Lucía Ramírez Bolívar

La mejor medicina no es la risa: es la morfina

Por: Lucía Ramírez Bolívarnoviembre 2, 2018

Vivir y morir sin dolor es un ejercicio del derecho a la salud y a una vida digna. Por ello, el Estado tiene la obligación no sólo de remover los obstáculos que limitan el acceso a los medicamentos opioides, sino de promover programas y políticas más flexibles que faciliten su distribución en todos los niveles de atención.

El pasado 13 de octubre se celebró el Día Mundial de los Cuidados Paliativos con el lema #PorqueYoImporto. Esta campaña busca sensibilizar a distintos sectores de la sociedad y en particular al de la salud sobre la importancia de que personas con enfermedades como el cáncer reciban la atención que necesitan, desde que son diagnosticadas hasta el final de la vida. Los cuidados paliativos buscan que estos pacientes y sus familiares tengan la mejor calidad de vida posible y sobre todo que no sufran a causa de los fuertes dolores físicos que pueden llegar a experimentar.

Cuando una persona con una enfermedad terminal no está sufriendo puede vivir este proceso con mayor dignidad, compartir con sus familiares y estar presente para tomar las decisiones que sean necesarias para cuando llegue el momento de su partida. Los medicamentos opioides para el alivio del dolor, como la morfina y la hidromorfona, entre otros, son una herramienta clave para alcanzar estos objetivos.

La OMS incluyó dentro de su lista de medicamentos esenciales varios de los opioides. Asimismo, los relatores especiales de las Naciones Unidas sobre el derecho a la salud y contra la tortura han afirmado que las fallas de los Estados en asegurar la disponibilidad de estas medicinas vulneran los derechos a la salud y a la protección contra tratos crueles, inhumanos y degradantes de los pacientes. En Colombia la Ley 1733 de 2014 establece que los medicamentos opioides deben estar disponibles las 24 horas del día, los siete días de la semana.

A pesar de estos avances, el consumo de opioides en Colombia sigue siendo bajo en relación con el número de personas que podrían necesitarlos. Por ejemplo, el consumo de morfina para el año 2015 fue de 15,18 mg/per cápita, bajo si se compara con el promedio de la región de las Américas, que fue de 25,7 mg/per cápita. Un estudio realizado por la revista científica The Lancet encontró que dentro de las principales barreras para acceder estos medicamentos están la falta de recursos financieros, el excesivo control y la insuficiente educación de los médicos para prescribirlos y administrarlos.

Vivir y morir sin dolor es un ejercicio del derecho a la salud y a una vida digna. Por ello, el Estado tiene la obligación no sólo de remover los obstáculos que limitan el acceso a estos medicamentos, sino de promover programas y políticas más flexibles que faciliten su distribución en todos los niveles de atención y con la menor tramitología posible. Entre otras medidas, es necesario repensar las políticas nacionales de control, promover la formación del personal de salud en el manejo de opioides y fortalecer las asociaciones de pacientes. Sólo así las personas que atraviesan la última etapa de su vida podrán sentir que realmente importan.

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