Sierra Nevada de Santa Marta

La relación con el territorio, especialmente con un territorio poderoso como lo es el “corazón del mundo”, construye una narrativa colectiva  que merece ser contada, sobre todo porque fue gravemente maltratada y abusada durante la época de conflicto. | Wikimedia Commons*

Ana María Ramírez

La Sierra encarna diferentes significados, y los pueblos indígenas que allí habitan tienen una conexión y comprensión íntima y ancestral con este territorio que han ocupado desde siempre.

Ana María Ramírez

La Sierra encarna diferentes significados, y los pueblos indígenas que allí habitan tienen una conexión y comprensión íntima y ancestral con este territorio que han ocupado desde siempre.

Caminaba intencionalmente más despacio que el resto del grupo, contemplando las diferentes montañas coronadas y todo lo que caía en cascada desde ellas.

Así comienza su testimonio Tiokasin, líder Lakota que tuvimos la suerte de conocer en nuestro taller con líderes y lideresas indígenas en 2017. El escenario era la Sierra Nevada de Santa Marta o el “corazón del mundo” como la llama la comunidad Kankuama, nuestros anfitriones, y estos son los pensamientos de Tiokasin que resultaron durante la caminata desde Chemesquemena hasta Guatapurí, el último pueblo kankuamo de la Sierra.

Quería experimentar y sentir el silencio de sus pensamientos y nuestra comprensión mutua sin el parloteo en el camino por delante. Las flores, los arbustos, los árboles, los insectos, las aves, las nubes, los diferentes colores y ángulos del sol y, por supuesto, el camino. La caminata “intencional” me recordó a mi hogar donde los ancianos Lakota nunca “apuran su lengua”, ni sus contemplaciones sobre las relaciones más importantes, siempre con total conciencia de lo que rodea la vida cotidiana, incluido el ser humano.

La Sierra encarna diferentes significados, y los pueblos indígenas que allí habitan tienen una conexión y comprensión íntima y ancestral con este territorio que han ocupado desde siempre. Sin embargo, durante un tiempo este lugar estuvo bajo el dominio paramilitar y sus usos y significados tradicionales le fueron despojados. El territorio sagrado de la Sierra se convirtió en un activo militar y geoestratégico, y la narrativa colectiva de los pueblos indígenas que habitan este lugar fue desplazada, casi destruida, durante la época de conflicto. Se podría decir que el dominio e intención de destrucción paramilitar en esta región generó un desplazamiento de significados y una apropiación y despojo de tradiciones materiales y culturales. Sin embargo, es necesario mencionar que la violencia del conflicto armado que cayó sobre la Sierra hace parte de una historia más larga de violencias, que no ha respetado fronteras nacionales, que ha pesado sobre otros pueblos, lo que es evidente en cómo esta caminata y territorio impactaron profundamente a Tiokasin.

Fue entonces cuando me detuve y miré hacia atrás y un anciano de cabello gris me pasó sin hacer ruido. Su paso firme me hizo sentir humilde cuando vi su mirada como si ya me esperara… ya sabía lo que estaba pensando. Me quedé parado allí mientras pasaba y vi a mi abuelo, vi a mi tío y casi me vi a mí mismo… tal vez algún día. Una confirmación de lo que le faltaba a mi experiencia como nativo occidentalizado y, sin embargo, un recordatorio de las posibilidades que existen inconscientemente debido a las distracciones de la civilización.

La narrativa de los pueblos de la Sierra y el accionar de los actores armados muestran las diferentes relaciones que se generan con los lugares que las personas habitan. Un lugar tiene esa flexibilidad, ya que su función y significado cambian según la relación de quien lo ocupa. Durante este periodo de implementación de mecanismos de justicia transicional, especialmente pensando en la labor de la Comisión de la Verdad, me pregunto cómo incluir las diferentes narrativas y comprensiones del conflicto. Cómo podemos incorporar en la reconstrucción de los hechos de violencia y voces del conflicto las afectaciones que no necesariamente son individuales, las agresiones a los territorios y por ende a la relación de las personas con éstos.

Escuché al grupo llamándome y esperándome a un lado de la carretera ante una enorme roca plana y redondeada. La comunidad nos contó sobre la historia de este lugar: unas décadas atrás este territorio presenció una guerra y los soldados tenían su cuartel general y puntos estratégicos de guardia a lo largo de las laderas de las montañas. Describieron que para ese momento los caminos estaban bloqueados y que se había perseguido y masacrado a su gente en ese mismo lugar de la roca, por lo que ya no era un lugar por donde las personas caminaban, por respeto de los que fueron asesinados allí.

La relación con el territorio, especialmente con un territorio poderoso como lo es el “corazón del mundo”, construye una narrativa colectiva  que merece ser contada, sobre todo porque fue gravemente maltratada y abusada durante la época de conflicto. Pensaría que es, además, sensato aceptar que nosotros como no indígenas, no somos quiénes para contar lo que pasó, cómo fue la agresión a las gentes y al territorio. La Comisión debe estar en capacidad de permitir a las comunidades contar cómo se dio el desplazamiento de estas narrativas, cómo fue el intento de resignificación y apropiación de los lugares. Porque este tipo de agresión al territorio implica un intento de destrucción y resignificación del espacio, y por ende de las personas que allí habitan.

Pensé en su historia, en la gente y en las situaciones que debieron enfrentar. Honré eso al sentir la fuerza de la tierra y que la piedra había sido testigo de lo mismo. Sin embargo, mientras estaba de pie mirando el valle y la distancia, las montañas con nubes subiendo y subiendo a cada momento cambiante, pensé que la Sierra Nevada es hermosa incluso en su tragedia… Esta resiliencia la hizo sólo más hermosa. Y el anciano de piedra en el que estábamos parados representaba una historia más larga de nacimiento y continuidad.

La Comisión se convierte en una oportunidad de reconocer cómo el conflicto operó, y cómo afectó las narrativas y relaciones de los pueblos y sus territorios mediante la agresión a tradiciones y territorios milenarios. El ejercicio de reconstrucción de la verdad deberá pluralizar las voces que, generalmente, hablan y cuentan el conflicto; reconocer su limitación para entender narrativas y relaciones que la superan y privilegiar la subjetividad, por ejemplo, en la relación de los pueblos indígenas de la Sierra y su territorio. Estas voces coexisten por fuera y en relación con la voz dominante, que históricamente ha sido impositiva y colonizadora. Me pregunto si, por medio de la Comisión, se podrá pensar el conflicto desde una perspectiva plural, de la mano de las comisionadas Patricia Tobón o Ángela Salazar.

Vi el universo, el cosmos de las constelaciones, las estrellas y todo el movimiento grabado naturalmente en la piedra, y sentí la vida que el sol estaba comunicando a todo el valle y dije: “esto es el universo, el cosmos, la cosmología de la tierra, la gente de aquí, la vida que podemos comprender es la piedra de más edad en la que estamos parados”.

 

Foto: Taggen [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons

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