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The Constituent Assembly convened by Maduro does not seek to forge a pact between opposing forces, but seeks to crush the opposition through an antidemocratic mechanism, which is also unconstitutional. The international community and even authentic Chavismo should oppose it.

The Constituent Assembly convened by Maduro does not seek to forge a pact between opposing forces, but seeks to crush the opposition through an antidemocratic mechanism, which is also unconstitutional. The international community and even authentic Chavismo should oppose it.

A Constituent Assembly (CA) can help overcome difficult crises if it succeeds in having the main social and political forces in a country reach an agreement on the principles and rules of the game to handle conflicts peacefully.

There are many successful examples: the Italian CA, which gave rise to the Charter of 1947, which still exists; The Spanish CA, which allowed the transition from Franco to democracy, or our CA of 1991, which at a dramatic turning point and through consensus, produced a Constitution that continues to have broad support. But the CA summoned by Maduro does not have that virtue, because it does not seek a pact between the opposing forces, but it tries to crush the opposition through an antidemocratic mechanism, which is also unconstitutional.

 

Esa AC es antidemocrática, pues un tercio de los constituyentes no será elegido por voto popular y secreto, como corresponde en las democracias, sino por “sectores sociales”, en donde predominan las organizaciones maduristas. Los otros dos tercios son electos popularmente, pero con reglas amañadas: aquellas regiones dominadas por el madurismo tendrán, proporcionalmente a su población, más representantes que aquellas zonas en donde la oposición es fuerte. No habría ninguna sorpresa: sería una AC dominada por Maduro, a pesar de que Maduro no ganaría hoy ninguna elección popular, y por ello suspendió las elecciones regionales, que debieron ocurrir hace meses.

Esa AC es además un fraude a la Constitución. Maduro elude los procedimientos normales de “enmienda” o “reforma” constitucional, pues tendría que pasar por la Asamblea Nacional, controlada por la oposición. Y por ello recurre a un procedimiento extraordinario, que es la AC. Pero el presidente no puede convocarla directamente, sino que tan sólo tiene la iniciativa para comenzar el proceso. La convocatoria misma de la AC corresponde al pueblo, según el artículo 347 del texto venezolano, y por ello la ciudadanía debe aprobar, por un referendo o algún mecanismo semejante, la convocatoria y la composición de la AC. Pero Maduro desconoció esa exigencia, para lo cual contó con el aval de su sumisa y vergonzosa Sala Constitucional. Y ahora, para maquillar un poco la cosa, anuncia que la nueva Constitución sería sometida a referendo. Pero es una distracción: la AC, una vez electa, es soberana y puede tomar la decisión que quiera al respecto.

La mayor paradoja es que esta AC es además doblemente antichavista: primero, porque acabaría con la Constitución de 1999, que es el principal legado de Chávez. Y segundo, porque distorsiona a Chávez, quien defendió que las constituciones se legitimaban por voto democrático directo. Y por ello no sólo la convocatoria de la AC de 1999 fue aprobada por referendo, sino que sus representantes fueron electos populares y el texto final también fue aprobado por referendo. Todo eso lo desconoce Maduro.

La comunidad internacional e incluso el chavismo auténtico deben oponerse a esta inmadura AC, que agravaría la crisis venezolana y destruiría lo poco que queda de democracia en ese país.

Of interest: Venezuela

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