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Los países en desarrollo no pueden conformarse con tener unas tasas mayores de participación de las mujeres, si estas no vienen acompañadas de mejores tasas de desempleo y salarios.

Los países en desarrollo no pueden conformarse con tener unas tasas mayores de participación de las mujeres, si estas no vienen acompañadas de mejores tasas de desempleo y salarios.

La semana pasada, luego de ganar el premio Oscar por mejor actriz de reparto, Patricia Arquette hizo un llamado para pedir por la igualdad de salarios en Estados Unidos.  Lejos de ser un problema exclusivo de este país, la desigualdad de genero es una característica usual en el mercado laboral de varios países en desarrollo del sur global; donde a pesar de haber aumentado las tasas globales de participación femenina, las mujeres siguen teniendo salarios menores y tasas de desempleo mayores que los hombres.

Un gran problema en la lucha por la igualdad de género ha sido la asimetría en el mercado laboral. En general, el hecho de que las mujeres tengan un acceso menor al mercado laboral termina por incrementar la dependencia que hay en muchos hogares y refuerza estereotipos excluyentes de la mujer, ubicándola en el hogar como única opción. La afectación resulta peor en casos donde las mujeres son cabeza de hogar y esta es la única fuente de ingresos para su familia, pues también terminan excluidas, por ejemplo, del acceso a créditos para educación, vivienda y proyectos de emprendimiento.

Utilizando el “Gender Gap Index”, podemos observar que las brechas de genero en temas de educación y salud tienden a haber mejorado en la mayoría de países, sin embargo, en temas de participación económica, las regiones de países en desarrollo como el Norte de África, Medio Oriente y Latinoamérica y el Caribe son las mas desiguales.

Evolución del “Gender Gap Index” 2006-2014. Fuente: Global Gender Gap Index 2014.

Economic Participation and Opportunity Index by Region, Source: Global Gender Gap Index 2014.

Participación económica y Índice de oportunidad por región. Fuente: Global Gender Gap Index 2014.

Si observamos las diferencias en las tasas de participación laboral por género en las regiones del mundo, es positivo ver que estas se han reducido significativamente en los últimos 20 años.  Por ejemplo, la diferencia en la participación laboral en regiones de países en desarrollo como el Medio Oriente y el Norte de África han pasado de ser del 60% en 1990 a 50% en el 2010. De igual forma, en Sur América, la tasa ha pasado en estas dos décadas de ser cercana al 40% a una del 23%.

Labor force participation gender gap by region, Source: ActionAid “Close the Gap”.

Participación laboral por género y región. Fuente: ActionAid “Close the Gap.”

Sin embargo, las estadísticas de diferencia salarial y tasa de desempleo son desalentadoras. Según datos del Banco Mundial, en los países en desarrollo de América Latina y el Caribe la tasa de desempleo en 2012 fue de 8% para las mujeres y 5% para los hombres, mientras en 2002 había sido de 11% y 8% respectivamente. Esto marca una caída en las tasas de desempleo, pero una diferencia entre hombres y mujeres que se ha mantenido. Lo mismo ocurre para África del Norte, Medio Oriente y otras regiones con países en desarrollo como se observa en la grafica inferior.

Unemployment rate by gender and region Source: World Bank

Taza de desempleo por género y región. Fuente: Banco Mundial.

De igual manera, estas diferencias en la tasa de desempleo también están acompañadas de diferencias salariales. Estudios de ActionAid muestran las diferencias salariales por genero entre 2008-2012 para algunos países. Por ejemplo, en Pakistán las mujeres ganan menos del 40% que los hombres, en Egipto el 60%, en Colombia el 56% y en Angola el 40%, entre otros.

¿Por que existen estas diferencias de género en el mercado laboral? ¿Cuales podrían ser las soluciones?

Estudios como el de “Entre Estereotipos” realizado por investigadoras de Dejusticia, muestran que una de las grandes razones por las cuales las mujeres se ven fuertemente afectadas en el mercado laboral es el uso del tiempo entre lo que se denomina el “trabajo productivo y el trabajo de cuidado”. En otras palabras, las mujeres deben emplear parte de su tiempo en criar los hijos y hacer labores domésticas, mientras los hombres han estado alejados de estas funciones que deberían ser realizadas por ambos géneros. Así pues, una posible solución a este problema son las políticas publicas encaminadas hacia la reducción de esta diferenciación en el hogar.

Por un lado, los gobiernos pueden invertir en políticas horizontales donde con base en aumentos en acceso a servicios públicos como electricidad, agua y acueducto, se reduzcan los costos de las mujeres en el hogar y se les de mas tiempo para aspirar al mercado laboral. De igual manera, como se ha venido haciendo en países como Malasia, los gobiernos pueden aumentar los servicios de cuidado de los niños como guarderías o jardines infantiles, que permiten a las mamás acceder al mercado laboral con tranquilidad. Estas políticas además tienen la ventaja de acabar con la brecha en educación a temprana edad y permiten el desarrollo de los niños.

Por el otro lado, hay políticas que pueden ser implementadas por las empresas, como horarios mas flexibles que permitan a la mujer adaptarse mejor al mercado laboral e inviten al hombre a pasar mas tiempo en casa y colaborar con el cuidado de los niños.  De igual manera, en algunos países como Canadá, las empresas han igualado las licencias de maternidad a los papás para que estos también puedan estar cuando nacen sus hijos. Esto permite que el hombre críe a sus hijos y además reduce la discriminación que hay frente a la mujer y su embarazo durante la contratación.

Los países en desarrollo no pueden conformarse con tener unas tasas mayores de participación de las mujeres, si estas no vienen acompañadas de mejores tasas de desempleo y salarios. La tarea pendiente entonces, está en buscar políticas que reduzcan el esfuerzo de la mujer en el trabajo no pagado y equilibren las responsabilidades entre hombres y mujeres en el hogar. Si los países se comprometen con este tipo de políticas, contribuirán con los lineamientos para reducir la desigualdad de género en el mercado laboral.

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