#VenezuelaBienvenida

Irina Alejandra Junieles Acosta

reconfortan iniciativas ciudadanas como #VenezuelaBienvenida, que llaman a asumir la crisis en clave de derechos humanos, a abrir canales de conversación, análisis y acción para evitar que se consolide el rechazo social que comienza a aparecer contra los venezolanos.

Irina Alejandra Junieles Acosta

#VenezuelaBienvenida

Por: Irina Alejandra Junieles Acostamarzo 11, 2018

reconfortan iniciativas ciudadanas como #VenezuelaBienvenida, que llaman a asumir la crisis en clave de derechos humanos, a abrir canales de conversación, análisis y acción para evitar que se consolide el rechazo social que comienza a aparecer contra los venezolanos.

Es difícil encontrar en los pueblos y ciudades del Caribe colombiano una familia que no tenga una historia que le conecte con Venezuela. La migración a ese país en los 70 permitió la sobrevivencia o la movilidad social de mucha gente. En mi caso, mi madre terminó en el servicio doméstico de una casa caraqueña cuidando niños, y mi padre en una empresa lechera en el Táchira. Con las ganancias de dos años de trabajo duro, en los que mis hermanos y yo quedamos repartidos entre familiares, logramos superar la bancarrota familiar que produjo la pérdida del cultivo de algodón de mi padre, y nos reencontramos en Cartagena. Son muchas las historias como esta.

Los ochenta trajeron una fuerte crisis económica producto del declive del precio del petróleo que golpeó el bienestar de los venezolanos y desencadenó graves protestas populares. Con la crisis se instaló la inestabilidad institucional, luego las esperanzas de cambio de la Revolución Bolivariana, que gracias a un nuevo boom petrolero permitió proveer bienes y servicios (salud, educación) a vastos sectores excluidos que vivían en la pobreza. De la misma forma en que subieron, los precios del crudo cayeron estrepitosamente, ya en 2013 sin el protagonista del proceso revolucionario, Hugo Chávez.

Desde Colombia hemos asistido al drama en que se convirtió la historia reciente de Venezuela, al arrinconamiento gradual de su democracia, y al ascenso de Nicolás Maduro, convertido hoy en una figura caricaturesca y muy peligrosa, que militarizó la sociedad, cooptó todos los poderes y combate con violencia a la oposición. Por su parte, la crisis económica ha empujado a miles de venezolanos fuera de su país, como ocurrió con los miles de colombianos que en los 70 partieron a Venezuela.
El Gobierno nacional debe regular la atención de migrantes en necesidades básicas como salud y educación, y trabajar en alianza con los países vecinos para darle dimensión internacional a las soluciones. Los gobiernos locales tienen que generar acciones con criterio razonable y solidario, para enfrentar esta crisis que ya se siente en las calles de pueblos y ciudades. Tenemos un deber de reciprocidad con Venezuela.

Ad portas de las elecciones de Congreso y Presidencia los candidatos tienen una enorme responsabilidad. No deberíamos votar por carroñeros que hacen mal uso de la crisis de Venezuela, aprovechándose de ella para incentivar odios que pueden conducirnos a una espiral incontenible de violencia xenófoba.

Mientras tanto, reconfortan iniciativas ciudadanas como #VenezuelaBienvenida, que llaman a asumir la crisis en clave de derechos humanos, a abrir canales de conversación, análisis y acción para evitar que se consolide el rechazo social que comienza a aparecer contra los venezolanos. Los medios de comunicación y cada persona tenemos la responsabilidad de lograr que este periodo nos deje abrazados en la solidaridad.

 

Foto: Angélica María Cuevas

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