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El Museo Nacional de la Memoria, un deber moral

Ana María Ramírez
febrero 2, 2016

Publicado en: Global Rights Blog

Para leer esta entrada en inglés haga clic acá.“Este es un proceso de construcción permanente de memoria. Estos son los pedazos de ladrillo que trajimos para la construcción de esta, nuestra memoria. Este barro doloroso será transformado, y seremos fortalecidos en la unidad de nuestros sueños.”(Referencia al Salón del Nunca Más, Granada, Antioquia)

 

Un acto violento contra una persona o un colectivo implica la imposición moral del victimario sobre la víctima. En este sentido, el victimario despoja a la víctima de su humanidad e impone un orden moral propio que justifica su accionar violento. El impacto sobre una víctima está cargado, además de la evidente violencia física, de significados simbólicos: “One reason we so deeply resent moral injuries done to us is not simply that they hurt us in some tangible or sensible way; it is because such injuries are also messages- symbolic communications.” (“Una razón por la que las lesiones morales nos afectan tan profundamente no es simplemente porque nos hacen daño de alguna manera tangible o sensible; es porque este tipo de lesiones también son mensajes- comunicaciones simbólicas.”) (Murphy; 1990: 25) Así, el restablecimiento de la humanidad, la reconstrucción de la moral que fue destruida, y el proceso de resarcimiento a quienes padecieron el dolor de la acción violenta, solo serán una realidad una vez se materialice el reconocimiento de esa humanidad que fue negada por la violencia.

En medio de un proceso de transición de una situación de conflicto a un escenario de paz, la reparación a las víctimas debe contemplar, además de la dimensión material, el carácter simbólico. Es así como se prioriza el reconocimiento y el respeto por la víctima, y ocurren alternativas institucionales para reconstruir la memoria histórica. Sin embargo, además de una labor y un deber institucional por reconstruir los hechos de violencia, existe un compromiso tácito con las víctimas de promover los ejercicios de construcción de relatos y las diferentes representaciones de conmemoración que surgen de las comunidades afectadas por la violencia. 

Como sociedad, existe el deber moral de recordar los hechos de violencia. En términos de Gómez Iza: “La proclamación de este deber de memoria nos hace preguntarnos si quizás no esté emergiendo también como corolario necesario de todo ello un derecho de las víctimas, de la sociedad y, en ciertos casos, de toda la humanidad” (Gómez, s.f., p. 39).

Sobre todo, es necesario tener en cuenta las funciones de la memoria histórica con respecto al proceso mismo de la justicia transicional: la memoria se convierte en un medio para exaltar y dar conocer las diferentes voces de las víctimas, además de reivindicar las historias y los relatos de aquellos que han sufrido la violencia. Es por eso que se debe poder construir una historia alternativa de los abusos del pasado, dando prioridad a los testimonios de las víctimas. 

En el mundo existen muchos lugares que tienen como objeto recordar los hechos dolorosos del pasado como el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Chile) y el Espacio Memoria y Derechos Humanos (Argentina). La experiencia más reciente y cercana al caso colombiano es el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social inaugurado en Lima, Perú en diciembre de 2015. Éste, afirma Ponciano del Pino, es un “espacio vivo, para el recogimiento, la reflexión y el análisis que contribuy[e] a la formación de una ciudadanía que respet[a] los derechos humanos y cuestion[a] la persistencia de la exclusión, la discriminación y la intolerancia en nuestra sociedad” (del Pino; 2014).

En 2011, con la expedición de la Ley de Víctimas (Ley 1448 / 2011), la cual tiene el objetivo de reparar integralmente a las víctimas del conflicto armado colombiano, se incluyeron medidas en el componente de memoria, como la creación del Museo Nacional de la Memoria Histórica. El gran reto para el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), entidad encargada de diseñar y construir este espacio, está en poder hacer del Museo un lugar representativo de las víctimas del conflicto y reflexivo para la sociedad. 

Los lugares de memoria son definidos por el CNMH como “la dimensión espacial de la memoria y la ubicación física del acto del recuerdo”. Frente al Museo Nacional de la Memoria Histórica, el Centro afirma que, además de la construcción física, este espacio requiere de la construcción social la cual implica procesos de diálogo, reflexión y participación directa de las víctimas para el diseño y creación de dicho espacio. En esta medida, el éxito de este lugar de memoria depende de su capacidad de representar las diferentes voces del conflicto armado.

Es necesario preguntarse entonces cómo se vincularán las iniciativas de memoria de las víctimas en el guion y concepto museográfico. Entendiendo que: “Pese a las condiciones adversas de una guerra prolongada como la colombiana, diversas comunidades, grupos e individuos se han dado a la tarea de realizar ejercicios de memoria de los hechos de violencia. Estos se expresan en formas diversas: en producciones culturales y documentales (…); a través de prácticas artísticas (…); en prácticas socioculturales y de tradición oral (…); en la construcción de lugares de memoria  (…); en diferentes acciones performativas (…); y particularmente en rituales conmemorativos”. (CNMH; 2015; 387)*. En Colombia hay muchos actores haciendo memoria, sin embargo para la construcción de los contenidos, el Museo debe dar prioridad al enfoque reparador y a la participación efectiva de las víctimas.

A continuación, enumero algunos de los muchos ejemplos de lugares de memoria, museos comunitarios y monumentos que han surgido con el fin de conmemorar a las víctimas del conflicto armado y recordar los hechos de violencia: 

Salón del Nunca Más (Granada, Antioquia). Fuente: CNMH.

Centro de Memoria del Conflicto (Valledupar, Cesar). Fuente: CNMH.

Casa de la Memoria del Pacífico Nariñense (Tumaco, Nariño)

Parque Monumento en Trujillo (Trujillo, Valle del Cauca). Fuente: Eje21.

Los esfuerzos de construcción de memoria son muy importantes para remediar la moral de una comunidad afectada por la violencia. Por eso las instituciones deben apoyar el fortalecimiento de las iniciativas locales de memoria y la sociedad debe adoptarlos. Además, es importante la vinculación efectiva de las autoridades y funcionarios locales con el fin de articular los lugares de memoria a mecanismos institucionales, no transicionales, para así garantizar su permanencia y pertinencia en el tiempo. 

*El CNMH se ha dedicado a buscar iniciativas y ejercicios de memoria histórica a lo largo y ancho del territorio colombiano. Para consultar el registro, haga click aquí

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