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Juan Manuel Galán presentó un proyecto para legalizar el uso medicinal de la marihuana, cuando el país conmemora los 25 años del asesinato de su padre.

Juan Manuel Galán presentó un proyecto para legalizar el uso medicinal de la marihuana, cuando el país conmemora los 25 años del asesinato de su padre.

Algunos podrían criticarlo por traicionar el legado de su padre, quien combatió duramente al narcotráfico. Pero no es así. Su propuesta es una lúcida interpretación de la lucha de su padre quien, como lo explicó Juan Manuel Galán, enfrentó a las mafias pero no era prohibicionista.

Explico la aparente paradoja. En agosto de 1989, cuando Galán fue asesinado, el gobierno Barco reaccionó duramente contra los narcotraficantes. Y casi al mismo tiempo, el presidente Bush reiteró la “guerra a las drogas”, que ya había sido declarada por Nixon en 1971.

El enfrentamiento de Barco con las mafias fue no sólo una forma apropiada de honrar la memoria de Galán, sino que era un paso que Colombia tenía que dar: toda democracia tiene que combatir a las mafias, que son fuerzas que corroen el Estado de derecho. Esa lucha en Colombia se había tornado vital, pues los llamados carteles estaban minando lo poco que nos quedaba de democracia.

Esta saludable reacción del gobierno Barco contra las mafias fue enmarcada en la “guerra a las drogas” gringa. Esto parecía lógico, pues las mafias colombianas derivaban sus recursos del tráfico de drogas. Pero fue desafortunado, pues una cosa es la lucha contra las mafias y otra el debate sobre si el prohibicionismo es una buena estrategia para enfrentar el problema de las drogas. La “guerra a las drogas” pone entonces en un mismo paquete fenómenos diferentes: usa masivamente las Fuerzas Militares en acciones que son policivas o judiciales (la represión del narcotráfico), a fin de solucionar un problema que no es delictivo sino social: el abuso de sustancias sicoactivas.

El gran problema de esta estrategia bélica es que una vez se torna dominante resulta muy difícil separar estos diversos elementos y discutir la pertinencia de mantenerlos atados. La “guerra a las drogas” adquiere el sabor de una cruzada, frente a la cual no existen críticos sino tan sólo herejes y traidores. Quien la cuestiona es visto como un aliado de los narcotraficantes o como alguien indiferente al drama de los toxicómanos.

Pero en realidad esos elementos deben ser separados. Las mafias deben ser combatidas, pero no con guerras sino con mejores estrategias judiciales y policiales. El Estado debe enfrentar los problemas sociales asociados a las drogas, pero no por la penalización creciente, que ha mostrado ser una estrategia inadecuada, por lo cual es necesario explorar nuevas alternativas. No hay entonces nada contradictorio en oponerse a las mafias del narcotráfico, como lo hizo Luis Carlos Galán, y explorar alternativas al prohibicionismo, como lo hace su hijo. Sobre todo si recordamos que la legalización de las drogas debilitaría las mafias, pues les quitaría su mejor negocio, que es el narcotráfico, cuyo dinamismo depende exclusivamente de que las drogas sean ilegales.

De interés: Colombia / Drogas / Narcotráfico

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