Necesitamos que quienes tomen decisiones frente al COVID-19 para el país lo hagan con fundamentos científicos y con transparencia. | EFE/Mauricio Dueñas

No es fácil el desafío del COVID-19 pues es necesario adoptar medidas duras para prevenir contagios, como la cuarentena general, pero que afectan derechos fundamentales, por ejemplo la libertad de movimiento, y tienen consecuencias económicas negativas, especialmente sobre los más débiles como los trabajadores informales.

No es fácil el desafío del COVID-19 pues es necesario adoptar medidas duras para prevenir contagios, como la cuarentena general, pero que afectan derechos fundamentales, por ejemplo la libertad de movimiento, y tienen consecuencias económicas negativas, especialmente sobre los más débiles como los trabajadores informales.

No es fácil el desafío del COVID-19 pues es necesario adoptar medidas duras para prevenir contagios, como la cuarentena general, pero que afectan derechos fundamentales, por ejemplo la libertad de movimiento, y tienen consecuencias económicas negativas, especialmente sobre los más débiles como los trabajadores informales.

No hay fórmula mágica. Debemos tener modestia, reconocer la incertidumbre y buscar consensos sobre cómo enfrentar la pandemia, en vez de intentar aprovechar políticamente el tema. En ese contexto, la experiencia de Corea del Sur muestra que dos elementos son esenciales para una estrategia gubernamental eficaz: ciencia y transparencia, esto es, que el Gobierno se funde en la mejor ciencia y comunique la situación y las decisiones en forma clara y transparente, para que estas sean comprensibles y puedan ser mejor aceptadas por los ciudadanos. Infortunadamente, el gobierno Duque se está rajando en ambos aspectos, como lo muestran estos dos ejemplos.

Primero, su falta de claridad científica quedó desnuda en la entrevista de la ministra del Interior ante W Radio el pasado jueves, en donde dijo cosas como las siguientes: “Que estamos en la semana dos de la pandemia y que toca esperar la semana cuatro para tomar medidas más fuertes de confinamiento, porque esas medidas no lograrían evitar el agravamiento, que va a ocurrir porque va a haber un rebrote”.

Estas son transcripciones literales de su entrevista y nada de eso tiene fundamento científico. Es obvio que no hay que esperar a que la situación sea muy grave (lo que la ministra llama la semana cuatro) para adoptar medidas severas, si precisamente con esas medidas tempranas puede uno aplanar más rápidamente la curva de contagio y evitar la catástrofe que vive Italia.

Segundo, la falta de transparencia y de comunicación es también dramática, al punto de que aún no sabemos con claridad cuál es la estrategia gubernamental. No sabemos si es la estrategia de “supresión” que siguen China, Corea o Francia, la cual consiste en intentar acabar el contagio combinando medidas duras de distanciamiento social, incluyendo confinamientos durante varias semanas o incluso meses, acompañadas de testeo masivo, para detectar los contagios y aislar a los infectados. O si es la estrategia inicial del Reino Unido de “mitigación”, que al parecer ya fue abandonada por ese país y que consistía en aislar a los más débiles, como los adultos mayores, pero admitiendo un contagio masivo (se habló del 70 %) de quienes aparentemente tienen menos riesgo de tener un cuadro clínico grave, como los jóvenes. En ausencia de vacuna, ese contagio masivo permitiría una “inmunidad de rebaño”, sin afectar tanto la economía, pues el virus dejaría de circular, ya que gran parte de la población adquiriría inmunidad y quedarían protegidos los adultos mayores, en más riesgo. ¿O tendrá Duque una estrategia distinta?

No es claro. A veces Duque coquetea con la riesgosa estrategia inicial británica, pues ha dicho que es interesante y su medida de aislamiento obligatorio únicamente de los mayores de 70 años va en esa dirección. Después voceros del Gobierno dicen que esa no es la estrategia, pero no nos dicen cuál es.

Necesitamos que quienes tomen decisiones frente al COVID-19 para el país lo hagan con fundamentos científicos y con transparencia. Por eso reitero, con matices, la propuesta de mi última columna. Presidente Duque, por favor, cree un comité científico asesor de alta credibilidad y calidad técnica, semejante al del presidente Macron, que le permita adoptar, en coordinación con los gobernadores y alcaldes, las mejores políticas y explicarlas transparentemente, y así transmita a la población la confianza en su seriedad, lo cual facilitaría que se cumplan.

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