Cada 17 de mayo se celebra el Día contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. En esa fecha de 1990 la OMS eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

Cada 17 de mayo se celebra el Día contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. En esa fecha de 1990 la OMS eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. | Sharon McCutcheon/Unsplash

La cuarentena anula la segunda vida y es en este escenario donde las personas LGBT se pueden quedar sin aire.

La cuarentena anula la segunda vida y es en este escenario donde las personas LGBT se pueden quedar sin aire.

Quedarse en casa por un tiempo prolongado puede ser el cielo, pero también el infierno. Puede ser que algunas personas privilegiadas hayan encontrado en este caos la oportunidad de sumergirse en la soledad y disfrutar del ocio y del ensimismamiento. Puede ser que de repente existan reencuentros amorosos entre parejas que en el afán del día a día escasamente hablaban. O puede ser que en esos reencuentros ya no se reconozcan y quede el destino inevitable de la separación. Pero acá me pregunto por cómo es el confinamiento de aquellas personas lesbianas, gays, bisexuales o trans, en su mayoría adolescentes, que siguen encerradas en su “clóset” y ahora, en la cuarentena, en otro “clóset” más grande que es la casa familiar.

El 11 de mayo, el periódico británico The Guardian publicó una noticia en donde cuenta que existe un nuevo brote del nuevo coronavirus en Seúl, la capital de Corea del Sur, y que este al parecer está relacionado con la apertura de los bares LGBT de la ciudad. Entrevistaron a un hombre de 30 años que se fue de rumba a la zona gay de Seúl y el joven admitió que fue un gran error visitar un bar todavía cuando la pandemia no ha terminado, pero señaló que fue la única oportunidad de ser él mismo y salir con gente como él, de dejar de fingir por 24 horas, por días, su heterosexualidad.

Las personas que deciden estar en el “clóset” por miedo a las violencias de sus familias o de la sociedad negocian consigo mismas tener una doble vida. La primera es la que se vive en el “clóset”, es decir, la persona se esconde de determinadas personas en un lugar pequeño y oscuro para no ser discriminada. La segunda es la que se vive afuera del “clóset”, con la pareja y las amistades, donde sale el verdadero “yo”, donde hay luz y libertad para ser. La cuarentena anula la segunda vida y es en este escenario donde las personas LGBT se pueden quedar sin aire.

Solo por mostrar algunos datos, según la encuesta nacional Estrés, Salud y Bienestar de las personas LGBT en Colombia publicada hace unos días por la Universidad de California, todas las personas LGBT encuestadas señalaron haber vivido situaciones de violencias como golpes o agresiones verbales, y la mayoría experimenta a causa de la discriminación situaciones de estrés y angustias psicológicas con pensamientos o actos suicidas. Si este tipo de situaciones se presentan con la posibilidad de tener segundas vidas, momentos fuera de ese oscuro “clóset”, ¿cómo será vivir en esta cuarentena, con la hipervigilancia de muchos ojos de familiares encima, y sin la posibilidad de abrir esa puerta?

Como bien lo señala la escritora Bell Hooks en su bello libro “Todo sobre el amor”, damos por cierto que la familia es el lugar en donde se aprende a amar y a ser amada. Pero la realidad que atestiguamos en sociedades tan violentas y machistas como la colombiana, es que a menudo la familia es un lugar lleno de agresiones y secretos turbios, donde existen tiranos con últimas palabras que confunden golpes con amor. Ojalá esta pandemia también sea una oportunidad de reflexión familiar, en la que mamás y papás se peguen una revisada y se pregunten por aquello que significa amar a sus hijos LGBT, si quieren ofrecerles en este momento tan difícil un hogar amoroso y con derechos que tenga visos de cielo o, por el contrario, una cruel e interminable cuarentena personal parecida a un infierno.

De interés: Coronavirus / Cuarentena / LGBT

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