Columna MGV Ministra Ciencia

"La lentitud de la ciencia también es un valor, no un problema. Darwin se demoró 20 años para publicar su teoría de la evolución porque quería evitar los errores más elementales". | Foto de Louis Reed en Unsplash

La ciencia no solo defiende un método, también defiende valores, entre ellos la modestia y la paciencia. Los científicos se dejan convencer, no pretenden poseer verdades reveladas. Son escépticos, eso sí, y por eso dudan y preguntan.

La ciencia no solo defiende un método, también defiende valores, entre ellos la modestia y la paciencia. Los científicos se dejan convencer, no pretenden poseer verdades reveladas. Son escépticos, eso sí, y por eso dudan y preguntan.

El debate sobre la ministra Mabel Torres continúa. Celebro que así sea; en medio de tanta polémica insulsa, esta es una discusión saludable y refrescante.

En el portal Razón Pública se divulgaron varios artículos defendiendo a la ministra. Son, a mi juicio, lo mejor que se ha dicho desde esa posición. Uno de ellos, del profesor William Duica, muy bien argumentado como digo, acusa a los críticos de la ministra, entre quienes me incluyo, de defender la ciencia, asumiendo, paradójicamente, una actitud dogmática, propia de tribunal de la Inquisición, contra Mabel Torres.

Creo que el profesor Duica se vale de la falacia del “hombre de paja”, la cual consiste en caricaturizar al contrario para poderlo atacar mejor. Pero no hay tal tribunal de la inquisición contra la ministra Torres. Solo se formularon preguntas y preocupaciones razonables, que es la manera como la ciencia avanza.

El conocimiento científico tiene unas reglas y la principal de ellas es que sus afirmaciones deben ser probadas. Siempre existe la posibilidad de decir no, de falsear una teoría, un experimento, una prueba. ¿Que usted tiene una nueva teoría sobre el ADN?, pues bueno, pruébela. ¿Que no cree en el método convencional para probarlo?, pues bueno, demuestre que hay un método mejor.

La ciencia no solo defiende un método, también defiende valores, entre ellos la modestia y la paciencia. Los científicos se dejan convencer, no pretenden poseer verdades reveladas. Son escépticos, eso sí, y por eso dudan y preguntan. En cambio, los saberes tradicionales son, por lo general (no siempre), dogmáticos y eso debido a que no están dispuestos a cuestionar sus fundamentos. Eso no está mal; así son, yo no los critico. Solo digo que la ciencia es otra cosa. Es un saber discutible que cambia de manera no caprichosa, según reglas de juego acogidas por todos, ellas mismas también modificables. Esto hace que los científicos puedan usar un lenguaje único y comunicarse. Un biólogo chino y otro hondureño hablan el mismo lenguaje y por eso pueden intercambiar conocimientos. Si los científicos se dividieran en comunidades con cosmovisiones diferentes, cada una con condiciones propias de verificación, el diálogo sería imposible y la ciencia se volvería una torre de Babel. Cuatro siglos de conocimiento clausurados de un portazo.

La lentitud de la ciencia también es un valor, no un problema. Darwin se demoró 20 años para publicar su teoría de la evolución porque quería evitar los errores más elementales. Por eso Alfred Wallace, que descubrió lo mismo, publicó antes que él. Hay miles de científicos que se pasan la vida entera trabajando con una molécula o en una fórmula matemática. Inculcar en los jóvenes científicos la idea de que hay caminos más cortos para encontrar verdades es poner en peligro su rigurosidad y flirtear con la charlatanería.

Hubo una época en la que la izquierda era científica, o por lo menos pretendía serlo. Eso empezó con el mismo Marx. Hoy la izquierda se ha vuelto culturalista, relativista y posmoderna, y uno de sus blancos de ataque es la ciencia, por universalista y, además, por provenir, en buena medida, de los Estados Unidos. Estoy simplificando, lo sé. Pero hay mucho de eso.

Tengo la impresión de que el profesor Duica se equivoca de persona fustigada: quienes estamos a la defensiva en este debate somos los defensores de la Ilustración y de la ciencia. Acoger los valores de Occidente, incluso cuando no se desconocen sus errores (sus crímenes), se ha vuelto impopular. Así van las cosas. Lo acepto, estar en minoría no me incomoda; lo que no me gusta es quedar del lado de los inquisidores.

Powered by swapps