Contrarreforma discriminatoria

El proyecto de contrarreforma política que avanza en el Congreso busca, entre otras cosas, desmontar la cuota que obliga a los partidos a conformar sus listas a corporaciones públicas (concejos municipales o el propio Congreso), con al menos un 30% de mujeres.


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El proyecto de contrarreforma política que avanza en el Congreso busca, entre otras cosas, desmontar la cuota que obliga a los partidos a conformar sus listas a corporaciones públicas (concejos municipales o el propio Congreso), con al menos un 30% de mujeres.

El argumento detrás de esta propuesta es sorprendente: no hay mujeres que puedan representar a los partidos, porque “no están capacitadas” o porque “no les interesa participar”. Y aunque este mensaje es popular en un sector del Congreso, y es compartido por el Gobierno, lo cierto es que desconoce la realidad del país.

Las mujeres si están capacitadas. Han alcanzado niveles de formación académica incluso mayores a los de los hombres. De hecho, el Censo de 2005 revela que hay más mujeres profesionales que hombres y que en niveles de maestría y doctorado tienen los mismos porcentajes de participación.

Algunos dirán que este no es un argumento suficiente, pues para ser político no hay que haber estudiado (y ejemplos abundan). Pues bien, a pesar de las diversas formas de discriminación que enfrentan las mujeres en el ámbito laboral, han ganado espacios importantes tanto en el sector público como privado. Así, además de formación, miles de mujeres cuentan con experiencia en el manejo de asuntos de gran responsabilidad.

Además, a las mujeres sí les interesa participar. Negarlo desconoce que ha aumentado de manera significativa su liderazgo en procesos sociales y comunitarios, involucrándose cada vez más en asuntos públicos. Prueba de ello es la conformación de un número importante de organizaciones de mujeres, con fuertes liderazgos en las regiones, y la creación de cerca de 300 Consejos Comunitarios de Mujeres en todo el territorio nacional. Si esto no indica que hay mujeres con liderazgo e interés en participar, entonces ¿qué lo probaría?

El desmonte de la cuota se basa entonces en argumentos poco sólidos. Por eso, vale la pena preguntarse, si efectivamente hay mujeres y están participando desde lo local y cada vez con mayor proyección nacional ¿por qué entonces tanta preocupación? ¿Por qué los partidos creen que no llegarán a cumplir con el 30%? La respuesta solo puede estar, precisamente, en el problema que la cuota se proponía corregir: la discriminación que enfrentan las mujeres en los espacios de participación política.

La desigualdad entre hombres y mujeres en el acceso a cargos de elección pública es evidente en todos los niveles. Algunas cifras son reveladoras: aunque las mujeres constituyen el 51.2% de la población y cerca del 52% de los electores que efectivamente asisten a las urnas, actualmente sólo ocupan el 14% de los escaños en los concejos, el 17% en las asambleas departamentales y el 14% del Congreso. Por eso, la medida aprobada en diciembre pretende promover las condiciones para que las mujeres puedan participar más equitativamente en política.

Quitarle eficacia a la cuota, reproduce la discriminación existente, y además desaprovecha una oportunidad importante para promover la igualdad de hombres y mujeres en materia de participación política.

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