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De un cacho, pero de un hilo

Rodrigo Uprimny Yepes
octubre 16, 2016

Publicado en: El Espectador

Nuestra coyuntura es dramática: la solución pacífica de nuestro conflicto armado está de un cacho… pero también pende de un hilo.

 

La paz está de un cacho pues hay un acuerdo firmado con las Farc que ha recibido el respaldo de la mitad de los votantes en el plebiscito y de la comunidad internacional. Pero eso no es todo: los voceros del No han declarado que apoyan la paz negociada y que se trata es de mejorar el acuerdo; el cese del fuego con las Farc se ha mantenido, lo cual ya ha ahorrado muchas vidas; el mando militar apoya firmemente el proceso; El Eln está entrando en serio en la negociación; los principales empresarios y una fuerte y creciente movilización social en las calles coinciden en la necesidad de un acuerdo rápido. Nunca antes habíamos estado tan cerca de lograr la solución política de nuestra guerra.

Pero la paz pende de un hilo pues el estrecho triunfo del No en el plebiscito nos ha puesto en una situación delicadísima. Esta votación obliga a ajustar el acuerdo, a fin de construir un pacto político y social que haga viable la paz con las Farc. Pero no es claro qué puntos requieren ser ajustados pues las razones por las que los ciudadanos votaron No son diversas y sus voceros han planteado posiciones distintas. Algunas de ellas son bastante razonables y dan optimismo, pero otras, como las presentadas por el Centro Democrático, son mucho más extremas y generan dudas sobre su real voluntad de paz.

No será pues fácil construir en un tiempo corto el requerido pacto social y político por la paz y esto pone en peligro el proceso con las Farc, pues es muy difícil mantener por mucho tiempo y sin incidentes trágicos un cese del fuego con un grupo armado irregular. Y un eventual fracaso del proceso con las Farc arrastraría muy probablemente el proceso con el Eln.

Estamos pues en una coyuntura crítica o bifurcación, que es aquel momento en que una sociedad puede tomar caminos muy diversos: podemos seguir atrapados en la guerra por muchos años, o podríamos avanzar decisivamente hacia la paz en las próximas semanas.

Esta coyuntura crítica nos impone a todos grandeza y enormes exigencias. Las responsabilidad del Gobierno, de las Farc y de los actores políticos son obvias, por lo que en esta columna quisiera concentrarme en las nuestras, las de los ciudadanos. Y creo que tenemos al menos dos: mantener la movilización en las calles por un “acuerdo ya” para presionar a los actores políticos y a las Farc a lograr un ajuste rápido del acuerdo. Y buscar todos los espacios posibles (académicos, sociales, etc.) para que quienes se abstuvieron y quienes votaron por el Sí y por el No podamos encontrarnos, conversar y comprometernos, en nombre de una paz posible, pero en alto riesgo, a acentuar nuestras afinidades, sin desconocer nuestras diferencias. Y ahí la propuesta de Eduardo Cifuentes de recurrir a los cabildos abiertos, aunque tiene limitaciones y riesgos, es prometedora, como intento explicarlo en mi blog en La Silla Vacía.

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