Cambio climático

Son ellos quienes tendrían que vivir el planeta incandescente que les estamos legando. | Jon Tyson, Unsplash

El movimiento de niños, niñas y jóvenes es lo más promisorio que le ha pasado en mucho tiempo a los esfuerzos contra el cambio climático.

El movimiento de niños, niñas y jóvenes es lo más promisorio que le ha pasado en mucho tiempo a los esfuerzos contra el cambio climático.

Uno de los síntomas de los tiempos extraordinarios que vivimos es que los niños se están portando como adultos, y nosotros, los mayores, como niños. Mientras los líderes mundiales trinan puerilidades y los demás destruimos el planeta como si se tratara de un juego de niños, estos emprenden las acciones urgentes que debimos haber iniciado hace al menos un cuarto de siglo.

Greta Thunberg, una joven sueca de 16 años, lanzó el año pasado la ola de huelgas escolares contra el cambio climático que se está tomando Europa y se perfila hacia una protesta juvenil global el próximo 15 de marzo. Como lo relata Greta en una charla TED que se volvió viral, para ella (y su generación) el asunto es sencillo. Si ya comenzaron las inundaciones, las sequías y las temperaturas extremas que los expertos del cambio climático habían pronosticado, ¿por qué seguimos quemando petróleo y carbón, tumbando los bosques, comiendo carne a diario y haciendo que las emisiones de carbono sigan aumentando? Si los científicos han dicho que tenemos solo 12 años para evitar los 1,5°C de calentamiento global que pondrían en peligro la vida sobre el planeta, ¿cómo podemos hablar de otra cosa, como si no estuviéramos ante un peligro existencial, al mismo nivel de una guerra mundial?

El movimiento de niños, niñas y jóvenes es lo más promisorio que le ha pasado en mucho tiempo a los esfuerzos contra el cambio climático. Tiene tres rasgos clave: claridad, urgencia y acción. Greta los tiene todos, probablemente porque, como ella lo dice en su charla, vienen de la mano con la condición neurológica (síndrome de Asperger) que le fue detectada cuando era niña. Para quienes ven el mundo desde esa perspectiva diversa, los eufemismos y las dilaciones tienen poco sentido: las cosas se reconocen como blanco o negro cuando lo son, como el hecho de que el calentamiento global es un problema tan real como urgente.

Los jóvenes, y aún más quienes tienen la condición de Greta, tienen poca paciencia con la charlatanería adulta. Aunque Greta ha dado discursos elocuentes por Europa, lo suyo es la acción. Miles de jóvenes —desde Bélgica hasta Francia, desde Alemania hasta Australia— la han emulado, protestando frente a sus colegios cada viernes en lugar de ir a clases, para exigir que sus gobiernos aceleren la transición a energías limpias.

No sorprende que esa radicalidad haya puesto nerviosos a los políticos. Theresa May descalificó a los jóvenes diciendo que su deber es ir a clase y hacer sus tareas. La ministra de Ambiente de Bélgica tuvo que renunciar cuando acusó infundadamente a los jóvenes de estar manipulados por adultos. Las respuestas del movimiento fueron contundentes: “Volveremos a hacer nuestras tareas cuando los adultos hagan la suya” y “perder un día de clases no es nada comparado con las décadas que ustedes han desperdiciado sin hacer nada contra el cambio climático”.

Tienen toda la razón. c Ojalá la huelga del 15 de marzo sea masiva y que los jóvenes latinoamericanos se unan a ella.

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