Navegando los derechos humanos en un Yemen devastado por la guerra

Por: septiembre 12, 2018

El espacio para el activismo en Yemen está azotado y disminuído por la guerra. Sin embargo, Mwatana for Human Rights sigue defendiendo los derechos humanos.

Por: Osamah Alfakih*

 

El estado de la sociedad civil durante el inicio del conflicto

A comienzos del 2011, después de la ola de protestas que atravesó el Medio Oriente y el Norte de África, incluso Túnez y Egipto, la juventud de Yemen comenzó una revolución contra el régimen del entonces presidente Ali Abdullah Saleh. Ocurrió en febrero, en una plaza pública en la ciudad capital de Sanaa, que más adelante sería conocida como “La Plaza de Cambio”, por las protestas. Saleh había gobernado la República Árabe de Yemen desde 1978 y seguía en el poder después de la unificación del República Árabe de Yemen y la República Popular Democrática de Yemen en el año 1990. Gente de distintos antecedentes, incluso estudiantes, académicos, escritores, granjeros, trabajadores, y miembros de tribus salieron en protesta para la justicia social. La revolución de 2011 probó la eficacia de la sociedad civil para dirigir la transformación que había pedido la gente. Desde mi punto de vista, como activista de  derechos humanos que ha trabajado con una variedad de organizaciones locales e internacionales desde 2008, la sociedad civil de Yemen no logró llenar las demandas y expectativas de la sociedad debido a factores políticos, sociales, y geopolíticos significativos que precedieron la revolución.

Las ONGs partidistas han sido culpables, en gran parte, del fracaso de la sociedad civil en potenciar la energía de los jóvenes revolucionarios.

Según indicadores del Banco Mundial, el número de organizaciones no gubernamentales (ONGs) registrado de manera oficial en Yemen antes de 2011 fue alrededor de 7.000; en 2014 la cantidad había aumentado a más que 8.300. Sin embargo, a pesar de la predominancia aparente de la sociedad civil, estos grupos no alcanzaron generar los cambios que esperaba la gente. Al contrario, los partidos políticos de la oposición, conocidos como los Joint Meeting Parties (JMP), aprovecharon esa falla de la sociedad civil haciendo que la revolución pasara de ser un levantamiento popular a una disputa política entre sus partidos  y el régimen de Saleh. El 23 de noviembre 2011, se firmó la iniciativa del Consejo de Cooperación del Golfo en Riyadh, Arabia Saudita, la cual allanó el camino para que el entonces vicepresidente Abd-Rabbu Mansour Hadi (el presidente hoy en día) negociará la transferencia del poder con la oposición a cambio de la inmunidad para Saleh.

En Yemen, la gente salió en 2011 para protestar el gobierno de entonces presidente Ali Abdullah Saleh. Funte: Al Jazeera English (CC BY 2.0), Flickr.

Las ONGs partidistas han sido culpables, en gran parte, del fracaso de la sociedad civil en potenciar la energía de los jóvenes revolucionarios. Antes del 2011, algunos partidos políticos crearon ONGs que eclipsaron la capacidad de las organizaciones independientes de la sociedad civil de promover una justicia social de principios y normas de derechos humanos durante la transición. En particular,  durante el régimen de Saleh, la oposición estableció ONGs que fueran críticas del régimen. Sin embargo, cuando la coalición JMP de la oposición anterior llegó al poder, estas ONGs partidistas, que fueron empoderados en el espacio de la sociedad civil, empezaron a trabajar para el nuevo Presidente Hadi.

Otros problemas inmemoriales, incluida la falta de planificación estratégica y la incapacidad de manejar los fondos e intereses de los donantes, también obstaculizaron la capacidad de la sociedad civil para unirse y reforzar los intereses y aspiraciones de la sociedad durante la revolución de 2011. Por ejemplo, debido al aumento de ayuda extranjera para apoyar la transición política después de la iniciativa del CCG, muchas ONGs arrancaron actividades relacionados con la transición aunque no tuvieron experiencia ni entrenamiento en este área. se embarcaron en actividades relacionadas con la transición política a pesar de su falta de preparación o experiencia en esta área. Estas experiencias plantearon una cuestión tangencial de si la ayuda externa estaba haciendo más daño que bien en Yemen.

La sociedad civil y el público general fueron marginados sistemáticamente de este proceso.

Entre el 18 de marzo 2013 y el 24 de enero 2014, se realizó la Conferencia Nacional de Diálogo (NDC) para concretar la transición pacífica del poder. Sin embargo, la sociedad civil y el público general fueron marginados sistemáticamente de este proceso. Se suponía que los “20 Puntos”, que enumeraban una lista amplia de quejas y reclamaciones de conflictos armados previos, de detenciones, y de discursos de odio (escritos por un comité de miembros de la sociedad civil y otros expertos), se implementarían como parte de la NDC. Sin embargo, los diversos actores políticos, incluido el presidente Hadi, y la comunidad internacional ignoraron los llamamientos para incorporar los 20 puntos en el proceso de transición y, en su lugar, decidiendo seguir adelante, sin incluirlos.

Mientras se realizaba la NDC en el Hotel Mövenpick en Sanaa, el grupo armado Ansar Allah, también conocido como los Houthis, empezó a expandir su alcance militar hacia el capital. Tradicionalmente, los Houthis—un grupo islámico chiito que inició como un movimiento teológico en los 1980s para recuperar el Zaydismo, una trama de chiismo—han estado en contra del presidente Ali Abdullah Saleh, debido principalmente a su percepción del apoyo que le da el presidente a la política extranjera de los Estados Unidos. Eso impulsó seis conflictos intermitentes entre los Houthis y las fuerzas armadas yemeníes durante los años 2004 a 2010 que finalmente condujo a un levantamiento actual. Evidentemente, el proceso de la NDC fue bastante alejado de las realidades sobre el terreno. Siguieron los enfrentamientos y, finalmente, la transición político yemení se derrumbó. El país empezó un nuevo ciclo de conflictos armados cuando los Houthis y las fuerzas leales al ex-presidente Saleh tomaron por la fuerza el control de Sanaa el 21 de septiembre de 2014.

Los Houthis forzaron al presidente Hadi a estar bajo arresto domiciliario en enero de 2015. Un mes después Hadi huyó hacia Adén, una ciudad en el sur de Yemen, y desde allí fue para Riyadh, Arabia Saudita en marzo de 2015. Para entonces, las fuerzas Houthi-Saleh ya habían avanzado hacia Taizz, la tercera ciudad más grande del país ubicada en el sudoeste, en su marcha hacia la ciudad portuaria sureña de Adén. En la mañana del jueves 26 de marzo 2015, Arabia Saudita lanzó una campaña militar con una coalición de nueve estados árabes contra las fuerzas de Houthi-Saleh. Arabia Saudita intervino para proteger su “vecindario”, ya que  los Houthis son apoyados por Irán, la némesis de Arabia Saudita en la región, y cuya rivalidad ha sido el centro de gran parte del conflicto en Medio Oriente durante décadas. Contrario a su posición pública, en la que argumentan que están allí para “restablecer legitimidad en Yemen”, a los saudíes solo les interesa enfrentarse en una guerra de poder contra Irán.

 

Los impactos de la guerra en la sociedad civil

Como consecuencia de la guerra que comenzó oficialmente en septiembre de 2014 y que sigue hoy en día, el espacio público para ONGs, entidades de los medios de comunicación, y activismo político se ha encogido progresivamente. Los Houthis han llevado a cabo una campaña contra oponentes y entidades que no conforman a su discurso. Por ejemplo, cerraron varias organizaciones locales, particularmente las que tuvieron afiliaciones con partidos políticos de la oposición. Además, los periodistas y la prensa se han sometido a campañas de desprestigio y ataques por los actores del conflicto. Incluso, estos actores del conflicto (por un lado la coalición encabezada por Arabia Saudita y las fuerzas del gobierno de Hadi, y por el otro lado las fuerzas de Houthi-Saleh), han cometido detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas contra líderes y activistas civiles y políticos.

Actualmente, la cantidad de organizaciones activas es muy poca comparada al número de organizaciones registradas. A la mayoría de las organizaciones locales activas les ha tocado cambiar su enfoque hacía la asistencia humanitaria y de emergencia.

Fuente: Al Jazeera English (CC BY 2.0), Flickr

Mwatana for Human Rights, una organización independiente de derechos humanos yemenita, se registró oficialmente en abril de 2013. Aunque el grupo se estableció en 2007 (como “Hewar Forum”), no recibió un permiso del régimen de Saleh debido a las críticas de Hewar al gobierno, particularmente durante las  Guerras de Saada (seis guerras entre 2004 y 2010) y contra el Movimiento del Sur en 2007.

Dado el objetivo principal de Mwatana de documentar violaciones de los derechos humanos de todas las partes del conflicto, la organización ha sido blanco de amenazas, detenciones, y campañas de desprestigio. El personal de Mwatana trabaja en circunstancias difíciles a diario, tanto en la oficina principal en Sanaa como en el campo. De hecho, distintos actores del conflicto han detenido algunos miembros del personal de campo en regiones diversas del país. Muchos fueron liberados sólo cuando los líderes de Mwatana, junto con los pesos pesados de organizaciones asociadas como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, ejercieran presión sobre los líderes del grupo armado. Además, muchos trabajadores recibieron amenazas personalizadas: en persona, por mensajes de texto y por teléfono.  

Aunque Mwatana está enfrentando amenazas y ataques de todas las partes del conflicto, su compromiso ha facultado a la organización para seguir luchando por los civiles.

El 4 de marzo 2016, los Houthis confiscaron el pasaporte de Abdulrasheed Alfaqih, el director ejecutivo de Mwatana, en el aeropuerto internacional de Sanaa al momento que llegó desde Amman, Jordania. Había llegado de una conferencia internacional de solidaridad con los periodistas yemeníes, organizado por la Federación Internacional de Periodistas, el Sindicato de Periodistas Yemeníes, y otras organizaciones internacionales.

El 14 de junio 2018,  Alfaqih fue detenido durante unas 10 horas en el punto de control de Bab al-Falaj, en la gobernación de Marib, que es controlada por las fuerzas del presidente Hadi. Solo cuatro días después, el 18 de junio 2018, la coalición encabezada por Arabia Saudita y las autoridades del aeropuerto de Seiyun, en la localidad  de Hadhramout, confiscaron los pasaportes de Radhia al-Mutawakel, el presidente de Mwatana, y Alfaqih, y luego los detuvieron  mientras viajaban a preparar un taller de capacitación en conjunto con la Unión Europea y para que Alfaqih accediera a un tratamiento médico. Después de una intensa presión local e internacional, fueron liberados después de 12 horas de detención.

 

La lucha de Mwatana por  los derechos humanos en un espacio cívico decreciente y azotado por la guerra

A pesar de estas circunstancias  sumamente difíciles en un espacio para el activismo azotado y disminuído por la guerra, Mwatana for Human Rights se ha mantenido firme en su misión de defender los derechos humanos. Consciente de los fracasos históricos de la sociedad civil, el liderazgo y el personal de Mwatana ha redoblado sus esfuerzos para cumplir con los  más altos estándares profesionales. Aunque Mwatana está enfrentando amenazas y ataques de todas las partes del conflicto, su compromiso ha facultado a la organización para seguir luchando por los civiles.

No hay magia en la fuerza particular de Mwatana. En cambio, los esfuerzos de la organización son el resultado de decisiones coordinadas y estratégicas.

En marzo de 2014, cuando el conflicto armado en Yemen comenzó a intensificarse, Mwatana sólo tenía  siete miembros. Hoy en día, en 2018, se ha expandido a unos 70 empleados de tiempo completo distribuidos en 20 de las 22 provincias de Yemen. La organización tiene tres unidades principales: Investigación, Apoyo Jurídico, y Comunicaciones. En los últimos años, la unidad de investigación se ha concentrado en la documentación de los patrones de violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos cometidos por todas las partes en el conflicto, mientras que la unidad de apoyo jurídico se ha enfocado en medidas de servicio directo a las víctimas de detención arbitraria, desaparición forzada, y tortura. El personal en todas las unidades han salido audazmente más allá de Sanaa para visitar centros de detención, hospitales, víctimas y sus familias, y testigos presenciales, a fin de llamar a la atención mundial lo que está pasando y buscar justicia para una guerra catastrófica e inmensamente letal.

Radhya Al-Mutawakel, centro, representa la organización Mwatana para informar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la situación de derechos humanos en Yemen. Fuente: United Nations Photo (CC BY-NC-ND 2.0), Flickr.

Mwatana ha llevado a cabo algunos cambios particulares en sus operaciones estratégicas y cotidianas para sortear los problemas típicos con que se enfrentan las ONGs locales yemeníes. Por ejemplo, Mwatana creó otras unidades de apoyo y equipos de administración para enfocarse en asuntos administrativos y financieros. Estos empleados no necesariamente tienen experiencia con los derechos humanos, pero sus experiencias profesionales en administración y administración de recursos ha fortalecido enormemente el trabajo de los investigadores. Una unidad de proyecto, recientemente creada, se enfoca en la recaudación de fondos y en mantener las relaciones con donantes y colaboradores locales e internacionales para obtener los fondos y el apoyo financiero para las actividades de Mwatana. El mandato de cada unidad ha permitido una estructura organizativa cohesiva que promueve la sostenibilidad del trabajo.

Es más, como resultado de sus esfuerzos, Mwatana ha sido reconocida internacionalmente. Por ejemplo, el 30 de mayo 2017, Mwatana informó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, siendo la primera organización local yemení en dirigirse a este organismo. En el informe, Al-Mutawakel describió la situación sobre el terreno y puso demandas importantes sobre la situación humanitaria y de derechos humanos, centrándose en algunas violaciones extendidas de los derechos humanos internacionales y del derecho internacional humanitario.

No hay magia en la fuerza particular de Mwatana. En cambio, los esfuerzos de la organización son el resultado de decisiones coordinadas y estratégicas sobre cómo operar efectivamente en un espacio de sociedad civil cooptado y casi inexistente. La independencia de la organización, su compromiso con la exactitud, y el cumplimiento de los principios consagrados en su código de conducta han permitido que Mwatana siga haciendo un trabajo impactante, que no solo fortalece una sociedad civil débil, sino que también hacer rendir cuentas a las partes enfrentadas sobre sus violaciones de los derechos humanos.

De interés: 

Powered by swapps