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El otro país paisa

Mauricio García Villegas
junio 14, 2014

Publicado en: El Espectador

En la pasada vuelta electoral, Óscar Iván Zuluaga ganó en casi todo el territorio que va desde Cartago hasta Caucasia y desde la cordillera central hasta la cumbre de la cordillera occidental.

 

Ese pedazo de Colombia se conoce como el País Paisa y allí viven casi diez millones de personas unidas por una fuerte identidad cultural.

Durante los últimos quince años la suerte política de esta región ha estado marcada por la figura de Álvaro Uribe Vélez y lo ha estado de tal manera que mucha gente cree (sobre todo los jóvenes) que la identidad cultural de su región está íntimamente conectada con los valores y con el pensamiento de este líder político. Pero eso no es del todo cierto; el País Paisa también tiene otra versión de su identidad cultural, con otros valores y otros líderes. Hoy, en víspera de elecciones, quizás valga la pena recordar esa otra versión, opacada por el uribismo.

La historia de Antioquia se inicia a finales del siglo XVIII cuando la gente pobre, a falta de haciendas en donde trabajar, empezó a buscar sustento sacando oro de los ríos. Mientras en el resto del país (salvo en la zona cundiboyacense) los campesinos vivían casi como esclavos en las grandes plantaciones, en Antioquia trabajaban por su cuenta y como a muchos les iba bien, ponían tiendas y se volvían comerciantes. Por eso, para proteger sus negocios y su libertad, se mantuvieron casi al margen de las guerras civiles.
De ahí viene la época gloriosa de Antioquia, que va desde mediados del siglo XIX hasta los años treintas del siglo XX. La gran mayoría de los gobernantes de este período, desde Pedro Justo Berrío hasta Pedro Nel Ospina, pasando por Carlos E. Restrepo, eran conservadores moderados que creían en el progreso, la educación y los bienes públicos. En esta época se crearon la Universidad de Antioquia, la Escuela de Minas, la Sociedad de Mejoras Públicas, el ferrocarril, la economía cafetera y la industria textil, todo ello acompañado por un desarrollo cultural importante liderado por una casta de intelectuales, entre los que estaban Tomás Carrasquilla, Fidel Cano y León de Greiff.

Pero la historia paisa también tiene su lado oscuro. Los defensores de la educación y las libertades se enfrentaron a una ralea de retrógrados anticomunistas (monseñor Miguel Ángel Builes, Gilberto Alzate Avendaño, Gonzalo Restrepo Jaramillo, Juan Zuleta Ferrer, etc.) que defendían el statu quo y se oponían con furor a todas las ideas que no fueran las suyas. De otra parte, la codicia y la falta de un Estado fuerte que reprimiera a los tramposos propiciaron una sofisticada cultura de la viveza y la bribonería (a mediados del XIX, con el auge del oro, muchos vendieron minas inexistentes a compradores europeos que querían invertir en Antioquia). De ahí también viene esa afición paisa por los pleitos legales embaucadores y por ganar batallas en el papel sellado, como decía Juan de Dios Restrepo. Este lado oscuro se hizo aún más visible cuando llegaron La Violencia, la urbanización, la crisis de la industria y, peor aun, el narcotráfico.

Estas dos versiones paisas no siempre son tan claras como aquí digo. Con frecuencia se mezclan y se esconden detrás de rasgos culturales compartidos. Pero existen y viven en una tensión permanente.
Álvaro Uribe y Óscar Iván Zuluaga son herederos sofisticados de la versión oscura, autoritaria e ignorantona del País Paisa. En las elecciones de mañana podremos impedir que le impongan su ley de hierro a toda la nación. Si lo logramos, es posible que esa Antioquia extendida vuelva por los fueros que hace un siglo la hicieron grande y próspera.

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