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Ahora que el proceso de conversaciones en Colombia armará la segunda pata, la justicia,  cabe preguntarse ¿Qué puede aportar la verdad a la justicia?

Ahora que el proceso de conversaciones en Colombia armará la segunda pata, la justicia,  cabe preguntarse ¿Qué puede aportar la verdad a la justicia?

“Esta Comisión es para que la verdad resplandezca. Es para Colombia. Es también para quienes no han sido víctimas. Es para que todos digamos: Nunca más. Nunca jamás.”

Con esas palabras el jefe negociador del gobierno de Colombia anunció la creación de una comisión de la verdad en ese país, tras más de tres años de conversaciones de paz con la guerrilla de las FARC. Como en las transiciones latinoamericanas de Argentina, Chile y Perú, y otras como las de Timor Leste en Asia, la comisión de la verdad se concibe como la primera pata de la silla de la justicia transicional, a partir de la cual se encausarán las otras tres: la justicia, la reparación y las garantías de no repetición.

Sin embargo, esta comisión puede ser novedosa desde un punto de vista comparado. Según el comunicado emitido por las partes negociadoras, buscará develar las prácticas de violaciones a los derechos humanos en un sentido amplio. Las comisiones de la verdad usualmente han centrado sus labores en un catálogo restringido de violaciones, por eso como analizó Dejusticia el reto que se impone Colombia es grande teniendo en cuenta los más de 50 años de conflicto armado que ha sufrido,

Ahora que el proceso de conversaciones en Colombia armará la segunda pata, la justicia,  cabe preguntarse ¿Qué puede aportar la verdad a la justicia?

El interrogante es válido. Las víctimas del conflicto armado han exigido como una de las principales medidas de reparación que los perpetradores de la atrocidad masiva, esa que muchas veces no tiene nombre propio, por fin lo tenga. La comisión de la verdad es un paso seguro en ese sentido.

Ahora bien, que la comisión recorra el país, exalte las distintas voces de los colombianos y devele la radiografía de un conflicto infame contra la población civil, en el mejor de los escenarios es insuficiente. Si se piensa en un sistema integral de justicia transicional donde la consolidación de los derechos ciudadanos garanticen la no repetición de la infamia del conflicto, se debe pensar en un modelo de justicia que devuelva esa esperanza en el Estado, como lo anotó Paul Seils en un análisis reciente.

La creación de un mecanismo de búsqueda de la verdad abona el camino para la formulación de ese modelo de justicia y se deben exaltar al menos dos de sus potencialidades que han enseñado las comisiones de la verdad en otras latitudes.

Fortalecimiento de la democracia

La primera potencialidad es el aporte que la comisión puede dar en términos de justicia social, en la revitalización de los valores democráticos en una sociedad golpeada por la violencia. Siguiendo a Amartya Sen en La idea de la justicia, “la democracia tiene que ser juzgada no solo por las instituciones que formalmente existen sino en la medida en las cuales diferentes voces de diversos sectores de la sociedad en realidad pueden ser escuchadas”.

En este sentido, la comisión puede aportar y mucho. La comisión surafricana, por ejemplo, al incluir a los diversos actores del conflicto se convirtió en un escenario clave para develar una historia plural en una sociedad donde existía un delgada línea que distinguía a las víctimas de los victimarios debido a la degradación del conflicto. En este sentido, la comisión colombiana podría ser ese lugar donde se cimiente la participación ciudadana.

Hoja de ruta de la justicia transicional

La segunda potencialidad, es que las conclusiones que logre la comisión pueden servir de hoja de ruta para delimitar las labores de los organismos judiciales del Estado en el marco de la justicia transicional.

Así, puede emitir recomendaciones sobre los criterios de selección de los máximos responsables, aquellos que por su rol en la comisión de las violaciones deben ser juzgados por los tribunales de la transición. Priscilla Hayner en Unspeakable Truths resaltó como los hallazgos de las comisiones de Argentina, Chile y Haiti permitieron que las autoridades judiciales centraran sus esfuerzos en los cerebros detrás de la atrocidad masiva.

Además, puede sentar las bases para una posible amnistía parcial y condicionada de los alzados en armas que, al no verse involucrados directamente en las violaciones a los derechos humanos, puedan ser cobijados por estos beneficios.

A pesar de ser un tema espinoso en el derecho internacional, como lo ha expresado entre otras la fiscalía de la Corte Penal Internacional, una fórmula que sopese la justicia penal con altas dosis de verdad y apoyo a la reparación por parte de los desmovilizados pueden ser más fructiferas para los fines de la transición.

La comisión abre el espacio para que los victimarios entren en diálogo con lo sucedido y tengan un escrutinio público por sus acciones. Como en Kenya, Liberia y Nepal, este órgano podría recomendar quiénes pueden ser amnistiados, con la condición de que apoyen incansablemente las medidas transicionales que se implementen, en especial la de su reintegración a la sociedad colombiana.

Con el anuncio de la creación de la comisión de la verdad en Colombia, pensar en un escenario donde la verdad resplandezca es un reto que se debe encarar pero, sobre todo, es una ventana de oportunidad para crear una justicia transicional que cimiente una democracia más vigorosa para el futuro de Colombia.

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