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El drama de las elecciones en Perú

Juan Fernando Jaramillo
mayo 13, 2006

Publicado en: Semana

Las elecciones en Perú destacan las carencias del sistema de partidos en ese país y la importancia de la reforma política colombiana de 2003, que persigue fortalecer y democratizar los partidos políticos.

 

El día 4 de junio se realizará la segunda vuelta para las elecciones presidenciales en Perú. Para un altísimo número de peruanos, la elección constituye un verdadero drama, pues se reducirá a tratar de evitar el mal mayor.

La situación peruana destaca cuán importante es fortalecer y democratizar los partidos políticos, tal como se pretendió en Colombia con la reforma política de 2003.

Luego de la primera vuelta, estaba claro que el candidato más votado era Ollanta Humala, quien obtuvo el 30,62% de los votos. Después de varios días de incertidumbre, se definió que el segundo candidato será Alan García, quien alcanzó el 24,33% de los votos.
El problema es que los dos candidatos que se enfrentarán en la segunda vuelta generan muchos reparos. Alan García gobernó a Perú entre 1985 y 1990, un período que fue calificado por todos como desastroso. Durante su gobierno, Perú vivió una crisis económica y una hiperinflación sin par; Sendero Luminoso y el Movimiento Tupac Amarú incrementaron sus acciones; y se produjeron distintos escándalos de corrupción y sonadas violaciones a los derechos humanos (como el asesinato de cientos de senderistas presos en las cárceles de El Frontón). El resultado de ello fue que después de su presidencia, el Apra, su partido, que cuenta con una amplísima tradición, casi que desapareció del mapa. Si en 1985 García obtuvo el 53,1% de los votos en las elecciones presidenciales, en 1990 el candidato del Apra alcanzó el 22,5%, en 1995 solamente llegó al 4,1% y en 2000 apenas logró el 1,4%. Por eso, es también tan asombroso el repunte del Apra, que ya en 2001 había alcanzado el 25,8% de los votos en la primera vuelta, y el 46,9% en la segunda ?también con García como candidato?.

Las dudas con respecto a Humala son también muchas. Hace algunos meses, el informativo de televisión Panorama publicó una serie de denuncias en las que lo responsabilizan de violaciones a los derechos humanos (asesinatos y desapariciones), en 1992, cuando era jefe de una base contraguerrillera. Los medios denunciaron, así mismo, que muchos de sus candidatos al Congreso, y uno de sus candidatos a la vicepresidencia, tenían procesos penales en contra. Su doctrina ?etnocacerista? genera también muchos interrogantes. Así, se tienen dudas acerca de su compromiso con la democracia y el Estado de derecho, en razón de su visión militarista de la sociedad y la política. Igualmente, genera inquietudes su planteamiento acerca de la reivindicación de la ?raza cobriza?, por cuanto éste podría implicar una nueva forma de racismo en Perú. Y, finalmente, se afirma que sus ideas nacionalistas podrían revivir los conflictos con Ecuador y Chile y crear otros con otros países.

Como están las cosas, lo más probable es que se imponga García en la segunda vuelta, pues incluso sus oponentes más radicales del pasado ?como Vargas Llosa o Gustavo Gorriti? están llamando a votar por él, para evitar que Humala ascienda al poder.

Lo cierto es que lo que ocurre en Perú es un verdadero drama. Y es una calamidad que se repite desde hace varios años, con Fujimori, con Toledo y ahora con Humala. Porque, ¿es acaso recomendable un sistema político en el que personas completamente desconocidas llegan al poder sin demostrar ninguna experiencia de gobierno, sin contar con un partido que los respalde y sin que nadie sepa a ciencia cierta cuáles son sus convicciones y actitudes acerca del gobierno y de su relación con los ciudadanos? Y ¿se puede entender que un partido como el Apra no haya sido capaz de renovarse y presentar nuevos líderes políticos, y haya recurrido nuevamente a una persona cuyo gobierno fue descalificado unánimemente?

La raíz de todo el problema se encuentra en las carencias del sistema de partidos en Perú, y en la incapacidad de los partidos para mostrar que el régimen democrático puede ofrecer resultados en la lucha contra la pobreza y la desigualdad ?y contra la exclusión social y la racial?. Los votantes consideran que los partidos y los políticos no cumplen con su deber de representar los intereses y necesidades de los ciudadanos, sino que están al servicio de unos pocos ?y de ellos mismos?.

Para manifestar su descontento, los ciudadanos votan por aquellos que atacan a la clase política tradicional. Pero su voto constituye una verdadera ruleta rusa, por cuanto nada saben sobre esos candidatos y sobre lo que harán una vez lleguen al gobierno. Todo indica que la experiencia de Fujimori no ha sido asimilada. El hecho mismo de que la hija de Fujimori lograra el mayor número de votos preferenciales para el Congreso arroja muchas preguntas.

Por eso, insisto en que la experiencia peruana ?y la que se vive en otros países andinos? nos confirma la necesidad de fortalecer y democratizar los partidos políticos. De allí que sea tan importante la reforma política colombiana de 2003 y que sea necesario velar para que sus propósitos se vuelvan realidad.

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