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Que bien nos caerá una instancia dedicada a establecer principios, estándares y buenas prácticas de protección a la intimidad. Bienvenida sea la nueva relatoría.

Que bien nos caerá una instancia dedicada a establecer principios, estándares y buenas prácticas de protección a la intimidad. Bienvenida sea la nueva relatoría.

Desde hace varios meses se respiraba un aire de insatisfacción en las Naciones Unidas.Más exactamente, desde que Edward Snowden reveló que EEUU estaba espiando con tecnologías modernas a  algunos de sus competidores, accediendo ilegalmente a  valiosa información política o corporativa, varios Estados mostraron su descontento. Entonces, además de hacer estudios y generar discusiones, el sistema universal de derechos humanos venía recibiendo fuertes impulsos para tomar cartas en el asunto.

La necesidad de esta relatoría también fue planteada a la ONU por más de 90 organizaciones sociales, incluida Dejusticia,  que avizoraron mayores riesgos a los datos personales íntimos y sensibles con las nuevas tecnologías.  Así sucede por ejemplo con los drones.  Hasta ahora, estos avioncitos teledirigidos con cámaras de gran resolución han ofrecido servicios concretos a la policía y contados terceros. Pero los fabricantes ya están haciendo experimentos para ampliar su alcance y llegar hasta leer y analizar datos biométricos. Dentro de poco, por unos cientos de dólares, se podrá poner a funcionar un aparatico casi imperceptible para que actúe como un circuito cerrado de televisión y averigüe secretos industriales o cuente lo que sucede en una zona privada. ¿Donde quedará entonces la intimidad requerida para crear y expresarse legítimamente si antes de que uno tome la decisión de hacer público lo que tiene en la cabeza, hay un tercero que conoce y monitorea lo que pasa por nuestra esfera íntima?

También hay riesgos altos con la recolección de datos o metadatos. Es ya clásico el caso de un supermercado norteamericano que supo antes que el padre de una menor de edad, que ésta estaba embarazada, gracias a la recolección de sus datos de compra. Ni hablar de las afectaciones que sufrieron en esa familia, cuando empezaron a recibir tarjetas de felicitación por el bebé que estaba por venir y  del que nadie en la familia, salvo la embarazada, sabía.  En  estos casos, la recién creada relatoría, según lo exige la nueva resolución, debe monitorear que estas empresas también cumplan y garanticen la privacidad.

Y hasta ahora no he mencionado el mortífero uso de la información sobre periodistas, opositores políticos, organizaciones sin lucro o sindicalistas que ha hecho infelizmente popular a nuestra inteligencia, por la manipulación de sus funciones de vigilancia a lo largo y ancho de muchos gobiernos.

Que bien nos caerá una instancia dedicada a establecer principios, estándares y buenas prácticas de protección a la intimidad. Bienvenida sea la nueva relatoría.

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