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Mujeres trans indígenas

Este es un llamado a las instituciones del Estado para que, en compañía de los demás actores, medien por un diálogo intercultural en la garantía de los derechos humanos universales, interdependientes e indivisibles de las personas LGBT dentro de los pueblos indígenas. Por ejemplo, la creación de rutas de atención para esta y otras formas de discriminación multiple. | Esteban Biba, EFE

Este debate no es sencillo, pero quiero creer que llegará el día en que las personas que habitamos Colombia nos sentiremos orgullosos y celebraremos la diversidad.

Este debate no es sencillo, pero quiero creer que llegará el día en que las personas que habitamos Colombia nos sentiremos orgullosos y celebraremos la diversidad.

Las personas LGBT dentro y fuera de los territorios indígenas están en riesgo. Así lo demuestran las historias de varias mujeres trans provenientes de algunos pueblos indígenas del país que sufren discriminación múltiple y que han tenido que abandonar sus pueblos natales. La situación no es fácil en sociedades patriarcales y machistas, que aún con diversos matices, existen hoy en colombia. En algunos pueblos indígenas, existen castigos severos y sanciones para quienes se reconocen sexualmente diversos, los reglamentos son modificados y los matrimonios arreglados bajo la norma heterosexual y cisgénero.

Algunas de esas historias son la de Jorgina, una mujer trans y Wayuu a la que el prejuicio le incendió su casa. O la de Samantha, mujer trans y Embera, quien tuvo que abandonar su comunidad pues reconocerse diversa va en contra del reglamento de su comunidad. Ella ahora hace parte de las tantas mujeres trans que habitan el municipio de Santuario, Risaralda,donde han encontrado un espacio para ser mientras trabajan recolectando café. 

Desplazarse a otros lugares se convierte en la mejor opción para muchas y muchos en la búsqueda de una vida en condiciones dignas para lesbianas, gays, bisexuales y trans indígenas, ya que bajo algunas cosmovisiones ancestrales, el espacio para la diversidad sexual es muy reducido. Huir es el difícil destino fatídico que terminan irremediablemente tomando, sumado a que abandonar el territorio se hace con las manos vacías y en muchos casos sin saber castellano. Esa situación de desarraigo y la fuerte ruptura que impacta en la identidad de cada persona, y en últimas a los mismos pueblos indígenas, expone a quienes migran a nuevas violencias, que no son menos graves, en donde el ciclo de exclusión continúa ahora con las ciudades como telón de fondo.


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Aunque las travesías a lo desconocido son difíciles, hay esperanza, como lo demuestran algunas acciones de resistencia. Historias como la de Roxana Pachi, mujer trans y Embera, quien es diseñadora y lleva sus creaciones a las pasarelas del mundo. O la de Geraldine, mujer trans y Embera-Chamí, quien trabaja para un laboratorio genético en la ciudad de Medellín y se ha convertido en un referente para su comunidad. Esperemos que sean muchas más historias como las de ellas, para que sean la regla y no la excepción.

Frente a este panorama, diversos actores son convocados para que actúen. El informe ¡Es Ahora! de Caribe Afirmativo y Colombia Diversa presenta algunas recomendaciones para los actores involucrados: el Estado, la cooperación internacional, el sector privado, organizaciones indígenas, autoridades de gobierno indígena y organizaciones LGBT. Por eso es necesario un llamado urgente a las organizaciones indígenas como la ONIC o la OPIAC para que se reflexione sobre la diversidad sexual y de género, pues esta también habita dentro de las comunidades a pesar de que son consideradas como castigo, tabú, enfermedad o una acción que va en contra de la naturaleza. Las personas trans también tienen derecho a permanecer en sus territorios, a conservar y a practicar su cultura.

Es un llamado a las instituciones del Estado para que, en compañía de los demás actores, medien por un diálogo intercultural en la garantía de los derechos humanos universales, interdependientes e indivisibles de las personas LGBT dentro de los pueblos indígenas. Por ejemplo, la creación de rutas de atención para esta y otras formas de discriminación multiple. Es un llamado a las organizaciones de la sociedad civil para que sigan investigando al respecto y visibilizando casos difíciles como los de Jorgina y Samantha, y también los esperanzadores como los de Geraldine y Roxana.

Este debate no es sencillo, pues en él confluyen distintas cosmovisiones y que en todo caso no deja de tener tensiones culturales. Por lo que quiero invitar a la reflexión y al diálogo entre los diversos actores. Pues quiero creer que llegará el día en que las personas que habitamos Colombia nos sentiremos orgullosos y celebraremos la diversidad como sucede con las muxes de Juchitán de Oaxaca (México), quienes siguen representando una concepción amplia del género desde la tradición Zapoteca y que interpela el estrecho binarismo heredado de la tradición colonial.

De interés: Género / Indígenas / LGBT / Mujeres / Mujeres y raza

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