Fútbol femenino, Colombia

indigna tanto la reacción que ha tenido la Federación Colombiana de Fútbol frente a las denuncias valerosas de las jugadoras de la selección femenina de que algunas de ellas habían sido acosadas sexualmente y que en general sus condiciones laborales son indignas. | Ilustración de Sindy Elefante

Rodrigo Uprimny Yepes

¿No será acaso que el fútbol femenino colombiano no es sostenible simplemente porque hasta ahora ha sido manejado por hombres? ¿Y que por eso no han tomado decisiones creativas para hacerlo sostenible, como se ha hecho en otros países?

Rodrigo Uprimny Yepes

¿No será acaso que el fútbol femenino colombiano no es sostenible simplemente porque hasta ahora ha sido manejado por hombres? ¿Y que por eso no han tomado decisiones creativas para hacerlo sostenible, como se ha hecho en otros países?

El pasado 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer, que celebra las luchas de las mujeres contra la discriminación, la violencia y otras formas de opresión, que es un campo en donde ha habido progresos importantes en las ultimas décadas. Queda, sin embargo, un buen camino por recorrer, como lo muestra la agresión machista que están sufriendo las superpoderosas de la selección femenina de fútbol.

En Colombia ha habido, sin lugar a dudas, avances en igualdad de género, como la supresión de la potestad marital, que antes mantenía a las mujeres casadas verdaderamente “esposadas” a su marido, quien tenía derecho a tomar unilateralmente decisiones trascendentales sobre los bienes y la vida conyugal.

A pesar de esos avances, persisten discriminaciones intolerables. Por ejemplo, a nivel laboral, según el DANE, la brecha salarial de género es del 19 %, lo cual significa que las mujeres ganan en promedio 19 % menos que los hombres. Existe además el llamado “techo de cristal”, que hace muy difícil que mujeres lleguen a puestos de dirección en ciertos espacios, a pesar de tener cualificaciones profesionales semejantes o aun superiores a las de los hombres. Por ejemplo, como se dio a conocer en la Cumbre Nacional por la Igualdad, solo el 12 % de mujeres dirigen Alcaldías y solo 15 % Gobernaciones.

Uno de los problemas más graves que sufren las mujeres es el acoso, pues muchos hombres con poder creen que su situación les permite hacer exigencias sexuales a sus trabajadoras o colegas. Y la impunidad de ese crimen es casi total. Pocas mujeres denuncian, pues temen la estigmatización que sufrirían (ah, debió habérselo buscado…) y, cuando denuncian, los procesos rara vez avanzan. Entre 2008 y 2018, la Fiscalía recibió unas 15.000 denuncias por acoso sexual: más del 80 % de las víctimas eran mujeres acosadas por hombres. Solo en 173 casos hubo condena.

 

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Por eso indigna tanto la reacción que ha tenido la Federación Colombiana de Fútbol frente a las denuncias valerosas de las jugadoras de la selección femenina de que algunas de ellas habían sido acosadas sexualmente y que en general sus condiciones laborales son indignas. En vez de haber tomado en su momento la decisión de investigar o remitir a la justicia penal esas denuncias por acoso, algunas gravísimas, pues involucraban tentativas de violación contra adolescentes, lo que hicieron fue tapar los hechos. O peor aún, la reacción fue marginar deportivamente a las jóvenes que denunciaron, con lo cual convirtieron sus sueños de ser estrella de fútbol en la pesadilla de ser víctima del acoso sexual.

El colmo del machismo en los directivos del fútbol han sido los anuncios por la Federación del cierre de la selección femenina de mayores y por la División Aficionada (Difúbtol) del cierre de la Liga Femenina de Fútbol. La disculpa ha sido la supuesta falta de rentabilidad económica de los equipos. Pero, ¿no será acaso que el fútbol femenino colombiano no es sostenible simplemente porque hasta ahora ha sido manejado por hombres? ¿Y que por eso no han tomado decisiones creativas para hacerlo sostenible, como se ha hecho en otros países? Todo indica entonces que esas decisiones de la Federación y de la Difútbol son en verdad retaliaciones por los goles que les metieron las superpoderosas, al denunciar el machismo y el acoso en el fútbol colombiano.

La mínima muestra de solidaridad de quienes creemos en la belleza del fútbol y en la igualdad de género debería ser dejar de ir a los estadios, hasta que la Federación la y Difútbol den respuestas apropiadas a las denuncias de las superpoderosas.

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