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Elemental, mi querido Watson

Rodrigo Uprimny Yepes
septiembre 30, 2012

Publicado en: El Espectador

No entiendo por qué la Corte Constitucional se ha demorado tanto en decidir favorablemente la adopción reclamada por las madres lesbianas de Medellín.

 

No entiendo por qué la Corte Constitucional se ha demorado tanto en decidir favorablemente la adopción reclamada por las madres lesbianas de Medellín.

Digo esto porque si la Corte es coherente con sus precedentes, como debe serlo, y toma en cuenta la abrumadora evidencia científica sobre el tema, como también debe hacerlo, la decisión es una simple deducción lógica: es legítima la adopción por parejas del mismo sexo. Veámoslo.
Las premisas normativas del razonamiento son claras: i) la adopción existe para que un niño o niña sin familia logre una familia o, como en el caso de Medellín, para que el hijo de uno de los integrantes de una pareja pueda ser adoptado por su compañero o compañera permanente; ii) la Corte aclaró en la sentencia C-577 de 2011 que las parejas del mismo sexo forman una familia constitucionalmente protegida; iii) en Colombia, desde hace décadas, las parejas heterosexuales pueden adoptar, estén o no casadas; iv) el Código de la Infancia y la Adolescencia, en su artículo 68, señala que podrán adoptar “conjuntamente los compañeros permanentes”, sin hablar de parejas heterosexuales, lo cual sugiere que legalmente la adopción igualitaria está autorizada; y v) conforme a la Corte, es discriminatorio que, sin una poderosísima justificación, la ley o las autoridades priven a una pareja del mismo sexo de una posibilidad reconocida a una pareja heterosexual.
Esas premisas normativas parecen conducir a las siguientes conclusiones: todo menor tiene derecho a que una de las posibles familias que lo adopte sea una pareja del mismo sexo, y a este tipo de parejas debe serles permitida la adopción.
La única posibilidad de rechazar esas conclusiones es que hubiera una evidencia clara de que la adopción por parejas del mismo sexo causa daños al adoptado, pues si así fuera, en nombre del interés superior del menor, habría que prohibir la adopción igualitaria. Pero, y aquí entra la premisa fáctica, ese reparo es falso: las personas criadas por parejas o personas homosexuales no tienen más problemas de desarrollo psicológico o social que aquellas criadas por parejas heterosexuales.
Una prueba contundente de esa tesis es el estudio Lesbian and Gay Parenting de la Asociación Americana de Psicología, que cité en una columna previa, y que demuestra que no hay ninguna evidencia de que sea perturbador para el desarrollo de un niño o niña ser criado por un individuo o pareja homosexual. En Colombia, universidades muy serias, como la Nacional, los Andes o la Javeriana, han llegado a conclusiones similares.
Entonces, como diría Sherlock Holmes, “este caso es elemental, mi querido Watson”: la Corte no puede sino permitir la adopción por parejas del mismo sexo. Y debe entonces fallar a favor de las madres de Medellín.
Por eso mismo, este caso es también un test decisivo para evaluar si el nuevo magistrado Guerrero, a quien conozco y respeto, es realmente un juez imparcial (como yo creo que es), que respeta los precedentes de la Corte (como lo prometió en su discurso ante el Senado), y no un guerrero del moralismo que antepone sus convicciones personales a lo ordenado por la Constitución.

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