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Discusiones urgentes

Carlos Andrés Baquero Díaz
agosto 24, 2016

Publicado en: Semana.com

¿Cuándo podremos pasar de la noticia del día a la discusión urgente?

 

En los últimos días hemos vivido dos eventos que llenaron la discusión nacional, comenzando por las primeras planas de los medios de comunicación, las conversaciones de cafetería y los almuerzos familiares. Por un lado, las “cartillas” del Ministerio de Educación, desataron uno de los ataques más violentos en contra de la comunidad LGBTI. Muchas personas tomaron un lado y como en un partido esperaron a ver cuál era la parte que ganaba la disputa. Después, con la magia de la chiva y el nacionalismo, la conversación mutó a los records deportivos y la cantidad de medallas de la delegación colombiana.

Creo que estos eventos políticos muestran un patrón dentro del debate público que es perjudicial. En vez de entrar a la discusión urgente nos quedamos en los hechos, los individuos, el tuit y no sobre lo que está detrás o encima de la noticia. Llamémoslo por su nombre. El caso de las cartillas es una discusión sobre homofobia, sobre el odio que mata, que excluye otras formas de amar y de vivir el cuerpo. Por su lado, la cobertura y las reacciones en torno a las medallas en los juegos olímpicos, muestran una cara del racismo y la discriminación de la que es víctima parte de la población negra. Son un ejemplo de la naturalidad con que aceptamos socialmente que mientras las delegaciones deportivas tienen una gran representación de personas afrodescendientes, no ocurre lo mismo en otras esferas sociales como las juntas de las empresas o los empleos del Estado.

En el caso de las cartillas se encuentra uno de los debates más importantes que podemos dar como sociedad. Esta es una oportunidad fundamental para que reconozcamos que hay personas con opciones sexuales diferentes que están siendo constantemente excluidas y que en muchas ocasiones el miedo y la represión es tan alta que los ha llevado a la muerte.

En vez de cerrar la discusión con la vara mágica del silencio y el retiro de los documentos del Ministerio de Educación, deberíamos seguir conversando sobre esto y actuando para prevenir exclusiones y muertes. Podríamos, por ejemplo, ver el tipo de sociedad que se proyectó en los mensajes que salieron en las movilizaciones de “Yo apoyo la familia” y de la comunidad LGBTI. Mientras en la primera las ideas de exclusión y opresión estaban a la mano, en la segunda los mensajes de cariño estaban presentes. Las propuestas se debaten entre una sociedad que decide por otros a quién debemos amar y otra en la que cada una de las personas podemos amar libremente. Mientras en una de las marchas se hablaba de exclusión, en la otra el mensaje era por la compañía. Con toda razón, en la movilización del miércoles 17, Alba Reyes ofreció sus brazos para abrazar a todas las personas que alguna vez nos hemos sentido solas.

En las noticias de los Olímpicos también podríamos ir más allá de los podios. Sobre racismo nos preguntamos con menos frecuencia, razón por la cual se considera como normal que antes de hablar del desempeño de los deportistas los llamamos por su raza, como lo muestra Mariluz Barragán en su columna de Letra Prieta. Esta es una gran oportunidad para analizar las razones de los pactos sociales que llevan a que una persona afro esté con mayor facilidad en un equipo de fútbol o en una contienda de pesas. Mi pregunta, claro, no subestima el esfuerzo y la importancia de los deportistas. Por el contrario, la pregunta es por qué esa sobrerrepresentación en otras esferas es negativa. Por ejemplo, cuando las personas afro buscan trabajo y tienen menos posibilidades que una persona mestiza para obtenerlo o cuando se analizan los datos y se muestra que la población afro es la más afectada por el desplazamiento forzado. El racismo, del que no hablamos, es tan alto que hasta los patrones de belleza tienen una carga racial.

Creo que el debate sobre la homofobia y el racismo es el inminente. Más allá de lo que pasará con las cartillas de las escuelas o la cuenta de medallas, podríamos aprovechar estos dos momentos para tener esas discusiones urgentes. Las que no podemos seguir aplazando si queremos vivir en una sociedad plural, en la que todas y todos seamos iguales.

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