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César Rodríguez Garavito

Con la “ciencia de la atribución” la Corte Suprema de Justicia tendrá en sus manos las bases científicas más sólidas para decidir la tutela de los 25 jóvenes en los próximos días.

César Rodríguez Garavito

Con la “ciencia de la atribución” la Corte Suprema de Justicia tendrá en sus manos las bases científicas más sólidas para decidir la tutela de los 25 jóvenes en los próximos días.

El cambio climático es uno de esos problemas “endemoniadamente difíciles”, como llaman los científicos a los que tienen muchas causas y se agravan imperceptiblemente con cada minuto que pasa. Esto ayuda a explicar por qué, aunque conocemos los datos y las soluciones, los humanos seguimos quemando combustibles fósiles, tumbando bosques y avanzando hacia el abismo de los dos grados de calentamiento que pondría en peligro la vida sobre el planeta.

El problema más testarudo y complejo ha sido el de la responsabilidad: ¿quién responde por los daños del cambio climático? ¿Quién debe tomar las acciones y pagar las inversiones indispensables para detener el calentamiento y lidiar con los daños que ya son irreversibles? La respuesta fácil —y conveniente para los países y las empresas que viven del petróleo, el carbón y otras industrias contaminantes— es que como la responsabilidad es de todos, en últimas nadie tiene una responsabilidad especial.

Esa es la respuesta que controvierte una ola de litigios contra Estados y compañías, como la tutela que presentamos desde Dejusticia en nombre de 25 niños y jóvenes para pedirle al Gobierno colombiano cumplir la promesa que reforzó en la cumbre de París de 2015 contra el cambio climático: eliminar la deforestación neta en el Amazonas en el 2020. El caso se suma a 880 litigios que, según el Centro Sabin de la Universidad de Columbia, están exigiendo a los gobiernos cumplir sus promesas, o que están reclamando a empresas petroleras pagar los efectos sobre el clima que su actividad ha generado.

La ola de litigios viene de la mano de los últimos avances de la ciencia. La llamada “ciencia de la atribución” puede calcular qué tanto el calentamiento contribuye a eventos climáticos extremos y qué porcentaje de las emisiones de carbono está vinculado con actividades y actores específicos.

Por eso los jueces hoy cuentan con bases científicas más sólidas, como las tendrá la Corte Suprema de Justicia cuando decida la tutela de los 25 jóvenes en los próximos días. El Ideam ha documentado ampliamente el agravamiento y la urgencia de la deforestación, que quedó a la vista de todos con los incendios recientes en Guaviare y Caquetá.

El astrofísico James Hansen, exdirector de estudios espaciales de la NASA y autoridad mundial sobre cambio climático, le envió a la Corte un escrito que muestra el aporte de Colombia no solo al problema del calentamiento global, sino también a su posible solución. Frenar la deforestación mundial sería el remedio natural más eficaz. La contribución de Colombia, por la riqueza de sus bosques, “estaría entre las diez más altas del mundo… comparable con el de la reforestación en Estados Unidos o Rusia.”

De modo que la tutela de los niños y jóvenes no está pidiendo nada distinto a lo que aconsejan los últimos avances de la ciencia. Y lo que el Gobierno colombiano se comprometió a hacer ante la ciudadanía y la comunidad internacional: frenar el avance de la deforestación, antes de que sea demasiado tarde para la Amazonía y para el planeta.

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