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MUCHOS ESTÁN PREOCUPADOS POR la suerte que pueda correr el actual orden internacional con la publicación, que hizo esta semana la organización Wikileaks, de miles de cables diplomáticos provenientes de los Estados Unidos.

MUCHOS ESTÁN PREOCUPADOS POR la suerte que pueda correr el actual orden internacional con la publicación, que hizo esta semana la organización Wikileaks, de miles de cables diplomáticos provenientes de los Estados Unidos.

MUCHOS ESTÁN PREOCUPADOS POR la suerte que pueda correr el actual orden internacional con la publicación, que hizo esta semana la organización Wikileaks, de miles de cables diplomáticos provenientes de los Estados Unidos.

La Secretaria de Estado Hillary Clinton dijo que se trataba no sólo de un robo sino también de un atentado contra la comunidad internacional. David Brooks, el columnista del New York Times, sostuvo que “el mundo ordenado y no caótico actual es el gran logro de nuestra civilización” y que las filtraciones son una amenaza contra ese logro.

El gobierno y los líderes de opinión en los Estados Unidos tienen sobradas razones para estar preocupados por la publicación de estos documentos. Pero me pregunto si no exageran cuando invocan la necesidad de proteger ese sistema internacional, el cual entienden como una comunidad de naciones o incluso como un gran logro de nuestra civilización.

¿Qué tan valioso es ese orden que los gringos quieren proteger?

Empecemos por decir que la democracia es un bien escaso en el mundo. Según un informe especial de la revista The Economist (2007) sólo 28 países gozan de un sistema democrático pleno; 54 tienen un sistema democrático imperfecto, 35 son “regímenes híbridos” y los demás, es decir 55, son regímenes autoritarios. Pero quizás en donde más se echa de menos la democracia es en el mismo sistema internacional. Los Estados, que son como los individuos de ese sistema, no forman parte de un orden democrático, no se relacionan en términos de igualdad, ni tienen un estatus similar al que tienen los ciudadanos en un Estado. Lo más paradójico es que los principales responsables de ese remedo de democracia que es el sistema internacional son los Estados más poderosos de la tierra, la mayoría de los cuales forman parte de ese grupo privilegiado de 28 democracias plenas. Como quien dice, las grandes potencias son democráticas en el interior de sus países, pero se comportan como regímenes híbridos o incluso autoritarios cuando actúan por fuera de sus fronteras.

Es cierto que Wikileaks utiliza medios dudosos para conseguir su información, que no existe claridad sobre la manera como dicha entidad obtiene sus fondos (ella misma no practica la transparencia que exige de los países) y que Julian Assange, su director, parece un tipo extraño, que se mueve sinuosamente entre el mundo legal y el ilegal. Todo eso puede ser cierto. Sin embargo, dada la falta de transparencia del orden internacional; dado el papel atrabiliario que juegan las grandes potencias y particularmente los Estados Unidos en ese orden (ahora menos que antes, pero nada garantiza que su pasado diplomático esté enterrado), las publicaciones de wikileaks pueden ser vistas como actos de resistencia legítima de los ciudadanos del mundo contra ese orden internacional (algo parecido es lo que hace Greenpeace).

Todo indica que estas publicaciones pueden lograr una mayor transparencia y como se dice hoy, un empoderamiento de la sociedad civil frente a las potencias mundiales. Ese efecto positivo puede ser más significativo que los daños que esas publicaciones puedan eventualmente causarle a la diplomacia internacional.

Me parece, en todo caso, que la reacción airada de los Estados Unidos contra Wikileaks (están incluso pensando en declararla organización terrorista), es una prueba más de que para ellos la protección del orden internacional es casi lo mismo que la defensa de su imagen ante el mundo.

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