El señor Rayón

El señor Rayón es un personaje curioso que apareció este semestre en el campus de la Universidad Nacional de Bogotá. Vestido de superhéroe y con una máscara antigás, su misión consistía en modificar los grafitis serios y conservadoramente revolucionarios que llenan las paredes de la llamada “Ciudad Blanca”.
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Las Farc y el pueblo

Ahora que en La Habana se discute sobre participación política, las Farc proponen refundar la estructura del Estado, armar un sistema político a partir de las organizaciones populares y refrendar todo ello en una asamblea constituyente
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Abogados sofisticados

En 1974 Marc Galanter escribió un artículo célebre sobre el funcionamiento de la justicia en los Estados Unidos, cuyo título en español podría ser algo así como ¿Por qué los ricos siempre salen ganando? En este texto, Galanter muestra cómo la suerte de un litigio depende menos de los jueces y de las leyes que de los abogados: mientras más ricos y prestigiosos son estos, más fácilmente ganan los pleitos.
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Tarifas de taxi

La semana pasada estuve en Cartagena, en compañía de un colega extranjero, asistiendo a un evento académico.
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Fe,moral y política

El señor Procurador de este país es conocido por sus enérgicas convicciones religiosas, las cuales, según dice, iluminan su vida pública y privada.
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Permisos judiciales

Como se sabe, la señora Ruth Marina Díaz, presidenta de la Corte Suprema, obtuvo permiso para irse de crucero por el Caribe en compañía de magistrados de tribunal que dependen de su voto para ingresar a la Corte Suprema.
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Ataques históricos al Pueblo Wiwa

El Estado debe actuar para romper el ciclo de ataques, abusos y amenazas del que ha sido víctima el pueblo Wiwa de la Sierra Nevada de Santa Marta.
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Política entre enemigos

En Colombia hay muchos protagonistas del debate político que consideran enemigos a los que no están con ellos. Un ejemplo perfecto de eso puede verse en las declaraciones que dio esta semana José Obdulio Gaviria sobre el general Naranjo y en las cuales sugiere que éste tiene vínculos con la delincuencia organizada.
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“Claro” despotismo

Hace unas tres décadas buena parte de los servicios públicos eran prestados por el Estado. Así ocurría con la salud, el correo y las telecomunicaciones. Cuando el servicio era malo (lo cual ocurría con frecuencia) la gente protestaba ante el gobierno y a veces, cuando las protestas eran muchas, el asunto se politizaba y era objeto de debate público. Esas protestas y esos debates condujeron, a la postre, a la privatización de esos servicios. Hoy, luego de varias décadas de experiencia con el nuevo modelo privado, las cosas no parecen haber mejorado sustancialmente. La voracidad rentística de los intereses privados y la débil capacidad del Estado para controlarlos han creado una situación que es similar a la anterior.
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