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Según la Fundación para la Libertad de Prensa en Colombia —Flip—, en Cundinamarca sobreviven 179 medios de comunicación en 63 de sus 116 municipios. El 24% de la población vive en localidades en las que no existe ningún medio que produzca noticias locales. | Ilustraciones: Yeraldina Márquez

Entre desfinanciación, pandemia y nuevas plataformas, las radios comunitarias de Bogotá y Soacha buscan su rumbo

Estas emisoras se plantean nuevas estrategias para sobrevivir, no solo a la recesión económica, sino también al llamado urgente de la reconversión tecnológica. En el Día del Periodista hacemos un repaso por su historia.

Por: Daniela Jiménez GonzálezFebruary 9, 2022

En la misma mesa en la que se emite el noticiero cada mañana, y en la que tras la llegada de la pandemia se apiñaron cuentas de cobro, facturas por pagar y hasta anuncios de despido, también sobrevive el mapa preciso de las historias y memorias de Soacha, ese municipio de Cundinamarca en el que Radio Rumbo ha transmitido por más de ocho años desde el dial 107.4 FM.

Pocos conocen tan bien a Soacha como su emisora comunitaria, que ha llegado hasta cada barrio a rastrear rumores o noticias, a veces para emitir los anuncios de las 6:00 a.m, de la mano del cura de la parroquia o del presidente de la Junta de Acción Comunal. Llegaban hasta cada barrio para estar más cerca de los vecinos y montaban un estudio improvisado, con equipos trasteados y reconectados desde un salón social o una cancha de fútbol.

Antes de la pandemia, que casi hizo clausurar las operaciones de Radio Rumbo, que puso los saldos en rojo y que los obligó a encerrarse en casa, los vecinos de Soacha se sumaban a las transmisiones con pan o con tinto y, por supuesto, también con historias: desde Radio Rumbo se contaba y se transmitía ese nuevo semillero para los jóvenes o ese otro curso que se estaría impartiendo en un colegio del municipio. Llegaban también, como cuenta Yeimy Sánchez, directora de la emisora, las personas que buscaban trabajo o que necesitaban ayuda para reparar sus casas, que ya no daban tregua por el desgaste. Esas, las historias de tantas vidas, encuentran en Radio Rumbo un oído atento y una conversación.

Según la Fundación para la Libertad de Prensa en Colombia —Flip—, en Cundinamarca sobreviven 179 medios de comunicación en 63 de sus 116 municipios. El 24% de la población vive en localidades en las que no existe ningún medio que produzca noticias locales. No es una tarea sencilla y se ejerce en medio de precariedades y vacíos. Sólo en 19 de los 166 municipios, precisa la Flip en su informe de Cartografías de la información, los habitantes tienen una oferta con suficiente información local. El 31% de los medios no tienen ningún tipo de vinculación para sus periodistas.

En Soacha aún existen nueve medios locales, entre impresos, digitales y televisión, pero solo una emisora: Radio Rumbo. Con la pandemia y sus ingresos económicos seriamente reducidos, sus voluntarios trasladaron su operación hasta sus casas. Pero solo pudieron seguir participando aquellos que tenían buena señal de internet, así que la parrilla de programación también se vio perjudicada.

Una situación similar vive Vientos Stéreo, 94.4 FM, una estación de radio comunitaria con enfoque popular del sur de Bogotá. Catalina Navas Farfán, colaboradora desde hace ocho años en esta emisora, cuenta que durante la pandemia era usual recorrer las localidades en las que antes investigaban para sus reportajes y encontrar trapos rojos en cada esquina. Los comerciantes dejaron de pautar e, incluso, algunos de los invitados habituales de diversos programas radiales escribían para manifestar que no tenían nada para comer.

Navas es abogada y se sumó a Vientos Stéreo junto a un grupo de jóvenes de cuatro localidades del Sur: Usme, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe y Tunjuelito. Así, precisamente, bautizaron el programa radial que emiten los miércoles de cada semana: El Sur Somos Todos. Lo han sostenido a punta de rifas y hasta venta de lechona a domicilio. Su señal llega a las localidades de San Cristóbal, Usme, Ciudad Bolívar, Tunjuelito, Rafael Uribe Uribe, Antonio Nariño, Mártires, Bosa y Kennedy.

Con una parrilla semanal, Vientos Stéreo cubre temas de educación, actualidad, medio ambiente, cultura, salud y derechos humanos, en programas como Alegría en mi Rancho, Vientos Informativos, Polifonía Juvenil, Recuerdos al Viento, Territorio Verde y el informativo dirigido por Navas y su equipo. “Tenemos algo que llamamos Abogado al Barrio, una sección en la que, de manera gratuita y voluntaria, vamos a los barrios de esas localidades y hacemos servicio jurídico a las comunidades”, agrega Navas.

Al igual que Vientos Stéreo, la parrilla de programación de Radio Rumbo explora en temáticas relacionadas con educación, medio ambiente y coyunturas, un trabajo posible gracias a un equipo de planta de 10 personas vinculadas (entre director de noticias, reporteros, productor, control master y sonidista). En su mayoría, el equipo está compuesto por profesionales en Comunicación Social.

Otros miembros de la comunidad que aportan en la construcción de esta parrilla, con programas ocasionales, son voluntarios. Algunos de sus programas insignia son Soacha Educación en movimiento, Orientación en tu casa y Contacto Comunitario.

Sin embargo, como ya lo han precisado entidades como la Flip y los mismos directivos de estas emisoras comunitarias, la pandemia solo agravó un problema que ha sido evidente durante más de una década: la desfinanciación y el abandono estatal frena cada vez más el crecimiento de las radios locales, forzadas a reducir en personal y en ambiciones.

Aguantar pese a la falta de recursos

Antes de la pandemia la recesión económica ya era evidente, como explica Yeimy Sánchez, pero no tan grave. Como sucede en Vientos Stéreo, Radio Rumbo se mantiene avante a través de la venta de cuñas de publicidad, así como ocasionales donaciones por parte de organizaciones de la sociedad civil. Tras la emergencia sanitaria, sin embargo, no hubo pauta. Permanecieron dos meses sin ningún ingreso y tuvieron que sortear estos saldos en rojo por medio de donaciones y de un préstamo con una empresa privada.

Nunca ha sido fácil y los apoyos estatales, según Sánchez y Navas, van por lo mínimo. “La alcaldía municipal muchas veces saca presupuesto para la publicidad, para medios, pero ellos prefieren a los medios nacionales en vez de a los medios acá, los comunitarios”, apunta Yeimy, y agrega que mientras una cuña publicitaria corta se vende por $5.000 en las radios comunitarias, a nivel comercial puede ascender hasta los $40.000.  “Esa es la gran brecha que hay para pautar entre las emisoras comunitarias y las comerciales”.

Alexánder Vera, periodista de Radio Rumbo, explica que con la pandemia hubo una disminución de casi el 40% en la pauta proveniente de las empresas. “Ahora estamos en una fase de recuperación, nuevamente consiguiendo fuentes de ingreso y otros clientes”.

Pero, a pesar de la baja en ingresos, los gastos se sostienen y aumentan, entre los que figuran los egresos de nómina, el mantenimiento de equipos y las renovaciones de contrato con Sayco y Acinpro —la entidad encargada de recaudar las percepciones pecuniarias provenientes de la autorización para la comunicación pública de la música, con una deducción cercana a los $200.000 mensuales—. En estas circunstancias, en Radio Rumbo fue necesario hacer un despido. “Emocionalmente me dio como embarrada tener que decirle a un colaborador que no podíamos continuar con él por el tema de la pandemia”, menciona Yeimy.

Luis Gabriel Prado, director de producción de Vientos Estéreo, relata que “la emisora cuesta más mantenerla que, a veces, lo que entra de pauta. Estamos recuperándonos, buscando si podemos presentarnos a alguna convocatoria”. 

En Vientos Stereo, explica Navas, “la poca pauta que teníamos era de comerciantes de la zona y, con la pandemia, muchos negocios cerraron y dejaron de pautar”. La premisa de permanecer al aire se mantuvo con el esfuerzo de aquellos colaboradores que tuvieron que migrar a otras plataformas porque no podían ir a la sede por protocolos de bioseguridad. “Hubo un momento muy grave. Tuvimos que pasar el sombrero y solicitar fondos con concejales, civiles y empresarios”, indica Navas.

Antes de la pandemia, durante la administración del exalcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, Vientos Stereo debió clausurar su noticiero, llamado Vientos Informativo, aunque fuese su programa principal. No tenían fondos para costearlo. “Entonces la emisora se mantenía poniendo música”.

Para recaudar fondos, Vientos Stéreo organizaba fiestas con presentaciones en vivo. La pandemia, por supuesto, frenó esas actividades y los sumió en la parálisis durante los cuatro primeros meses de 2020, entre marzo y julio.  

María Jacinta Lizarazo, colaboradora de Vientos Stéreo, explica que las emisoras comunitarias sufren de una desatención estatal frontal y peligrosa para su supervivencia. “Al gobierno le importan muy poco las emisoras comunitarias, en la pandemia prefieren aportar a las empresas privadas que a este tipo de medios. En Bogotá, donde hay tanta competencia de medios, es aún más duro. La gente que trabaja en Vientos Estéreo ha hecho allí su proyecto de vida. Pero, aún así, los directivos están pensando en dar un paso al costado”. Y, entonces, concluye: “Es urgente una política pública para las radios comunitarias. Nos dan tres pesos para la pauta del todo el año como si fuera una millonada”.

La ilusión de un futuro

A pesar de las dificultades, y de las amenazas totales de clausura, las radios comunitarias de Cundinamarca quieren apostar por un futuro en el que la operación de este tipo de noticieros locales no solo sea posible, sino imprescindible para las comunidades.

Para lograr esto, apunta Yeimy, son urgentes las capacitaciones dirigidas a las radios que los orienten en cómo participar en convocatorias públicas del Ministerio de Cultura o en otros modelos de financiación provenientes del Estado. Las emisoras comunitarias, dice, saben poco de formulación de proyectos. En 2020, Radio Rumbo se presentó a tres de estas convocatorias: fueron rechazados dos veces y solo ganaron una.

Catalina Navas enfatiza en que, si bien las emisoras comunitarias hacen trabajo en los barrios y buscan garantizar la permanencia constante de los ciudadanos en la parrilla de programación, las desigualdades y las brechas de acceso a la tecnología y a equipos aún son abismales: “Incluso a una vez entrevistamos a una señora que fue imposible grabarla, porque esa señora yo no sé con cuántas personas vivía en la casa, era la gritería de los niños, la de los adultos, música al lado. Entonces no había tampoco las condiciones como para tener una conversación con ella, porque había mucha contaminación auditiva, no había una asesoría”.

Por eso, concluye, la capacitación en nuevas tecnologías es crucial, pero también el apoyo del Estado, aún tan ausente, en la ruta de la reconversión y la renovación de los equipos que comienzan a quedarse obsoletos. “Lo segundo es que creo que hay que combinar la creatividad y la fuerza de la juventud con la experiencia de fe de los viejos”, concluye Navas, que insiste en que volver la mirada a las radios comunitarias parte por garantizar el acceso, que la radio no sea un reflejo de lo anticuado, sino, como ha sido siempre, un espacio de conversación que no cesa.

*Vientos Estéreo y Radio Rumbo hacen parte del grupo de ocho emisoras comunitarias  y líderes sociales que participaron en Onda Líderes, un proyecto con el que el Dejusticia busca responder a dos preguntas: ¿qué pasa con el relato de los medios comunitarios sobre el liderazgo social?, ¿qué pueden hacer desde sus espacios para prevenir los riesgos a los que se enfrentan los defensores?

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