Alejandro Rodriguez Llach

Reformulando la Receta Contra la Pobreza

Por: Alejandro Rodriguez Llachseptiembre 10, 2018

El crecimiento económico por sí mismo no es suficiente para aliviar la pobreza extrema. Se necesitan alternativas creativas y dirigidas a poblaciones particulares, como las transferencias monetarias no condicionadas y donaciones de ganado.

La pobreza hoy en día es una de las principales causas y consecuencias de violaciones de derechos humanos alrededor del mundo. A pesar del increíble desarrollo económico y tecnológico que ha experimentado la sociedad mundial en el último siglo, hoy en día, el 9,6% de la población mundial (es decir, 705.55 millones de personas) todavía viven en situación de pobreza extrema.[1] Esta condición, como lo declara el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU, es “una combinación de escasez de ingresos, falta de desarrollo humano y exclusión social”[2] que no solo impide la realización de los derechos de la persona que la padece, sino que también conduce a más violaciones de derechos humanos.

Es por lo anterior que desde hace mucho años, gobiernos, organizaciones multilaterales y organizaciones de la sociedad civil de todas las partes del mundo, se han propuesto combatir este flagelo desde todos los frentes. Aunque se pueden evidenciar algunos de los resultados de esta lucha en la disminución progresiva a través del tiempo de la población mundial en situación de pobreza extrema, todavía queda mucho trabajo por hacer. Esto, especialmente en los países en vía de desarrollo ubicados en el sur global, en donde está más del 90% de la población pobre del mundo.

Fuente: Our World in Data

A través de los años se han discutido distintas estrategias para erradicar la pobreza. Dentro de estas,  el crecimiento económico se presentó por mucho tiempo como la mejor forma de combatirla. Sin embargo, el aumento de la desigualdad mundial demostró que el crecimiento por sí solo no iba a solucionar el problema. De acuerdo a un informe de Oxfam del 2017, el 1% de la población mundial tiene la misma riqueza que el 99% restante, resaltando además que los más pobres han quedado al margen de las ganancias del crecimiento económico. Por otro lado, un estudio realizado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo calculó que, para llevar a las poblaciones más vulnerables a un ingreso mínimo de 5 dólares al día únicamente con crecimiento económico, se necesitarían aproximadamente 200 años y que la producción actual incrementase 173 veces.

A raíz de esto, nuevas metodologías para erradicar la pobreza han ido surgiendo como alternativas al crecimiento económico. Un ejemplo de estas, es la propuesta de Bill Gates de dar aves de corral a las familias más pobres. El filántropo y multimillonario estadounidense argumenta que las aves de corral son un motor infalible para combatir la pobreza al darle a las familias activos fáciles de cuidar y fáciles de multiplicar. Al mismo tiempo sostiene que estos contribuyen a la nutrición de estas personas y al empoderamiento de las mujeres. Desafortunadamente, al día de hoy no existen evaluaciones de impacto que muestren los resultados de esta iniciativa, aunque sí numerosas críticas, que van desde los costos y tiempo de retorno a la inversión, hasta su adaptación real a los distintos contextos locales.

Fuente: GALVmed, Flickr

Proyectos similares al de Gates, enfocados en brindar activos no monetarios a las poblaciones en situación de vulnerabilidad, se han venido desarrollando paralelamente alrededor del mundo. Tal vez una de las organizaciones que más ha aportado en este tipo de iniciativas es el Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab o J-PAL, la cual ha desarrollado proyectos de todo tipo con poblaciones en situación de pobreza extrema en el sur global. Buenos ejemplos de estos proyectos, con resultados muy interesantes, pueden ser el  entrenamiento vocacional para mujeres jóvenes en Colombia o la donación de fertilizantes para los cultivos de familias agricultoras en Kenia.

Otra alternativa que ha ganado fuerza en los últimos años, son las Transferencias Monetarias No Condicionadas (TMNC). Esta estrategia se diferencia de las Transferencias Monetarias Condicionadas (TMC) – muy conocidas en América Latina por los programas de Bolsa Familia en Brasil y Familias en Acción en Colombia – en que, como su nombre lo dice, no exigen ningún tipo de contraparte de la persona que recibe la transferencia. Estos programas se basan en la premisa de que las mismas personas saben más que nadie cuáles son sus necesidades primordiales, y por lo tanto, gastarán el dinero recibido de una mejor forma. Y según la evidencia, tienen razón.

Distintos pilotos se han llevado a cabo por organizaciones y gobiernos locales en varios países. En Kenia, Uganda y Ruanda, la organización sin ánimo de lucro Give Directly ha implementado un programa en donde transfiere a través de un teléfono móvil 1000 dólares anuales a familias en situación de pobreza extrema escogidas aleatoriamente y sin ningún tipo de compromiso en cómo gastarse este dinero. Los resultados de una evaluación de impacto realizada por profesores de la Universidad de Princeton para el caso de Kenia, muestran que los receptores de estas transferencias aumentaron sus activos, su consumo, su seguridad alimentaria y su bienestar sicológico en magnitudes considerables.

Otro caso relevante es el experimento llevado a cabo en zonas rurales del Estado de Madhya Pradesh en India. En este, distintas aldeas, con elevados niveles de pobreza y marginalización, fueron escogidas por el programa para recibir TMNC mensuales de 3,9 dólares por adulto y de 1,30 dólares por niño. Los resultados de este experimento muestran que las familias receptoras gastaron este dinero en más y mejor alimentación. De igual manera, el gasto de estas familias se destinó principalmente en medicinas, semillas, fertilizantes y en mejoras a su vivienda. Además, la proporción de hogares que reportaron que podían comprar comida suficiente aumentó de 58% a 78%. En cuanto a educación, el 66% de las niñas en las aldeas del grupo de tratamiento se encontraban en escuela secundaria frente a un 36% en las aldeas del grupo de control (aldeas que no recibieron TMNC). A su vez, las familias pudieron aumentar su ingreso en un 21%, reportando también un aumento en las actividades laborales. De hecho, este programa ha sido tan exitoso que el Ministerio de Finanzas de este país está considerando un Ingreso Básico Universal para toda la población del país como una forma de combatir la pobreza de una manera más costo efectiva y eficiente.

Así pues, ante la evidencia de estas iniciativas, vale la pena preguntarse ¿deberían éstas implementarse de una manera más sistemática en otras partes del mundo? La historia ya ha confirmado que la política fiscal de los países y el crecimiento económico no han podido lograr el objetivo de una forma eficaz. Por el contrario, han rezagado a las poblaciones más vulnerables en este proceso, ampliando la brecha cada vez más entre los más ricos y los más pobres. Aunque no es para nada claro cuál de estas nuevas alternativas es la mejor, y se deben tener muy en cuenta los contextos locales en donde se pongan en marcha, es deseable que más gobiernos y organizaciones internacionales empiecen a considerar estas opciones. De esa forma, se podría estar formulando una nueva receta contra la pobreza mundial.

De interés: DESC / Derechos económicos

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