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El reto olímpico de Abrão

Nelson Camilo Sánchez León
agosto 6, 2016

Publicado en: El Espectador

En unos días se posesionará como nuevo secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el jurista brasileño Paulo Abrão. Una buena noticia para la región pues su experiencia será fundamental para enfrentar los múltiples retos que tiene dicho organismo.

 

La CIDH tiene una tarea incómoda por naturaleza. Para defender los derechos humanos debe hablarles fuerte y claro a los Estados de las Américas cuando estos no se comportan a la altura de sus obligaciones. Obviamente, a ninguno le ha gustado y probablemente nunca le gustará que esto pase, independientemente de la filiación ideológica de los gobiernos de turno.

La mejor arma con la que cuenta un órgano como este para defender su independencia es la legitimidad, que se gana demostrando probidad e imparcialidad. La CIDH ha dado muchas muestras de estas cualidades, pero esta es una tarea que se renueva todos los días. Especialmente en tiempos como los que corren, cuando más ataques se reciben.

No olvidemos que la CIDH pasa por una crisis financiera severa. Su predecesor le deja a Abrão una secretaría rota y en bancarrota. Casi la mitad del personal tendrá que abandonar sus puestos si no recibe fondos adicionales de acá a noviembre. Los gobiernos de la región ya mostraron que no tienen interés de hacer algo serio. Pese a la dramática situación, la gran mayoría no ha hecho nada y los otros se han lavado las manos dando contribuciones minúsculas que no atienden el problema.

En este contexto Abrão tiene que moverse rápido en varios frentes. El primero es interno. Como es de esperarse, la incertidumbre que genera una crisis de esta magnitud ha impactado en la moral del personal. Es necesario recomponer las relaciones internas para enfrentar estos retos en equipo, con un objetivo común y en un ambiente de transparencia y confianza.

En esa misma línea, desde hace ya tiempo se ha hecho evidente que la CIDH requiere una verdadera reestructuración que fortalezca sus procesos internos, que le permita, frente a sus fortalezas y limitaciones, darle una respuesta segura a quienes tanto esperan de ella. Esto no solo significa hacer los procesos internos más eficientes, sino tomar decisiones sobre prioridades y sobre qué se puede hacer y qué no. Una esperanza de justicia vacía tras años de espera resulta más perjudicial que una decisión negativa pero pronta. No son decisiones fáciles, pero deben ser tomadas.

En cómo hacerlo está un reto adicional que enfrenta un órgano colegiado como la CIDH. Los siete comisionados elegidos por los Estados son en últimas quienes toman las decisiones. A la Secretaría Ejecutiva le corresponde tender puentes entre ellos y brindar apoyo técnico para que lo hagan de manera informada y expedita, empezando por la adopción de un plan estratégico genuino que le permita —y nos permita— saber cuáles son las apuestas de este órgano para la protección de los derechos humanos en los años que vienen.

Sin un plan concreto y realista se hará más difícil responder a las críticas —muchas infundadas— de una serie de grupos de presión y Estados. También hará más complejo el trabajo de recaudación de los fondos que requiere el invaluable trabajo en derechos humanos que realiza la CIDH.

Enfrentar las urgencias pensando en el largo plazo. Ese es el reto de Abrão: correr a la velocidad de un sprinter, pero guardando fuerza y ánimo como si se tratara de un fondista en maratón. Hago fuerza por varios oros. La región los necesita.

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