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¿Cómo vamos a diseñar la estrategia política para la paz?

Diana Isabel Güiza Gómez
mayo 21, 2016

Publicado en: Pacifista

Mucho se ha hablado en los últimos días del blindaje jurídico de los acuerdos de paz, que firmarán en los próximos días el gobierno colombiano y las Farc.

 

Mucho se ha hablado en los últimos días del blindaje jurídico de los acuerdos de paz, que firmarán en los próximos días el gobierno colombiano y las Farc. De hecho, las partes comunicaron, el pasado 12 de mayo, que los acuerdos de paz tendrán distintos cerrojos internacionales y nacionales. Con esas fórmulas se busca asegurar que los acuerdos se cumplirán, porque no son solamente declaraciones políticas, sino porque además de ellos derivan verdaderos deberes de obligatorio cumplimiento. Con esa esperanza puesta en el derecho, creemos que lograremos construir la paz estable y duradera.

Al mismo tiempo, distintos opositores al proceso de paz han alzado su voz para rechazar los avances de la Mesa de Conversaciones de La Habana y algunos de ellos han convocado a una “resistencia civil”. En este panorama, ¿basta con usar distintas figuras jurídicas para que los acuerdos “tomen vida” en una sociedad tan polarizada? Por supuesto que no. El éxito de la paz supone no sólo seguridad jurídica de lo pactado sino también, y principalmente, un proceso político de base, que incluye el respaldo popular. La paz es posible, en gran medida, si los ciudadanos creemos en ella y defendemos la forma específica de salir del conflicto adoptada con los acuerdos. Ese proceso político implica, entre otras cosas, ambientar la paz y permear su discurso en la cotidianidad de la sociedad, lo que es posible con estrategias sociales y políticas que sumen apoyos. Sin embargo, en Colombia poco han hecho el gobierno y las guerrillas con ese fin. Pero ¿cómo lograrlo? Si bien alcanzar un amplio respaldo en una sociedad tan polarizada como la nuestra no es fácil, resulta útil usar ciertas estrategias pedagógicas y mediáticas para apropiarnos del discurso de la paz. De ello son buen ejemplo Sudáfrica, Chile e Irlanda del Norte.


Cuando el gobierno de De Klerk y el Congreso Nacional Africano (CNA) se sentaron a negociar, el ambiente político no era del todo favorable y la sociedad estaba polarizada. Desde el anuncio del inicio de las negociaciones, el apoyo político al Partido Nacional (PN), que respaldaba la transición, se debilitó y, por su parte, el Partido Conservador (PC) tomó impulso político. Como respuesta, el 21 de febrero de 1992, De Klerk anunció que se consultaría solamente a los blancos, a través de un referendo, si apoyaban o no las negociaciones con el CNA. Los efectos del referendo eran serios y, en cierta medida, riesgosos: si ganaba el sí, el proceso de paz se fortalecería al apaciguar las tensiones políticas y ese ambiente político favorecería darle fin al apartheid; pero si ganaba el no, las consecuencias serían graves pues De Klerk había anunciado que renunciaría como presidente, por lo que de esa manera se cerraría, en el mediano plazo, la puerta de la paz. 

A pesar de esos importantes riesgos, Sudáfrica se la jugó por la paz con respaldo popular, lo que incluyó a los opositores: los blancos. Es por eso que el proceso de consulta a los blancos estuvo mediado por una amplia campaña que empezó más temprano que tarde. Distintas fueron las estrategias que se lanzaron para ganar votos por el sí y votos por el no. 

La campaña por el sí fue liderada por distintos actores e incluyó mensajes de todo tipo. Mandela aseguró, por ejemplo, que un gobierno dirigido por el CNA no reduciría los funcionarios públicos blancos y aquellos que fueran despedidos obtendrían algunos beneficios. Asimismo, grandes empresas sudafricanas mostraron que las negociaciones estaban generando oportunidades económicas que no podían ser desechadas votando por el no (Sunday Times, 8 de marzo de 1992) También circularon anuncios que mostraban los beneficios de la paz con frases como “el futuro está en sus manos” o “usted puede parar a este hombre” (seguido de una imagen de un hombre encapuchado y con un arma)    

La campaña por el no, por su parte, señalaba que, de permitirse la negociación del gobierno con el CNA, se instauraría una mayoría negra comunista que desconocería los derechos de los blancos. 

De esta manera, se ambientó políticamente la paz en Sudáfrica. El referendo obtuvo una importante respuesta positiva, pues el 68.7% de los blancos apoyaron la negociación. Con ese respaldo, el proceso de paz continuó su marcha que sería irreversible hasta llegar, en 1994, a la elección de Mandela como presidente y, en 1996, a la aprobación de una nueva Constitución.

Esta experiencia nos deja como lecciones que: la campaña por la paz no debe ser liderada solamente por el gobierno y los partidos políticos, sino también por otros actores, como líderes sociales y empresarios. Y el mensaje debe orientarse a toda la sociedad, incluidos los opositores.

La propaganda del fin de la dictadura chilena


En Chile, la salida de la dictadura de Pinochet también contó con respaldo popular. Aunque ese contexto es distinto al colombiano, pues allá se trataba de una dictadura y aquí estamos en un conflicto armado, la estrategia política chilena es relevante y nos deja buenos aprendizajes. 

La Constitución de 1980 fijó un período de transición, desde el 11 de marzo de 1981 (cuando entró en vigencia) hasta el fin del mandato de Pinochet el 11 de marzo de 1989. Para definir si Pinochet seguiría en el poder, debía realizarse un plebiscito que preguntara a los ciudadanos si estaban de acuerdo o no con que el actual presidente continuara gobernando. De ganar el sí, Pinochet continuaría en el poder y de ganar el no, iniciaría el desmonte de la dictadura. Los efectos de la votación eran importantes pero también existían riesgos. Como diría Eugenio Tironi, director de contenidos de la campaña del No, el gran adversario “no era Pinochet, sino el miedo. El miedo de salir, votar y demostrar su opción”. 

En la campaña, tanto la opción por el sí como la opción por el no, contaban con 15 minutos diarios en la televisión, para ganar votantes que respaldaran o rechazaran la posibilidad de tener a Pinochet en el poder hasta 1997. 

La propaganda del sí transmitió la idea de que, al caer el gobierno militar, el país se sumiría en el caos, el crecimiento económico sufriría un grave reverso y regresarían los temidos marxistas. Su mensaje central fue: “Sí, usted decide. Seguimos adelante o volvemos a la Unidad Popular”.

“Los mensajes innovadores pueden llevarnos más fácilmente a soñar la paz como posible”.

La propaganda por el no, retratada en una conocida película, apeló al sentimiento de esperanza con frases como “Sin odio. Sin violencia. Sin miedo. No más. Vote No”. Esta propaganda incluyó escenas que serían recordadas por la sociedad chilena, como aquella que presenta el relato de tortura de una mujer mayor, quien era la madre del ex futbolista Carlos Caszely.

En el plebiscito, el “No” ganó, con un 55.99%, al “Sí”, que obtuvo 44.01%. El gobierno de facto de Pinochet entonces fue derrocado por una vía democrática y el periodo de transición estuvo soportado en el pacto político de los chilenos expresado en el plebiscito. 

La principal enseñanza de esta experiencia es la creatividad. Los mensajes innovadores pueden llevarnos más fácilmente a soñar la paz como posible. 

La propaganda para la aprobación del Acuerdo de Viernes Santo en Irlanda del Norte 

En abril de 1998, los principales partidos de Irlanda del Norte firmaron el “Acuerdo de Belfast” o “Acuerdo de Viernes Santo”. De esa forma, se buscó poner punto final a un conflicto armado que enfrentaba a dos comunidades profundamente divididas: los republicanos (católicos) que querían unirse a Irlanda y los unionistas (protestantes) que apuntaban a mantener el vínculo con el Reino Unido. En ese contexto, el acuerdo de paz afrontó la oposición de los sectores más radicales del unionismo y del republicanismo. Es por ello que el acuerdo se sometió a referendo en la República de Irlanda y en Irlanda del Norte, el 22 de mayo de 1998. 

Las distintas campañas que se emprendieron se orientaron a generar apoyo o rechazo no sólo al proceso de paz en general, sino también al contenido puntual del acuerdo. Para esto último, los anuncios publicitarios enfatizaron en los contenidos del acuerdo de paz que impulsaban el voto por el sí y el voto por el no. 

“Es un derecho decir no” es el slogan de la campaña de la posición. Ese sector buscó aliados para rechazar el acuerdo de paz porque, en general, veía que existían otras vías mejores para consolidar la democracia en Irlanda del Norte.     

La campaña por el sí recurrió a diferentes estrategias para alentar un consenso por la paz, dar a conocer el contenido de los acuerdos y sumar aliados en el referendo. Esas medidas incluyeron, por ejemplo, enviar a cada ciudadano una copia del acuerdo de paz y un casete de VHS con razones a favor del acuerdo. Allí también participaron íconos musicales, como U2, y diversos sectores, como el obrero y las mujeres. 

La propaganda por la paz debe pasar de lo abstracto a lo concreto.

Finalmente, el acuerdo de paz recibió un decidido apoyo popular: 71% en Irlanda del Norte y 95% en la República de Irlanda. Este voto mayoritario a favor de la paz y del Acuerdo de Viernes Santo contribuyó a la implementación y cumplimiento de lo pactado.  

Esta experiencia nos deja tres aprendizajes. Primero, la propaganda por la paz debe pasar de lo abstracto a lo concreto. Hay mejores razones para convencer a los ciudadanos, si estos conocen que hay mayores beneficios puntuales en apostarle a la paz, que seguir en guerra. Segundo, el mensaje debe dirigirse a la audiencia según sus condiciones particulares y focalizarse por sectores. Tercero, hay que ser creativos. 

¿Y la propaganda del fin del conflicto colombiano? 

Aunque estamos próximos (o eso esperamos) a firmar uno de los más importantes pactos políticos de nuestra reciente historia, no hemos logrado ambientar social ni políticamente la paz. Los niveles de desconocimiento ciudadano de los acuerdos son altos, la polarización sigue en aumento y las estrategias políticas para sumar apoyos están ausentes. En la arena política de la paz, estamos cediendo terreno quienes apoyamos el proceso, simplemente por nuestra inacción. Pero, ¿cómo nos ponemos en acción? 

De las anteriores experiencias podemos identificar buenos aprendizajes. Por ahora, me aventuro a dar algunas ideas. Nuestra estrategia pedagógica y política de la paz debe basarse, por lo menos, en: pasar del discurso abstracto al concreto y entender la audiencia a la que se dirige. Me explico. El discurso de la paz debe permear nuestra vida social y, para ello, es útil mostrar, en lo concreto, cuál es la ventana de oportunidades que nos abre la etapa de posacuerdo. Y ese mensaje es más potente si se entiende la audiencia objeto. Una buena forma es adecuar el mensaje según la zona de residencia (rural o urbana), el sector social y la postura frente al proceso de paz (convencidos, indiferentes y opositores) Así, la estrategia en el sector urbano podría usar medios como la televisión o la internet; pero en el sector rural sería más conveniente apoyarse en las radios comunitarias y el periódico impreso. 

Es hora de que todos –no sólo las partes que están sentadas negociando- firmemos la paz. Y se nos está haciendo tarde para “ponernos la camiseta de la paz”.

Diana Isabel Güiza Gómez
dguiza@dejusticia.org
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