guayaba

La Encuesta Nacional de Salud en Escolares mostró que 3 de cada 4 niños toman bebidas azucaradas una o más veces al día, y que 4 de cada 5 niños consumen productos de paquete una vez al día. | Mario Guzmán, EFE

Atrás quedó esa lonchera clásica de mandarina, juguito casero y arepa de mamá. Con los afanes del día a día, los padres terminamos empacando, cada vez con mayor frecuencia, un ‘jugo’ de caja con ponqué ‘artesano’ de tienda.

Atrás quedó esa lonchera clásica de mandarina, juguito casero y arepa de mamá. Con los afanes del día a día, los padres terminamos empacando, cada vez con mayor frecuencia, un ‘jugo’ de caja con ponqué ‘artesano’ de tienda.

Si usted pertenece a la generación de la guayaba, es decir, los nacidos en la década del 70 a los que les empacaban el juguito de guayaba en la lonchera, preocúpese porque sus hijos serán la generación de la chatarra.

Atrás quedó esa lonchera clásica de mandarina, juguito casero y arepa de mamá. Con los afanes del día a día, los padres terminamos empacando, cada vez con mayor frecuencia, un ‘jugo’ de caja con ponqué ‘artesano’ de tienda. Los hijos de familias con menos tiempo seguramente recibirán, según la capacidad económica, mil o dos mil pesos para gastarse en la tienda escolar, dejando así la decisión de lo que comen a la oferta del tendero.

El resultado es que los niños están consumiendo productos de cada vez menor calidad nutricional. La Encuesta Nacional de Salud en Escolares mostró que 3 de cada 4 niños toman bebidas azucaradas una o más veces al día, y que 4 de cada 5 niños consumen productos de paquete una vez al día. Bogotá es la región que lidera el consumo de estos productos en el país. Por eso no debe sorprendernos que las cifras de malnutrición en Colombia y Bogotá vayan en aumento. Según la Encuesta Nacional de Situación Nutricional, en tan solo cinco años, la población escolar con exceso de peso aumentó 5,6 puntos porcentuales, al pasar de 18,8 en 2010 a 24,4 % en 2015. Esto significa un aumento de más de un punto porcentual por año.

En esta situación, los colegios tienen una gran responsabilidad. De acuerdo a una investigación de Valentina Rozo, investigadora de Dejusticia, en la cual se analizó la oferta y publicidad de productos en tiendas escolares de Bogotá, la oferta de productos menos saludables se daba mayoritariamente en los colegios de los estratos medios y bajos. Los estratos medios, además, estaban expuestos en mayor medida a la publicidad de bebidas gaseosas, que, dicho sea de paso, la industria se había comprometido a no presentar por medio de acuerdos de autorregulación.

Que los estratos medios sean los más atacados por la mala oferta de los productos y la excesiva publicidad no es raro. Los estudios muestran que al tratarse de poblaciones con menor conocimiento nutricional y cierta capacidad adquisitiva, es normal que la industria de alimentos y bebidas enfoquen su arsenal publicitario hacia estos. Dicha publicidad, sumada a la pobre oferta y disponibilidad de productos saludables y frescos, contribuye al mantenimiento de entornos alimentarios poco saludables.

Frente a esta situación, ¿no debería la Secretaría de Educación de Bogotá prohibir la comercialización y publicidad de estos productos de una vez por todas? De alguna manera ya lo hizo, sí, pero de forma muy laxa.

La Resolución 2092 de 2015 prohíbe la venta de bebidas azucaradas en los colegios, pero la prohibición opera de manera progresiva: un par de días el primer año, aumentando gradualmente cada año hasta establecer una prohibición total. El problema es que la progresividad es tan lenta que, a ese paso, solo tendremos una prohibición completa en 2023 –ocho años después de emitida la resolución–. Entre tanto, varias generaciones de niños atendidos en colegios públicos de Bogotá y que en su mayoría corresponden a estratos medios y bajos tendrán que exponerse a la oferta y publicidad de estos productos. ¿Qué hará la Secretaría de Educación en cuatro años, cuando los índices de obesidad infantil aumenten otros cuatro puntos porcentuales, llegando así al 30 %? ¿Por qué esperar hasta 2023, cuando el cambio puede hacerse ahora?

El pasado 25 de julio, varias organizaciones sociales, entre ellas Dejusticia, Educar Consumidores, Fian Colombia, Cajar y RedPaPaz, presentamos un derecho de petición a la Secretaría de Educación de Bogotá para que se prohíba de manera inmediata la comida chatarra de las tiendas escolares. La petición estuvo acompañada de 14.000 firmas de ciudadanos preocupados que apoyan la iniciativa y a los cuales usted también puede unirse. Señor alcalde Enrique Peñalosa, ¿por qué no tomar medidas ahora? Señores candidatos a la alcaldía, ¿qué harán al respecto?

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