Montes de María

La implementación del PDET pone en jaque a las autoridades para avanzar en modelos de planificación del territorio que limiten los monocultivos, la minería y la ganadería extensiva, que están causando daños ambientales en algunos municipios. |

Para el 2028 los Montes de María serán reconocidos como un territorio ambientalmente sostenible, líder en producción alimentaria agroecológica, con procesos de transformación y comercialización que garanticen la seguridad y soberanía alimentaria.

Para el 2028 los Montes de María serán reconocidos como un territorio ambientalmente sostenible, líder en producción alimentaria agroecológica, con procesos de transformación y comercialización que garanticen la seguridad y soberanía alimentaria.

En medio de intensos debates terminó esta semana en Sincelejo (Sucre) la construcción del plan que podría transformar los Montes de María en un lugar que garantice condiciones de dignidad para su gente. Ahora empieza el reto de asegurar el presupuesto que permita su ejecución transparente durante 10 años, para que la politiquería no traicione las demandas ciudadanas manteniendo las condiciones de pobreza de la zona rural.

Con 13 mil participantes, la construcción del Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) de Montes de María es, de lejos, el ejercicio con mayor participación que el Estado ha impulsado en la región, y muestra hasta ahora por lo menos tres cosas: (i) la madurez de la gente montemariana para contribuir en debates propositivos, con su conocimiento de los problemas y de la ruta de solución; (ii) que el Estado (en este caso la Agencia de Renovación del Territorio) es capaz de impulsar procesos que movilicen a la sociedad, aunque haya faltado mayor presencia de las autoridades departamentales y municipales; y (iii) que se requiere más compromiso del sector privado (casi ausente) con este escenario de desarrollo local.

La hoja de ruta de Montes de María quedó clara en el plan: la conservación de los ecosistemas y la producción de alimentos en modelos de economía familiar campesina. Para el 2028 la subregión será reconocida como un territorio ambientalmente sostenible, líder en producción alimentaria agroecológica, con procesos de transformación y comercialización que garanticen la seguridad y soberanía alimentaria. Esta decisión pone en jaque a las autoridades para avanzar en modelos de planificación del territorio que limiten los monocultivos, la minería y la ganadería extensiva, que están causando daños ambientales en algunos municipios.

El turismo, otra de las apuestas, no deja de generar inquietud. Mientras se hablaba de sus beneficios futuros, muchos repetían que es el “nuevo petróleo”. Por el contrario, un turismo mal desarrollado puede abrir las puertas a nuevos destierros, y empeorar las condiciones de vulnerabilidad de las comunidades. Para evitarlo, en la visión del plan se consignó que éste debe ser comunitario, étnico y cultural. Esperemos que así sea, y que se sorteen los riesgos que avizoro.


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Si el PDET falla, ya sea por el desinterés del presidente Duque en cumplir los compromisos asumidos en el Acuerdo de Paz, porque los gobiernos locales desconozcan las priorizaciones de inversión pública realizadas, o por la falta de seguimiento y gestión de las comunidades, fallará entonces la posibilidad de avanzar en la consolidación de la paz en los territorios. El reto para las organizaciones sociales, el Gobierno nacional y local es enorme.

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