Hambre, bancos de alimentos

La proliferación de los bancos de alimentos es testimonio del fracaso de los gobiernos que no saben cómo solucionar el hambre y redistribuir los alimentos. | Carlota Ciudad, EFE

Los bancos de alimentos son buenas estrategias, pero no sirven para “erradicar la malnutrición infantil”. Alimentar con los desperdicios de gigantes alimentarios no es digno ni sostenible.

Los bancos de alimentos son buenas estrategias, pero no sirven para “erradicar la malnutrición infantil”. Alimentar con los desperdicios de gigantes alimentarios no es digno ni sostenible.

En la última semana, a propósito del Día Mundial de la Alimentación, muchas voces se alzaron para hablar de la lucha contra el hambre. Distintas personalidades recordaron las cifras vergonzosas del desperdicio de alimentos en contraste con los indicadores del hambre*, y algunas corporaciones tomaron la vocería para resolver esta situación. El discurso de la industria de la comida chatarra cautivó de manera especial mi atención, en tanto argumento publicitario con tinte social, fresco, ensoñador, pero también confuso.

La industria de bebidas y alimentos representada por la ANDI lanzó la Alianza por la Nutrición Infantil, que, junto con Abaco —Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia—, busca “tener un país mejor alimentado y erradicar los diferentes tipos de malnutrición infantil”, a través de la redistribución de excedentes de alimentos. Suena todo muy bien, punto para la industria. Hasta que nos atrevemos a ir un poquito más allá…

Conviene subrayar que los bancos de alimentos fueron creados como mecanismos de emergencia de corto plazo. Sin embargo, con el tiempo se fueron institucionalizando, y aunque algunos los justifican con el argumento de que es la cara solidaria de la sociedad, su proliferación es testimonio del fracaso de los gobiernos que no saben cómo solucionar el hambre y redistribuir los alimentos.

En Colombia, los bancos de alimentos funcionan bajo la idea de que es necesario reducir los excedentes de comida de la cadena alimentaria, propósito que podemos celebrar. Sin embargo, resulta extraño tratar de resolver así la compleja ecuación de desperdicio y nutrición: solo en el procesamiento industrial de alimentos se desperdician alrededor de 350.000 toneladas de comida, mientras que la iniciativa de Abaco logra redistribuir apenas un 0,30 % del desperdicio nacional. Si de verdad se toman en serio la utilización de excedentes, ¿cuáles son las iniciativas de la industria para reducir el restante 99,7 % de lo que se desperdicia?

Más allá del interés por la nutrición infantil, es importante resaltar que la industria de bebidas y alimentos recibe grandes beneficios al participar en estas iniciativas. Por ser donantes de los bancos de alimentos pueden gozar de deducciones de impuestos, y al pertenecer a estas alianzas robustecen la imagen de responsabilidad social empresarial, es decir, logran publicidad para sus marcas a bajo costo.

Les quedó muy lindo el discurso del juego del hambre, pero, al margen de lo que nos dicen los medios, ¿su interés será tan genuino como dicen? Los bancos de alimentos son buenas estrategias, pero no sirven para “erradicar la malnutrición infantil”. Alimentar con los desperdicios de gigantes alimentarios no es digno ni sostenible, y no resuelve las causas estructurales de las diferentes formas de malnutrición.

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