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Con mujeres así…

Helena Alviar García
octubre 5, 2008

Publicado en: Semana

Sarah Palin, candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos, puede ser la peor representante de las causas femeninas.

 

A finales de agosto, el candidato del partido republicano de los Estados Unidos, John McCain, anunció que su compañera de fórmula para llegar a la Presidencia de su país sería la actual gobernadora de Alaska, Sarah Palin. Hasta ese momento, McCain y su partido parecían estar destinados al fracaso electoral. Sin embargo, desde el momento que la incluyó, su campaña recibió un segundo aire.

Para algunos, la movida de los estrategas de la campaña fue brillante debido a que el gesto muestra un partido que se quiere renovar y aparecer mucho más igualitario que el demócrata. El mismo McCain hizo claro que el nombramiento era una señal para las mujeres norteamericanas: ‘Como padre de tres hijas, no puedo decirles lo orgulloso que me siento en este momento al elegir a la primera mujer como candidata a la vicepresidencia del partido republicano.’

No se debe olvidar que muchas mujeres que apoyaron a Hillary Clinton se sintieron defraudadas por el triunfo de Obama, lo vieron como un castigo a la causa feminista y han dicho que no votarán por él en las elecciones en noviembre. Por otra parte, al nombrar a una mujer que tiene cinco hijos y éxito profesional, estaba apoyando la idea que las mujeres pueden desempeñar altos cargos sin tener que dejar de lado sus obligaciones como madres y esposas.

Como lo he sostenido antes, el simple hecho de incluir una mujer en un cargo no es suficiente para mejorar la distribución de recursos entre hombres y mujeres dentro de cualquier sociedad. Es más, en algunos casos, como este, la mujer elegida puede significar un retroceso en lo que se ha logrado en redistribución hasta el momento. En otras palabras, para realmente combatir la inequidad de género no basta con poner mujeres en los altos cargos públicos, sino que debe tratarse de mujeres que defiendan la igualdad real de sus congéneres.

El caso de Sarah Palin ilustra lo perverso que puede resultar concentrar nuestros objetivos políticos en una definición estrecha de igualdad. La gobernadora de Alaska representa el ala más conservadora en temas sociales, políticos y económicos del partido republicano. Es miembro vitalicio del ‘National Rifle Association’, la organización ultra conservadora que promueve el derecho de los ciudadanos de portar armas; apoya la pena de muerte; defiende la enseñanza del ‘creacionismo’ (que sostiene como única verdad admisible que Dios creó el universo, tal y como lo conocemos ahora y rechaza la teoría de la evolución); se opone al matrimonio homosexual; como gobernadora de Alaska se enfrentó a un referendo para reformar la Constitución del Estado que otorgaba iguales beneficios en salud a parejas del mismo sexo y promovió la educación sexual basada únicamente en la abstinencia.

En los temas que específicamente afectan a las mujeres como el aborto, el acoso sexual y el derecho a exigir el mismo salario, Palin no podría ser una peor representante. Es partidaria de cambiar la jurisprudencia de Roe v Wade (la sentencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos que le otorgó a las mujeres el derecho a decidir), pues se opone vehementemente al aborto en casi todos los casos, incluyendo cuando el embarazo es producto de violación o de incesto. Como alcaldesa y gobernadora se opuso a diversas investigaciones por acoso sexual a sus empleadas y no cree que sea necesaria una ley en el nivel estatal que promueva la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

De esta forma, en el momento de apoyar a alguna persona para un cargo público, es esencial ir más allá de los argumentos superficiales que promueven la igualdad y debemos entender en detalle cuáles son las convicciones políticas de la persona, hombre o mujer, que se presenta. No es suficiente sólo ser mujer para ser la mejor defensora de la causa femenina.

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