|

EN MI COLUMNA DE LA SEMANA PAsada hablé del Día de la Raza y traté de explicar el significado que para los latinoamericanos tuvo la conquista española y lo mucho que todavía estamos atados al mundo colonial.

EN MI COLUMNA DE LA SEMANA PAsada hablé del Día de la Raza y traté de explicar el significado que para los latinoamericanos tuvo la conquista española y lo mucho que todavía estamos atados al mundo colonial.

EN MI COLUMNA DE LA SEMANA PAsada hablé del Día de la Raza y traté de explicar el significado que para los latinoamericanos tuvo la conquista española y lo mucho que todavía estamos atados al mundo colonial.

A Jaime Arocha, columnista de este diario, no le gustaron mis explicaciones y se declara perturbado cuando digo que “Los españoles vencieron a los indígenas con sus espadas y sus caballos, pero preñaron a las indias (luego a las esclavas negras) y los mestizos que de allí nacieron vivieron para reproducir la mentalidad de la sangre más poderosa que corría por sus venas”. Tres cosas le disgustan a Arocha en este párrafo: 1) que no se diga casi nada “de los africanos y de sus descendientes”; 2) que las uniones interétnicas sean puestas en tela de juicio y 3) que se usen palabras como “india” y “negra” que refuerzan la subordinación de estos grupos étnicos.

Lo primero es que si no hablo más de los atropellos contra la población afro no lo hago porque considere que éstos fueron menos importantes que los cometidos contra los indígenas. Simplemente lo hice por falta de espacio. Yo no estaba haciendo una lista taxativa de las víctimas de la Conquista sino ilustrando el fenómeno muy complejo del mestizaje. En segundo lugar, es evidente que no pongo en tela de juicio las uniones interétnicas; ni escribí eso, ni eso se deduce de lo que escribí.

En tercer lugar está el interminable debate sobre el lenguaje políticamente correcto. No creo que llamar negros a los afrodescendientes o indios a los indígenas sea una ofensa. No sólo lo digo yo; lo dicen algunos negros e indígenas que reivindican el uso de esas palabras y sostienen que eliminarlas sería tanto como reconocer la victoria de los que quisieron imponer su uso peyorativo. Pero reconozco que en esto puede haber discusión y acepto que quizá no vale la pena utilizar esos términos cuando algunos se sienten ofendidos. En todo caso mi intención no fue usarlos de manera despectiva.

El profesor Arocha también se siente perturbado cuando digo que los mestizos nacieron para “reproducir la mentalidad de la sangre más poderosa que corría por sus venas” y me acusa de defender “la deplorable tesis de que las aptitudes mentales son transmitidas por la sangre” y “la perversa raciología del siglo XIX” que sostiene que la mentalidad mestiza es más poderosa que la indígena.

No creo que sea para tanto. Cuando hablo de la “sangre más poderosa” lo digo como una metáfora (otros han dicho algo muy parecido, como John Crow, en su gran historia del imperio hispánico) que se refiere al hecho de que desde el siglo XVIII los mestizos quisieron imitar al padre ausente, poderoso y libre. (Margarita Garrido tiene un texto muy bello sobre esto, titulado Honor, reconocimiento, libertad y desacato). Sin embargo, por los comentarios que me hicieron, veo que a muchos no les gustó que me expresara en esos términos. De nuevo, no tuve la más mínima intención de usar un lenguaje peyorativo; simplemente quise ilustrar el hecho histórico.

Por último, soy consciente de que muchas de las cosas que aquí digo son motivo de debate y estoy dispuesto a discutirlas y a cambiar de opinión si ello es necesario.

~~~

No sobra agregar que Dejusticia promueve la discusión y el pluralismo entre sus miembros. Por eso, lo que escribo en estas columnas no necesariamente compromete ni refleja la opinión de esa institución.

De interés: 

Powered by swapps