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La semana pasada dos jóvenes estudiantes de 17 y 19 años resolvieron con armas una disputa aparentemente sin importancia. Ojalá el duelo colectivo por estos dos chicos, sus familias y por la misma sociedad, sirva para reconocer el marcado retroceso en la política educativa, producto, entre otras razones, de la politización de la Secretaría de Educación.

La semana pasada dos jóvenes estudiantes de 17 y 19 años resolvieron con armas una disputa aparentemente sin importancia. Ojalá el duelo colectivo por estos dos chicos, sus familias y por la misma sociedad, sirva para reconocer el marcado retroceso en la política educativa, producto, entre otras razones, de la politización de la Secretaría de Educación.

La semana pasada dos jóvenes estudiantes de 17 y 19 años resolvieron con armas una disputa aparentemente sin importancia. Uno murió y el otro quedó a disposición de la Justicia. El hecho ocurrió frente a la puerta de la Institución Educativa Nuevo Bosque, en Cartagena, donde ambos hacían diligencias de fin de período escolar.

Este año hemos visto un enorme interés de distintos sectores por el mal momento de la educación pública en Cartagena, qué va desde la desescolarización de los más chicos y la deserción en los últimos grados, pasando por el deterioro de la infraestructura y la repetida calificación de insuficiente en las Pruebas Saber 11. En la última evaluación, Cartagena ocupó el puesto 59 entre 95 entes territoriales que presentaron estas pruebas estatales.

La mayor parte de los diagnósticos apuntan a lo mismo, y pocos escarban en los contextos o señalan el impacto de la violación sistemática de los derechos fundamentales de miles de niños y niñas. Un testigo de los hechos que menciono arriba, el profesor William Castro Toppin, escribió unas reflexiones luego de presenciar el suceso, que retratan muy bien eso que soslayan los diagnósticos.

El texto, titulado “Con la misma vela”, lo publicó en su perfil de Facebook, y muestra la humanidad de estos jóvenes que aprenden por supervivencia a ser guapos en barrios de guapos, la solidaridad de quienes se hermanan para superar la falta de oportunidades y el hambre, que también mata, y la complejidad del contexto de pobreza, exclusión y desigualdad de amplios sectores que debe ser atendida en forma estructural para evitar que estas y otras desgracias sigan ocurriendo.

Cartagena cierra el año con una desafortunada ausencia de norte. Ojalá el duelo colectivo por estos dos chicos, sus familias y por la misma sociedad, sirva para reconocer el marcado retroceso en la política educativa, producto, entre otras razones, de la politización de la Secretaría de Educación, y a partir de allí tomar decisiones que recuperen el papel central que nunca debió perder en la agenda pública distrital.

Además de defender la educación del clientelismo y la corrupción, hay que garantizar condiciones para la permanencia de los estudiantes en el sistema, y darle la vuelta al modelo haciendo énfasis en el desarrollo humano integral. Arriba mencionamos los malos resultados de las pruebas Saber, pero quizá deberían preocuparnos más los datos que arrojan las pruebas de competencias socioemocionales en las que más del 60% de los estudiantes están en niveles mínimos o  insuficientes en competencias ciudadanas. En este escenario los docentes son determinantes, no sólo por el papel que cumplen en la formación sino el que podrían cumplir en el control social de lo público, para ello también sus procesos formativos y de selección deben fortalecerse.

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