Existe una ley social que podríamos llamar “ley de los extremos complementarios”, que dice lo siguiente: cuando, bajo ciertas condiciones, se polariza el ambiente político, los extremistas tienden a fortalecerse y a opacar a los moderados. | EFE

Las recientes declaraciones del presidente Duque en las que le atribuye todo lo que ocurre al petrismo y la respuesta virulenta de Petro tratando al presidente de incapaz y de tonto son un indicio en ese sentido. No hay duda de que a ambos les conviene el escalamiento.

Las recientes declaraciones del presidente Duque en las que le atribuye todo lo que ocurre al petrismo y la respuesta virulenta de Petro tratando al presidente de incapaz y de tonto son un indicio en ese sentido. No hay duda de que a ambos les conviene el escalamiento.

Las leyes científicas son predicciones de que, bajo ciertas condiciones, algo ocurre. Por ejemplo, cuando el agua se calienta por encima de 100 °C, se evapora. En la sociedad también es posible predecir cosas, aunque de manera menos certera que en la física. Lo social está en un espacio intermedio entre el azar que no se puede anticipar y la necesidad que no se puede evitar.

Existe una ley social que podríamos llamar “ley de los extremos complementarios”, que dice lo siguiente: cuando, bajo ciertas condiciones, se polariza el ambiente político, los extremistas tienden a fortalecerse y a opacar a los moderados. Nelson Mandela sabía que su lucha contra el apartheid, justamente por esta simetría de los extremos, podía conducir a la guerra civil. Por eso adoptó una estrategia diferente, que consistió en defender el derecho de sus enemigos a ser tratados con dignidad, como seres humanos. Así, luchando contra ellos, pero sin degradarlos, logró imponerse a los radicales de ambos lados (los blancos del apartheid y los negros de su propio partido), con lo cual evitó la guerra civil y logró la victoria para su partido. Germaine Tillion habla de esto cuando explica lo sucedido en la guerra de liberación de Argelia: cada contrincante, dice, se nutría políticamente de los ataques de su contrario. Ambos dependían del otro para salir adelante; eran enemigos complementarios y eso condujo al escalamiento terrorista de la guerra.

A finales del siglo XIX, en Colombia, los abusos electorales de los liberales dieron lugar a una contrarreforma conservadora que trajo atropellos aún peores. Jorge Orlando Melo se refiere a este fenómeno como “extremismo simétrico”. Los enfrentamientos políticos de La Violencia ilustran bien este incremento recíproco de los radicales. Más tarde, en la década de los 60 se incubó en las universidades públicas un movimiento contestatario contra el Frente Nacional. La normalidad académica se vio gravemente afectada, lo cual condujo a que las élites gobernantes, y la clase alta en general, tomaran distancia de la universidad pública (empezando por sacar a sus hijos de allí) y dejaran de apoyarla. El empoderamiento de los extremos creó un círculo vicioso que encadenó anormalidad académica, negligencia estatal, represión policial y estancamiento relativo de la universidad pública.

Me pregunto si esta ley de los extremos se impondrá en los momentos actuales. Difícil saberlo. Hay signos de que esto puede ocurrir. Las recientes declaraciones del presidente Duque en las que le atribuye todo lo que ocurre al petrismo y la respuesta virulenta de Petro tratando al presidente de incapaz y de tonto son un indicio en ese sentido. No hay duda de que a ambos les conviene el escalamiento. Sin embargo, también hay signos esperanzadores. Entre ellos destaco las manifestaciones pacíficas del miércoles pasado, el carácter cívico de la grandísima mayoría de los marchantes y las declaraciones de la hermana de Dilan Cruz, invocando la pacificación y el diálogo.

Un comentario final sobre esto último. La actitud de los familiares de Dilan no es extraña. Uno de los muchos beneficios que ha traído el proceso de paz a Colombia es que ha puesto en evidencia la enorme capacidad que tienen las víctimas para perdonar. Más aún, todo indica que la reconciliación es más difícil de lograr entre opositores del mundo político que no han sido afectados por el conflicto (no han puesto muertos en la guerra), que entre víctimas y victimarios desarmados que se encuentran, se miran a los ojos y se ponen a conversar como seres humanos. Tal vez esta es otra ley social: la ley del “perdón recíproco a partir de la mirada”. Deberíamos ser conscientes de estas dos leyes para predecir el futuro y para no repetir el pasado de violencias y frustraciones.

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