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¿En nombre del Islam?

Mauricio Albarracín
noviembre 25, 2015

El Islam no es responsable del terrorismo fundamentalista ni de los crímenes de guerra que ha cometido el Estado Islámico.

 

El Islam se basa en la misericordia. No en vano las primeras palabras del Corán son: “¡En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso!”. Este es el mensaje de la carta de un grupo de 150 académicos islámicos de todo el mundo al líder del autoproclamado grupo terrorista que controla parte de Siria e Irak (ver la versión en español de la carta).

La carta abierta concluye: “vosotros habéis malinterpretado el Islam convirtiéndolo en la religión de la severidad, la brutalidad, la tortura y el asesinato”. Y dice además: “vosotros le habéis dado al mundo un palo con el cual golpear el Islam, siendo que en realidad el Islam es completamente inocente de los actos que cometéis y los prohíbe”. La carta de los académicos está debidamente fundamentada en las fuentes teológicas y jurídicas del Islam y resume sus planteamientos en 22 prohibiciones. Sin ser un experto en el Islam y con el mayor respeto que merece de mi parte esta tradición, me gustaría compartir algunas de las reflexiones de la carta porque ayudan a desestigmatizar a nuestros hermanos musulmanes.

El principio fundamental de la carta mencionada es la prohibición del Islam de simplificar excesivamente la Shari’ah (ley canónica del Islam o ley islámica). Como bien lo recuerdan los académicos, cuando debe estudiarse una cuestión en el Islam, se deben considerar todos los elementos contenidos en las fuentes y ciencias jurídicas. Por tanto, no es posible usar fragmentos inconexos y acomodados del Corán, o seleccionar las partes del Corán que se quieren cumplir, ni tampoco es dado tergiversar las palabras. Además, como ocurre en la lectura de la Biblia en la tradición cristiana, deben interpretarse los pasajes alegóricos según su contexto y tradición. Es por ello que aquellos que emiten opiniones jurídicas en el Islam (jurisprudencia) deben conocer bien la lengua árabe, la sintaxis, el análisis y la intuición legal. En el Islam, como en nuestra tradición jurídica, la interpretación es un proceso racional que atiende a los textos, el análisis de distintas fuentes, la tradición y el contexto en el cual se produce un texto y en el cual se está interpretando. De hecho, en el Islam, la controversia y diferencia de opinión es muy usual como puede evidenciarse en las distintas escuelas y diversidad dentro de esta tradición cultural.

En el Islam, el asesinato de un alma está prohibido. El Corán dice: “Quien mate un alma… será como si hubiese matado a toda la humanidad. Y aquel que salve una vida será como si hubiese salvado la vida de toda la humanidad” (Al-Ma’idah, “La mesa”, 5:13). Esta formulación coránica tiene un aire de familia con otras reglas éticas tanto religiosas como laicas. Así, por ejemplo, el imperativo categórico de Kant en una de sus formulaciones se expresa: “Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”. En el fondo, Kant nos advierte que en cada acción se juega la moralidad de toda la humanidad, una buena coincidencia con el Islam.

El Islam prohíbe matar inocentes, matar emisarios (como periodistas o trabajadores humanitarios), maltratar a los cristianos, restablecer la esclavitud, forzar la conversión, negar los derechos de las mujeres y de los niños, así como la práctica de la tortura. Incluso, en el Islam existen reglas para hacer la guerra y tratar a los prisioneros con dignidad, algo similar al derecho internacional humanitario. Todas estas prohibiciones las ha violado el Estado Islámico. Por ello, lo que hacen no se puede hacer en el nombre del Islam ni de los musulmanes.

Sin duda, se puede discrepar del Islam y de muchas de sus reglas prácticas. De hecho, no estoy de acuerdo con la forma como son tratada las mujeres ni gays, lesbianas, bisexuales y trans por muchas de las versiones del Islam. Pero algo muy distinto es acusar el Islam como una causa del terrorismo fundamentalista. El grupo terrorista “Estado Islámico” sufre de una de las peores patologías de la religión: el fundamentalismo, para usar una expresión del Papa Benedicto XVI. La inmensa mayoría de musulmanes se alejan de ese peligroso dogmatismo y son personas pacíficas que siguen las palabras del profeta: “Sed amables, y guardaos la violencia y el lenguaje soez” (Narrado por Al-Bujari en Kitâb al-Adab, no. 6030).

 

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