones bancarias son secretas y libres) y que los paraísos fiscales, como los piratas, son algo así como la parte ilegal de la economía mundial sin la cual las cosas no funcionan bien.
Yo no soy economista y desconozco casi todos los secretos de las finanzas internacionales. Pero para escribir esta columna, pensando en la crisis de Chipre, compré un librito que lo explica todo, o casi todo (hay mucho que no se sabe) sobre los paraísos fiscales. Aquí les cuento lo que aprendí.
Yo pensaba que esos paraísos eran una anomalía marginal de la economía global; una excepción (excepcional) a las buenas costumbres del capitalismo. Pero no hay tal. Al contrario, según Christian Chavegneux y Ronen Palan, los autores del libro que les cuento, esos lugares son uno de los pilares de la globalización económica actual. No son sólo pequeñas islas perdidas en medio del océano Pacífico. No, están en Londres, en Luxemburgo y también en nuestra honorable Costa Rica. Es verdad que hay debate sobre si estos países deben o no entrar en la lista paradisíaca, pero por lo menos existe una gran duda sobre ellos. Lo que sí parece indiscutible es que los paraísos fiscales representan hoy alrededor de la mitad de la actividad internacional de los bancos.
Esos lugares también son, en buena medida, los responsables de la crisis fiscal de los estados (por eso los europeos intervinieron en Chipre). En una economía cada vez más global, las compañías multinacionales dejan de pagar impuestos en los países en donde la gente les compra lo que producen y eso lo logran localizando la sede de sus empresas en países que no les cobran nada, o casi nada. Lo mismo hacen los ricos del mundo cuando consiguen su residencia en un país que trata su dinero con benevolencia. La sociedad Freedom Ship International intenta, desde 2005, construir una plataforma marina móvil que se desplace alrededor del mundo por aguas internacionales y en donde puedan vivir, en una ciudad flotante de ricos liberados del Estado recaudador, 18.000 multimillonarios.
A mediados del siglo pasado los grandes estados capitalistas del mundo lograron por fin acabar con las guerras. Pero una amenaza aún más grande se cierne hoy sobre ellos; una amenaza que viene de los grandes capitales internacionales, a veces más ricos y más poderosos que ellos mismos y que logran, con su poder económico y político, pulverizar su soberanía nacional y, con ella, su idea de derechos y de ciudadanía.
El enorme crecimiento de la riqueza en el mundo durante las últimas décadas es, en buena parte, el producto de una economía global que ofrece la posibilidad a los ricos (y a sus empresas) de tener una vida legal (en paraísos fiscales) que no coincide con su vida real (donde tienen sus negocios y venden sus productos). De esa manera, los ricos del mundo (y sus empresas) son ciudadanos de sus países para todos los efectos, salvo para pagar impuestos. Cuando se trata de contribuir al bien público, esconden su bandera, tal como lo hacían los barcos piratas. Éstos al menos le llevaban al rey el oro que conseguían.

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