(CC BY-NC-ND 2.0) | Ava Babili

Ana María Ramírez

Los pájaros se enfrentan a varios riesgos sólo por convivir con nosotros, porque somos una especie nociva que crece egoísta y desproporcionadamente.

Ana María Ramírez

Los pájaros se enfrentan a varios riesgos sólo por convivir con nosotros, porque somos una especie nociva que crece egoísta y desproporcionadamente.

Hace un par de semanas tuve la muy buena fortuna de participar, más como observadora y anotadora, (hice las memorias del evento), en un taller de activismo creativo a cargo de la maravillosa Ishtar Lakani, una sudafricana que trabaja en la organización Sex Workers Education and Advocacy Task Force (SWEAT) y que se define como una rebelde. Como buena creativa, Ishtar empieza su charla inspirándonos. El activismo creativo trata de fusionar el arte y el activismo: aplicar la creatividad de manera táctica y estratégica para generar acciones más efectivas. Durante este momento de inspiración Ishtar nos mostró algunas iniciativas alrededor del mundo y un ejemplo, en particular, me motivó a escribir esta columna.

Estoy aquí” es una iniciativa muy sencilla de animalistas chilenos que consiste en amarrar un globo de helio a perros callejeros con mensajes como “Consiénteme”, “Tengo sed”, y simplemente esperar y registrar las reacciones de los transeúntes que se topan con ellos. El video es muy conmovedor, en general como buena “perruna” cualquier imagen de un perro logra cautivarme, sin embargo, la reflexión de Ishtar es que esta iniciativa logró “hacer visible lo invisible”. Sólo con unos globos se logró enfocar la atención en seres que, generalmente, pasarían desapercibidos y además llamar a la acción: las personas interactuaron efectivamente con los perros.

 

Esta columna, sin embargo, trata de seres todavía más chiquitos, quienes, por el crecimiento insostenible de las urbes, cada vez pasan más inadvertidos: los pájaros, específicamente los pájaros nativos.

En diciembre del año pasado estaba paseando a mi perrita. Ella, como todos los perros, es curiosa y se detiene a husmear todo. En la mitad del recorrido paró, me detuve con ella a detallar qué era lo que había atrapado su atención, en verdad puede ser casi cualquier cosa, y me di cuenta que era un pájaro bebé, MUY bebé, que se había caído de un árbol. Pensé que estaba muerto porque el árbol más cercano era uno muy muy alto, infinitamente en proporción al tamaño del pequeño pichón (un consejo, querido lector, si algún día se encuentra un pichón lo primero que hay que hacer es tratar de encontrar su nido y, en lo posible, devolverlo. No era mi caso). No obstante, el pájaro estaba vivo y, claro, no podía dejarlo a su suerte.

Tomé al pájaro, algo impresionada debo decir, y corrí a la casa de mi abuela (la más cercana). Googleé qué hacer y a partir de allí me convertí en su cuidadora por un par de semanas. Lo llamé Rubén (segundo consejo para el lector: no encariñarse con el pichón). Cuidé al pichón hasta que no pude tenerlo más, ya que tenía, al parecer, una pata rota y necesitaba cuidados que no sabía cómo resolver, finalmente es un animal silvestre. Así que por el consejo de una vecina “recoge pájaros” como yo, llevé a Rubén a la Unidad de Rescate y Rehabilitación de Animales Silvestres URRAS de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la Universidad Nacional. Este lugar se especializa en el manejo médico, nutricional y biológico de animales silvestres colombianos, objetos de tráfico ilegal y accidentes fortuitos.

Foto de Rubén.

Camilo Hernández, médico veterinario especializado en animales silvestres, me contó que los pájaros se enfrentan a varios riesgos sólo por convivir con nosotros, porque somos una especie nociva que crece egoísta y desproporcionadamente: dificultad de anidamiento porque cada vez hay menos flora y árboles nativos; riesgos de contraer enfermedades respiratorias como la antracosis pulmonar que disminuye la vida del ave en sus periodos de reproducción, entre muchos otros. En contraste, la función y contribución ambiental de estos pequeños es grande: los granívoros contribuyen con la dispersión de semillas, los insectívoros y rapaces son controladores de plagas, y los buitres y sus familias se hacen cargo de la carroña.  

Los pájaros son unas víctimas no tan silenciosas de la contaminación y la deforestación urbana, el alcalde de mi ciudad por “recuperar espacios públicos” ha talado la dolorosa cifra de 87.373 árboles en los últimos dos años. Cada uno de estos árboles talados era el hogar de una fauna silvestre que fue desplazada. Al percibir los accidentes “fortuitos” en Bogotá como sucesos “naturales” estamos restando importancia a la tala. Algunos hablan de cómo la mirla de tierra fría ataca otras aves y sus nidos por su extrema territorialidad, o como el chamón agrede los huevos o los pichones de otras especies para reemplazarlos por sus propios. Éste podría ser el caso de Rubén: ya que cuando hay menos árboles las aves son acorraladas en pocos lugares lo que incrementa la frecuencia de estas agresiones entre especies.

Estoy terminando de escribir esta columna muy temprano en el amanecer. Los primeros que se levantan a cantar son los pájaros y sólo los puede escuchar quien madruga con ellos. Antes de que el tráfico de la ciudad aplaste su canto. Quizás Rubén está cantando también.

De interés: Cambio climático

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